La negociación PP-Vox lleva a Extremadura a una parálisis política tutelada desde Madrid

La presidenta de Extremadura, María Guardiola, durante la segunda sesión de investidura.

Si Extremadura tenía que servir como ejemplo, como avanzadilla o como experimento para palpar el termómetro político nacional, la respuesta ya es evidente: el adelanto electoral impulsado por el PP ha llevado a la comunidad a una parálisis tutelada desde Madrid. Sin gobierno, sin acuerdo y sin libertad para negociar. Más de dos meses después del 21D, la región sigue siendo un laberinto. El intento de la popular María Guardiola de ser investida como presidenta de la Junta ha fracasado por la falta de apoyo de Vox. El resultado no ha provocado ninguna sorpresa.

La estrategia —cocinada desde Génova— era anticipar los comicios autonómicos para hundir al PSOE (y, en consecuencia, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez) y frenar el avance del partido de Santiago Abascal. Entre manos de los populares, la ambiciosa idea de saborear una mayoría absoluta que estaba lejos. Al menos aspiraban a rozarla. Pero el recuento de votos los puso en un escenario complejo, y ahí permanecen: una dependencia aún mayor de Vox.

¿Cómo se vive la situación en Extremadura? Hay plazo hasta el 4 de mayo para acercar posturas y celebrar otra sesión de investidura, por lo que existe margen para que PP y Vox estrechen finalmente la mano. Pero en este proceso surgen varias claves pegadas al territorio. La primera, el malestar por la manifiesta intervención de los líderes nacionales, algo insólito. Vox y PP se acusan mutuamente de estar a las órdenes de sus jefes de Madrid. Tanto Abascal como Alberto Núñez Feijóo han entrado de lleno en las conversaciones y son los que marcan el paso. Precisamente, uno de los argumentos en el debate de investidura del líder extremeño de Vox, Óscar Fernández Calle, a Guardiola fue: “No hay acuerdo porque Génova no quiere”.

Hay que recordar que “evitar la repetición electoral” fue el razonamiento que se esgrimió para elegir a Miguel Tellado como encargado de ejercer esa citada supervisión en Extremadura y Aragón “para facilitar los acuerdos” con Vox y “velar por la coherencia”.

En Génova pensaban que Tellado sería capaz de hacer lo que Guardiola no había conseguido: desencallar y alcanzar un pacto. La tesis era la “animadversión” de la extrema derecha hacia la presidenta extremeña; pero el movimiento se entendió en clave interna como una tutela sin precedentes a una candidata que había obtenido el 43% de los votos, el tercer mejor resultado autonómico. 

No son pocos los cargos que consideran que ha habido “fuego amigo” contra Guardiola, dejándola en una posición “muy debilitada”. Ahora es Tellado el que se encuentra ahí porque el ‘no’ de Abascal ha constatado que la derrota es también suya.

El PP conoció la negativa de Vox poco más de 24 horas antes de la votación de investidura y la dirección de Abascal ha querido dejar claro que la culpa del desacuerdo no es Guardiola, sino de Feijóo.

En las filas populares saben de sobra que hasta que no pasen las elecciones de Castilla y León (el 15 de marzo) será difícil un posible pacto. Creen que Vox únicamente está “escenificando un enfado” de cara a la campaña porque pretende seguir mejorando resultados en las autonómicas. La estrategia nacional les está funcionando.

En Extremadura, la puesta en escena de intentar acercar posturas se ha mantenido casi hasta el último momento, asegurando que el silencio establecido e impuesto de las negociaciones era señal de un acercamiento en secreto.

Rebajar el tono

A sabiendas de las cartas con las que jugaba cada cual, Guardiola optó por rebajar el tono en sus intervenciones durante el debate de investidura; evitó ir contra los diputados de Vox e insistió en que les tendía la mano. En ningún momento respondió a las provocaciones de la ultraderecha. “No la quieren ni los suyos”, “sus enemigos están dentro” o “tiene que ser duro soportar la humillación de su partido, que la desautoriza”, fueron algunos de los mensajes que le lanzó Fernández Calle. Ninguna reacción

Ese cuestionamiento del liderazgo de Guardiola es otra de las claves extremeñas. Los suyos la han aplaudido sin parar en la Asamblea, dentro y fuera del hemiciclo, para evidenciar que la formación extremeña cierra filas en torno a su jefa, la cual tiene claro que no dará un paso al lado. Vox, PSOE y Unidas han coincidido en poner en duda su papel. Aunque ahora Abascal culpe a Génova del fracaso en Extremadura, en otras ocasiones incluso no ha descartado “pedir su cabeza”.

La realidad es que si bien en su primera campaña electoral, en 2023, Guardiola le pedía al ya fallecido Guillermo Fernández Vara que dijese su nombre porque consideraba que evitaba darle protagonismo, esta vez le lanzó a la bancada socialista: “Dejen de hablar de mí, hablen de la gente”. En el primer caso, era una desconocida, su principal hándicap; después sus declaraciones han retumbado varias veces en el ámbito nacional.

En ese sentido, la más directa en el debate de investidura fue la líder de Unidas, Irene de Miguel: “Váyase con dignidad, no espere a que esta panda de señoros con tufo machista la defenestre”.

La inestabilidad

Más allá de que finalmente haya acuerdo entre PP y Vox en Extremadura, otra de las claves que se plantean es qué estabilidad ofrecerá ese pacto en una comunidad que ya ha tenido a los mandos a ambas formaciones en un gobierno de coalición que se rompió apenas un año después de crearse. Ocurrió cuando Abascal dio la orden de que los consejeros se salieran del Ejecutivo autonómico. Asimismo, dos años después, la legislatura se ha tenido que dar por acabada por la falta de acuerdo para aprobar los presupuestos. Ahí está el antecedente. Además, los rifirrafes públicos, especialmente en redes sociales, entre Guardiola, Abascal y Fernández Calle, han sido sonoros.

Ahora la líder extremeña del PP quiere dejar a un lado la batalla y centrarse en las cuestiones en común que tiene con Vox. Coinciden —unque en distintos niveles— en bajar impuestos y defender la continuidad de la central nuclear de Almaraz, por ejemplo. Pero están más alejados en temas fundamentales para los ultras como la inmigración. Si bien Guardiola lo ve como una oportunidad para crear empleo y aumentar la población siempre que no se caiga “en el caos migratorio de Pedro Sánchez”, Fernández Calle fue tajante: “No necesitamos más inmigrantes, necesitamos más extremeños”.

¿Nuevas elecciones?

Cuando, después del 21D, el PP intentó iniciar las conversaciones con Vox y la respuesta fue esquiva, entre los populares algunos ya empezaban a asumir que el 4 de mayo habría que convocar nuevas elecciones. Ahora, a pesar del fracaso, la derecha y la ultraderecha aseguran seguir con la puerta abierta. Eso sí, a la espera de los resultados en Castilla y León (tras haberse celebrado ya los comicios en Aragón, donde Vox también mejoró su porcentaje de apoyos) y a la espera de las órdenes desde Madrid.

Al respecto, Abascal ya ha manifestado que “cuando se pase de las musas al teatro y cuando se concreten medidas precisas, podremos seguir con la mano tendida”. Ese es el argumento a repetir.  

Pero esta investidura fallida ha vuelto a poner sobre la mesa un escenario que ahora empieza a gustar a los partidos de la oposición: PSOE y Unidas por Extremadura. Es más, ambas formaciones piden abiertamente que la región vuelva a las urnas como única opción ante el “callejón sin salida” en que se encuentra ahora mismo.

La líder de Unidas se ve fuerte y tiene claro que celebrar elecciones el 28 de junio (sería la fecha marcada en rojo) supondría una nueva oportunidad para los partidos de izquierda. “Aunque se pongan de acuerdo, esto va a ser un polvorín. Guardiola no sabe dialogar”, resume.

Vox impide la investidura de Guardiola como presidenta de Extremadura en la segunda votación

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Por parte del PSOE, la diputada Piedad Álvarez afirma que, después de tocar mínimos históricos, su partido solo podría mejorar. “Esta vez no nos cogerían con el pie cambiado”, expresa ya fuera de la tribuna de la Asamblea. Este viernes 6 de marzo, justo después de la investidura fallida de Guardiola, los socialistas extremeños han decidido el calendario para elegir a su nuevo líder. Habrá primarias el 11 de abril si antes no se llega a una candidatura de consenso.

Lo que sí ha descartado el PSOE es abstenerse para que el PP pueda gobernar en solitario. De ahí no se mueven.

De momento, Extremadura ha vuelto a vivir esta semana una jornada histórica: la primera vez que hay un rechazo en una sesión de investidura.

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