8M | DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

El feminismo da la batalla por contener la ofensiva reaccionaria y dinamitar la machosfera

Una mujer durante la manifestación del Movimiento Feminista de Madrid, el 8M de 2025.

Asistimos hoy a un "poderoso contraataque a los derechos de las mujeres, una reacción que intenta reducir a la nada el puñado de pequeñas victorias duramente ganadas por las mujeres gracias al feminismo". Las palabras pertenecen a la periodista Susan Faludi y las escribió hace más de treinta años. Con este análisis que se convertiría en un lúcido manual premonitorio, abría su libro Backlash. La reacción ultra contra el avance del feminismo (1991), un ensayo que pone negro sobre blanco al avance reaccionario que hoy vuelve a amenazar a los derechos de las mujeres. 

Mirar al pasado

Si bien la tesis de Faludi se enmarca en el contexto estadounidense de finales del siglo pasado, lo cierto es que su análisis es extensivo al momento actual y una lección sobre la ciclicidad de la reacción ultra al movimiento feminista. Precisamente partiendo de esa mirada histórica trabaja Teresa María Ortega, catedrática de Historia Contemporánea por la Universidad de Granada y autora de Hasta aquí hemos llegado. Una historia del antifeminismo en España (Cátedra, 2026). 

En conversación telefónica, la historiadora plantea el peligro de haber naturalizado el discurso antifeminista que liga los avances en materia de igualdad a un malestar crónico para la población en general. "¿Estamos ante un fenómeno nuevo? ¿Se trata de una reacción coyuntural propia de nuestro tiempo o es una realidad que tiene raíces?", se pregunta la autora. Las conclusiones, asiente, son claras: "El antifeminismo no es una anomalía contemporánea ni una excentricidad, sino que responde a una corriente histórica persistente que ha acompañado siempre a los avances feministas".

Su continuidad en el tiempo, con momentos de mayor auge, no significa que siempre tenga el mismo rostro, asiente la historiadora. "Hay un antifeminismo explícito que grita, deroga derechos y se nutre de discursos agresivos, muy presente durante el primer tercio del siglo pasado", apostilla, pero también existe un antifeminismo "más sutil, más invisible" y que se apoya en una "redefinición discursiva". Esa vertiente "ya no habla de destruir leyes, sino que convive con el derecho a la igualdad" pero empieza a introducir cambios de calado, como la infradotación presupuestaria a las políticas de igualdad o la sustitución narrativa de la violencia machista por la intrafamiliar, expone Ortega. Este antifeminismo empezó a echar raíces durante la Transición y la actual democracia. Y es, en realidad, "tan peligroso como el otro".

Andrea G. Galarreta, investigadora y coautora del libro Criptoprofetas. Hipermasculinidad y nueva derecha (Seriecero, 2026), sostiene que la otra cara de "las lógicas neoliberales –es decir, las reiteradas crisis económicas, la precariedad laboral, la imposibilidad de acceder a la vivienda– es que generan ansiedades sociales que sin duda la derecha alternativa está intentando capitalizar". Y en ese contexto, prosigue Paula C. Chang, investigadora y coautora del mismo libro, "la hipermasculinidad se construye única y exclusivamente reaccionando de forma cada vez más hiperbólica, violenta y autocomplaciente a todo lo que pone en cuestión la democracia que construyeron los hombres". 

Jóvenes y ofensiva reaccionaria

Con ese telón de fondo, todas las miradas se sitúan sobre un estrato social concreto: los jóvenes. Un informe elaborado por Javier Carbonell, director de Future Policy Lab y analista político del European Policy Centre (EPC), concluye que el desplazamiento general hacia la derecha en el caso de los hombres jóvenes es "lo suficientemente sustancial como para permitir una generalización: como grupo, los hombres jóvenes se sitúan ahora a la derecha". No obstante, añade, en el caso de las mujeres existe "una minoría significativa" que también se "inclina hacia la derecha". 

En varios países europeos, reza el informe, la tendencia hacia la izquierda entre las mujeres jóvenes "se ha ralentizado y, en algunos casos, ha comenzado a revertirse". También en España: el giro progresista se aceleró entre 2016 y 2021, precisamente coincidiendo con las grandes movilizaciones feministas, pero a partir de 2022 "esta trayectoria se ha estancado y ha comenzado a moverse en la dirección opuesta". Este cambio de tendencia "también es visible en las actitudes hacia el feminismo", pues precisamente desde el mismo año la autoidentificación como feministas "ha disminuido en todos los grupos de edad y género, incluso entre las mujeres jóvenes". Además, advierte el mismo estudio, "el apoyo a la lucha por la igualdad de género ha disminuido entre todos los jóvenes entre 2019 y 2023".

El Barómetro Juventud y Género de 2025, publicado por Fad Juventud, también muestra un descenso progresivo del sentir feminista entre los jóvenes desde el año 2021. Hoy, el 46,1% de los jóvenes no se considera feminista y el 49,2% percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política. Otra encuesta de Ipsos publicada este jueves señala que el 49% de los españoles creen que la igualdad implica discriminación hacia los hombres, una percepción mayoritaria entre los más jóvenes y entre los varones.

"Un golpe anticipado"

Para Ortega, una de las claves del avance ultra está precisamente en la desmemoria. "Los jóvenes muchas veces no tienen referentes de las luchas por la igualdad y ese desconocimiento les lleva a abrazar mensajes que vinculan la violencia machista con un invento ideológico, por eso es tan importante el conocimiento de la historia".

Además de la desmemoria, Galarreta identifica la desafección y la incertidumbre como condiciones de posibilidad hacia la deriva reaccionaria. "Uno de los puntos clave es entender la insolvencia existencial a la que nos empujan las lógicas neoliberales como principal ansiedad contemporánea", expone. Y en el caso de los varones, "la falta de referentes de masculinidades habitables como identidad política, hace de cualquier crisis económica, social y cultural un duelo todavía más complicado a gestionar".

Susan Faludi introduce en su ensayo una advertencia premonitoria: cuando un "número récord" de mujeres jóvenes apoyaba los objetivos feministas y "la mayoría de las mujeres se autodenominaban feministas", entonces los medios "anunciaron el advenimiento de una jovencísima generación posfeminista que, supuestamente, rechazaba el movimiento feminista". Pero la reacción antifeminista, escribe, "no se desencadenó porque las mujeres hubieran conseguido plena igualdad con los hombres, sino porque parecía posible que llegaran a conseguirla. Es un golpe anticipado que detiene a las mujeres mucho antes de que lleguen a la meta".

La disputa de las redes

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Las redes sociales se han configurado como espacios clave para la difusión de esos mensajes. El trabajo Machoesfera, discursos de odio y algoritmización de la esfera pública, firmado por María Ávila Bravo-Villasante, investigadora en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, evidencia que "el nuevo antifeminismo destaca por ser un discurso que encuentra una amplia repercusión entre los públicos afectivos descritos por las propias dinámicas inherentes a la algoritmización de la vida pública" y cuya novedad radica "en el uso de las nuevas tecnologías, en la digitalización de las narrativas reaccionarias y la amplia repercusión que pueden alcanzar en los públicos afectivos".

El informe Violencia digital contra las mujeres, elaborado por el Ministerio de Igualdad, alerta sobre "un fenómeno estructural" que se articula "a través de la manosfera" y que se amplifica "mediante algoritmos que premian la polarización". 

La pregunta es obligada: ¿son las redes todavía un espacio en disputa? ¿Puede el feminismo reapropiarse de esa trinchera? Chang se reconoce pesimista: "Internet es un territorio que en la actualidad se encuentra colonizado, conquistado y violentado", asiente. La cuestión, entonces, pasa por preguntarse "cómo hablar desde el feminismo utilizando medios que propician lo contrario". Y aunque Galarreta coincide en que internet es hoy un terreno "masculinizado, donde la espectacularización de la violencia y el odio está a la orden del día", también cree que es lugar "para lo colectivo". O al menos, puntualiza, ese es el objetivo irrenunciable del feminismo y los movimientos sociales.

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