MISIÓN ARTEMISA II

La NASA aspira a que su viaje a la Luna vuelva a unir a un mundo polarizado por Trump

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto de la misión Apollo 11, posa en la superficie de la Luna, en julio de 1969.

Esta semana comienza el primer viaje tripulado que se acercará a la Luna en más de medio siglo. Está liderado por Estados Unidos, a través de la NASA, y tiene lugar apenas un año después de la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. La agencia espacial estadounidense aspira a que este hito, como otros del pasado, pueda unir a la humanidad en tiempos de polarización y guerra, e inspire a una nueva generación de jóvenes a mirar al espacio. Al mismo tiempo, Trump ha sido el primero en politizar la misión, modificando su famoso eslogan a "Make space great again" y presionando a la NASA para acelerar el programa para lograr que su país ponga un pie en el satélite en 2028, antes de que acabe su mandato.

Rafael Vázquez, director de la Cátedra de Vigilancia Espacial de la Universidad de Sevilla, explica que las seis misiones en las que Estados Unidos pisó la Luna (entre 1969 y 1972) sirvieron para construir un imaginario sobre la profesión del astronauta y el estudio del espacio, pero sobre todo para propiciar el entendimiento científico más allá de la política. "Fue un hito muy importante porque puso fin a la carrera espacial entre Estados Unidos y la URSS. A partir de entonces, comenzó la colaboración, en lugar de la competencia, porque los científicos estamos al margen de las luchas de poder", señala el experto.

Además de la Guerra Fría, esos años se caracterizaron por la enorme tensión política que sufría Estados Unidos, como sucede hoy. En 1968, un año antes de que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pisasen la Luna, el país estaba sumido en una guerra racial y se repetían las protestas contra la guerra de Vietnam. También tuvieron lugar los asesinatos del activista Martin Luther King y del senador Robert F. Kennedy, hermano del también asesinado John F. Kennedy. Para algunos, el Apollo 11 fue "un momento de unión para Estados Unidos en una década marcada por la discordia social, la violencia racial y las protestas contra la guerra".

"Espero que podamos unir al mundo, aunque sea un minuto"

Esta semana, el periódico The New York Times se preguntaba si la misión Artemisa II tendrá el mismo efecto que las Apolo, disipando la extrema polarización política que vive el país bajo la presidencia de Trump. La violencia racial ha regresado con las redadas del ICE, la policía aduanera, y en apenas un año ha enviado su ejército a más de una decena de países, ha capturado a Nicolás Maduro, se ha enemistado con la Unión Europea y ha provocado el cierre del Estrecho de Ormuz, llevando al mundo a la tercera crisis del petróleo

Sin embargo, parece que la NASA y los tripulantes de la misión confían en que el mundo haga un parón estos días. "Espero que logremos un gran impacto y podamos unir al mundo, aunque sea por un minuto", comentó en enero al Times Reid Wiseman, comandante del viaje. "He estado pensando en cómo podríamos ayudar al mundo tal y como está hoy, ¿qué podríamos hacer para ayudar mejor a nuestros amigos en el planeta Tierra? Y llegué a la conclusión de que simplemente tenemos que llevar a cabo esta misión", dijo también.

Sin embargo, Trump no ha disimulado que esta misión no trata sobre unión, sino sobre volver a ser los primeros en ganar la nueva carrera lunar, esta vez contra China, la segunda gran potencia espacial. Su objetivo, en realidad, es asentarse más adelante en Marte antes que sus competidores, un sueño del presidente estadounidense desde su primer mandato, y tener el monopolio de sus recursos naturales. En su discurso inaugural de su segundo mandato, Trump prometió llevar a Estados Unidos "hacia su destino manifiesto, las estrellas, enviando a astronautas estadounidenses a plantar la bandera estadounidense en Marte".

Jorge Hernández Bernal, científico planetario en la Universidad de la Sorbona, opina que este viaje tiene un componente propagandístico de Estados Unidos, y que aunque él mismo siempre se ha sentido eclipsado por los logros espaciales de los años 60 y 70, ahora mismo tienes sentimientos encontrados. "Crecí pensando en si podría ver esto en directo con mis propios ojos, pero hay que ser conscientes de a dónde ha llevado Trump al mundo en los últimos meses. Es muy importante mantener una visión crítica", valora Hernández, aficionado también a la Etica Espacial, una disciplina académica que aborda los problemas éticos del sector.

Trump ha tratado de desmantelar la NASA

También es paradójico que este viaje histórico se realice bajo la presidencia de Trump, la misma persona que sometió el año pasado a la NASA a una crisis histórica. En mayo del año pasado propuso un fuerte recorte del 24% en el presupuesto de la agencia, una decisión que llevó a la salida de casi una quinta parte de los empleados de la NASA, alrededor de 3.000 personas. En enero de 2026 el recorte fue rechazado por el Congreso, pero el daño ya estaba hecho.

Paralelamente, la NASA ha estado sumida en una lucha de poder desde que Trump llegó a la presidencia en enero de 2025, con dos directores interinos, y el que finalmente se ha impuesto, Jared Isaacman, un milmillonario que por primera vez en la historia de la agencia no es un astronauta de carrera. El empresario ha declarado en varias ocasiones que su objetivo no es pisar la Luna, sino establecerse allí e intentar sacar un beneficio "científico y económico" al satélite, una visión compartida por Trump.

En 2027 y 2028, dos vuelos más

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La misión de esta semana –que no tocará tierra en la Luna, ni se adentrará siquiera en su órbita– durará 10 días y es el inicio de una campaña a largo plazo, con el objetivo final de aterrizar en ella en 2028. En 2027 tendrá lugar en teoría un nuevo vuelo para pulir técnicamente la operación y un año después está previsto el viaje definitivo que desplegaría tres helicópteros para tocar tierra, empleando para ello la primera nave espacial de propulsión nuclear desde la década de 1960.

Está por ver que esto ocurra, puesto que Trump trató de cerrar el año pasado los proyectos espaciales de propulsión nuclear cuando propuso los fuertes recortes presupuestarios a la NASA, y en diciembre terminaron algunas de las investigaciones de esta división. Rafael Vázquez subraya que este proceso de prueba y error, con numerosos viajes previos a la misión final, es habitual en el sector. "Habrá que ver si finalmente es viable aterrizar, pero la fórmula es la de siempre. No olvidemos que Apolo fue así. Primero sobrevuelas, luego pruebas a separar y reencontrar el módulo lunar, y después terminas con el alunizaje", explica.

Sobre la posibilidad de llegar a Marte, el investigador de la Universidad de Sevilla es mucho más escéptico. "Siempre se dice que llegar a Marte es cuestión de una década, pero la década siempre se retrasa. Es una inversión inmensa y no tienes la capacidad de ensayo y error porque son meses de ida y meses de vuelta, además de que instalar humanos allí añade problemas de seguridad biológica y sanitaria muy complicados", afirma.

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