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Una imagen vale más con mil palabras

'La libertad guiando al pueblo', Eugene Delacroix, 1830.

La historia del arte y la historia, a secas, son dos disciplinas inseparables. ¿Cómo comprender la Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, sin la Revolución francesa y el consiguiente triunfo del liberalismo? ¿O cómo explicar la exaltación religiosa en la confusión de los estertores de la Edad Media sin obras tan prolijas y reveladoras como El jardín de las delicias, de El Bosco? Convencidos en esa idea, el experto en la primera materia Francisco Calvo Serraller y el especialista en la segunda Juan Pablo Fusi Aizpurúa han aunado fuerzas y saberes para alumbrar Historia del mundo y del arte en Occidente (Siglos XII a XXI), un volumen que, aseguran, les ha costado años poner en pie, y que acaba de ser editado por Galaxia Gutenberg.

Ambos académicos, reunidos en el Museo del Prado, que este miércoles celebraba precisamente el 195 aniversario de su apertura allá por 1819, quisieron ante todo dejar claro un concepto: las obras de arte,n su mayoría pinturas, que han seleccionado, no son representaciones de hechos históricos relevantes al modo de, por ejemplo, La carga de los mamelucos de Goya, en la que el genio aragonés recreó la batalla que tuvo lugar en la madrileña Puerta del Sol el 2 de mayo de 1808. “Por eso la estructura del libro no es capítulo-cuadro”, explicó Fusi, “sino que a veces hay un capítulo y tres cuadros, otras veces reaparecen textos…".

'El jardín de las delicias', de El Bosco. 

El volumen se divide, más concretamente, en 30 capítulos que abarcan desde el siglo XII hasta el XX y los albores de esta nueva centuria. A partir de cada imagen seleccionada por Calvo Serraller, Fusi ha creado textos en los que analiza el periodo histórico en el que esa ilustración se enmarca. A estos se unen otros escritos redactados por el historiador del arte, en los que ahonda en las pinturas y las relaciona con la porción de la historia descrita por su colega, ya que ambos son académicos. 

Este es, de hecho, solo uno de los varios libros que han pergeñado ambos autores en pareja. Ambos lo califican de “enlace” con otro título anterior, El espejo del tiempo. La historia y el arte de España, en el que realizaban una similar labor de correlación entre sus respectivas disciplinas, aunque en aquel caso concentrándose únicamente en este país. “Pero este es más exigente y complejo”, apuntó Fusi, “y la perspectiva se ha invertido desde el punto de partida, que en esta ocasión es la selección de cuadros, a los que se superpone la propuesta de los temas que arropan esos cuadros”.

En esta Historia del mundo y del arte en Occidente, su alcance abarca, como el nombre bien indica, la totalidad del mundo occidental, para el que marcan como uno de los arranques posibles de su cultura común el triunfo del cristianismo, producido en el siglo XII. El final lo han marcado en el recién expirado siglo XX, que define a su vez el declive de la modernidad, con sus profundas crisis intelectual y moral. “Este tipo de historia no es siempre el que uno puede hacer”, se lamentó Fusi, que se dijo habitualmente requerido por los medios para hablar sobre la historia reciente, de la que “cada vez hay menos que decir”. “Esta me resulta más atractiva y exigente, más exquisita y refinada que el tipo de historia política del siglo XX”.

'Betsabé en el baño con la carta de David', de Rembrandt.

Abrimos el libro, por azar, en el capítulo 12, titulado El pensamiento moderno. El cuadro seleccionado es Betsabé en el baño con la carta de David, pintado por Rembrandt en 1654. La figura representa a la esposa del bíblico rey desnuda y sentada con las piernas cruzadas, la mirada perdida y en la mano, una hoja de papel. A sus pies, una mujer le lava. Más allá, en una lectura más profunda, la obra habla del cambio sustancial de la creencia en dios a la creencia en la razón que se dio en aquel siglo XVII. “Filósofos, médicos, científicos, ensayistas, fueron apropiándose, frente a la teología, de los debates en torno al pensamiento”, explican en las páginas, “como si tras la Reforma, las guerras francesas de religión y la guerra de los Treinta Años al hombre no le bastase ya la fe para salvarse, o por lo menos para entenderse a sí mismo”.

Que hayan escogido, salvo muy contadas excepciones, solo pinturas, haciendo caso omiso de otras disciplinas del arte como la escultura o las propuestas multimedia, tan representativas del siglo XX, tiene que ver antes que nada, como señaló Calvo Serraller, con la imposibilidad de abarcar todo. “También porque una imagen aporta mucha más información, es más fecundo trabajar con imágenes, aunque sí hay alusiones constantes a otras disciplinas”, detalló, a lo que Fusi añadió que “hay cosas que se citan mejor que otras: por ejemplo, el cine se cita muy mal, porque tienes que hacer alusión a imágenes que no ve el lector, si bien, por ejemplo, en el apartado del Barroco, no deja de aparecer (el escultor) Bernini”.

“Mientras que la historia tiene una misión, que es ser un registro notarial de lo acaecido”, quiso agregar Calvo Serraller, “la historia del arte se permite una excursión más amplia a través de la imaginación para analizar lo que no conocemos del pasado. Y en conjunto, ambas visiones se hacen plenas para mantener viva la memoria del pasado”.

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