La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de un plato de paella

La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de un plato de paella - Carlos Grau Arquer

Sonámbulos Ediciones. 2025.

Dice Mabel Lozano en la contraportada de esta novela que Carlos Grau ha parido un artefacto muy divertido, que en varios puntos puede parecer autobiográfico. Con el cine en las venas, como corresponde al hijo de una actriz, Gemma Arquer, y un director de cine, Jordi Grau, Carlos traslada su experiencia vital al papel en forma de guion o de novela.

Hasta aquí, la biografía, que no puede dejar de incluir su formación como Doctor en Comunicación Audiovisual, su faceta como docente y sus cortometrajes Carne de cerdo (rodado con tan solo 19 años), o el último que ha rodado, Aneleh, entre guiones para largometrajes y novelas.

En La mujer que quería un bocadillo de atún en lugar de una paella, lo primero que nos sorprende, cómo no, es el título. Cuenta el autor que los editores eran de la opinión de que el título resultaba excesivo, demasiado largo, pero Carlos se mantuvo firme desde el principio y este título era una condición indispensable para la publicación del libro. Insistía en que había que llegar al final de la historia para que el título cobrara todo su sentido, cerrando un círculo perfecto.

El autor “soñó” con la novela, que al principio concibió como un guion cinematográfico, y que a partir de las diez páginas se transformó en la novela que finalmente es, huyendo de la manera ortodoxa de escribir un guion para contar la historia de manera literaria y no tan cinematográfica, aunque en realidad los lectores avisados no podrán dejar de ver la película que este libro está demandando a gritos.

Entre el título y el final, la novela se lee sin dejar de sonreír, y lo que sucede a a su protagonista va de lo tragicómico a lo absurdo, de lo real a lo soñado, de una ciudad que identificamos como Madrid pero podría ser cualquier otra gran ciudad, a un barrio imaginario por donde los personajes entran y salen de las páginas del libro con una facilidad sorprendente. Carlos habla y discute con su “Conciencia”, que tan pronto es una mujer sabihonda y engreída como una joven inocente. Por las páginas discurren criaturas difíciles de clasificar: desde el indigente que contempla el rodaje de una película a la mujer trans que sueña con triunfar en los escenarios, desde los productores de televisión que con sus veredictos deciden el futuro de los guiones que reciben hasta un algoritmo que sustituye estas decisiones en función de datos y no de sensaciones.

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En algunos momentos, estas entradas y salidas de los personajes hacia la vida real y del autor hacia el interior de su obra podría recordar a La rosa púrpura de El Cairo, la película de Woody Allen en la que uno de los protagonistas atraviesa la pantalla para conocer a la admiradora que lo contempla desde el patio de butacas. Eso, en la parte de comedia que tiene esta novela, pero en la parte más dramática, en la que el protagonista-escritor se enfrenta a la página en blanco con la duda constante de si lo que escribe vale o no la pena, cuando “pelea” literalmente con los personajes que él mismo ha creado, cambiando sus nombres, sus perfiles y hasta su sexo, cuando estos se rebelan y quieren cambiar el destino que intuyen, bien podría recordarnos a Seis personajes en busca de autor, la obra teatral de Luigi Pirandello en la que los personajes se sienten abandonados por su autor e interrumpen un ensayo en busca de un escritor que cuente su historia.

En clave autobiográfica, el protagonista se llama Carlos, su alter ego se llama Óscar (las mismas letras que Carlos excepto la “l”, la segunda protagonista se llama Carlota y el resto de personajes en que el autor-protagonista se desdobla no dejan de ser reflejo o partes que, ensambladas, pudieran dar lugar al mismísimo autor. Estamos, en fin, ante un artefacto construido pieza a pieza donde todo encaja y nos lleva hacia un final sorprendente, transitando entre la protesta y la comedia: un libro que debería leerse en las escuelas de comunicación audiovisual para que los guionistas aprendan a reírse de sí mismos.

*Javier Bozalongo es editor y poeta. Su último título publicado es Mecanismo de arena (El Toro Celeste, Málaga, 2025).

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