Antonio Maestre: "La izquierda es, muchas veces, la tonta útil del fascismo en las redes sociales"
Dice que hasta los cuarenta años no empezó a hablar de sus emociones. Ahora lo hace y no le da vergüenza. También llora. “Estos días, mucho…”, reconoce. Cuando empezó a escribir su nuevo libro, su médica le aconsejó que se cogiera la baja. Había tocado fondo. Después de pasar por una depresión, con casi veinte kilos menos y viviendo aún el luto por la muerte de su madre, publica Me crie como un fascista (Seix Barral), un ensayo con tintes autobiográficos en el que analiza cómo el auge de la extrema derecha tiene más que ver con los valores violentos con los que se educa a los hombres que con la crisis de la vivienda. Lejos de quedarse en el problema, propone una solución. Simple, pero revolucionaria: combatirlo con afecto. Mientras sueña con tener menos exposición pública, Antonio Maestre (Madrid, 1978) sigue dando la batalla por la izquierda en las tertulias políticas y en las redes sociales. Le cuesta algún disgusto pero, de momento, dice que le compensa.
Sostiene en su libro que el auge de la extrema derecha no tiene tanto que ver con el desmantelamiento del estado del bienestar, sino con cómo han sido educados los hombres…
Me fui de casa de mis padres a los 35 años. Los problemas de vivienda siempre han existido para la clase trabajadora. Hay muchos factores que explican el auge reaccionario, pero creo que el fundamental es el supremacismo masculino asociado al movimiento antifeminista.
La periodista que le entrevista también creció en Fuenlabrada y no se crio como una fascista, ¿por qué usted sí?
Entre otras cosas porque tú eres una mujer y eso marca la diferencia. Las dinámicas de socialización masculina que teníamos en el barrio eran la violencia, la agresividad y la humillación. Mostrar una vulnerabilidad era motivo de burla. Cuando das un sentido político a esas emociones son las que mejor encarnan el discurso neofascista.
¿Cómo fue su adolescencia allí?
La de un chaval de clase trabajadora que veía a su padre solo los fines de semana porque trabajaba mucho. Era mi madre la que nos cuidaba a todos. Crecimos pensando que el hombre era el que traía el pan a casa y la mujer la que nos cuidaba. Mis amigos se educaron igual, así que aprendí que no se lloraba, porque si lo hacías eras femenino y por lo tanto maricón y te acosaban. Socializábamos con el fútbol y tratábamos a las mujeres con bastante desprecio. Ahora nos avergonzamos.
Siempre hace bandera de su origen. ¿Orgullo o rencor de clase?
Ambas. Cuando tienes orgullo de clase y eres consciente de quién ha provocado las diferencias sociales que tanto dolor te provocan, viene el rencor de clase. A veces hasta el odio.
Casi la mitad de los varones jóvenes considera que el feminismo es una herramienta de manipulación política y solo el 25% se define como feminista. Hace unos años, esto no era así, ¿qué ha pasado?
Los movimientos de extrema derecha han visto una ventana de oportunidad para preservar la familia tradicional y han aprovechado errores estratégicos de la izquierda y las disputas dentro del feminismo. Te venden que no hay esperanza de futuro, que tu situación socioeconómica no va a mejorar, pero te prometen que vas a tener una mujer en casa, con la que poder desfogarte. Justo lo contrario al feminismo. Eso ha prendido en muchos hombres.
Los movimientos de extrema derecha han visto una ventana de oportunidad para preservar la familia tradicional y han aprovechado errores estratégicos de la izquierda y las disputas dentro del feminismo
Cuenta que en la adolescencia dejó a una novia porque se lo exigieron sus amigos…
Sí. Me dijeron que no tenía huevos para hacerlo y, aunque yo no quería, la dejé porque me pudo la presión del grupo. Fue muy chungo y luego me arrepentí. Esa es la socialización masculina de la que hablo.
"Toda la vida casada y ni un día bueno", es una de las citas con las que comienza un capítulo del libro en el que también habla de los "kapos de los campos de concentración domésticos", ¿a qué se refiere?
Es una metáfora elevada al máximo exponente. Empecé a pensar que cada domicilio era un campo de concentración en el que se replicaban las dinámicas de sometimiento y humillación. Cada casa puede ser una batalla, una guerra y las que suelen sufrir la violencia en ese espacio son las mujeres.
El feminismo también es liberador para los hombres, pero ¿por qué cuesta tanto verlo?
Porque es doloroso. Hasta pasados los 40 no hablaba con nadie de mis emociones. Me educaron para callarme. Pero llega un momento en el que explotas, estallas y te destruye. Cuando dejas atrás eso, te liberas.
Hay un dilema que se hace viral cada cierto tiempo en el que se pregunta a las mujeres si prefieren encontrarse con un oso o con un hombre en mitad de un bosque, para reflejar la inseguridad que sienten a todas horas ellas. La gran mayoría responde que con un oso ¿Usted prefiere un encontronazo con un oso o con un fascista?
(Se ríe). Estoy acostumbrado a encontrarme con fascistas y lo he sobrellevado. Los fascistas, además, siempre suelen ser hombres. Sin tener ese miedo desde la infancia que sienten las mujeres, elegiría el oso también. Hace un tiempo, yo lo fui. Estaba leyendo de noche en Fuenlabrada en un parque y pasó una mujer a la que conocía y al verme, como estábamos en penumbra, no me reconoció y se asustó. En un principio, pensé: qué maleducada. Luego entendí que en ese contexto yo era una amenaza para ella. Cuando entiendes eso sin sentirte ofendido aprendes a ser más empático.
Sostiene que igual que hablamos de micromachismos tenemos que empezar a hablar de microfascismos para definir esos actos cotidianos pero cargados de odio…
Sobre todo tenemos que plantearnos por qué metabolizamos comportamientos que hacen más asumibles los comportamientos fascistas. La deshumanización de los inmigrantes o que naturalices caminar al lado de un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros). También la humillación constante al diferente, callarnos ante comportamientos machistas o racistas… Hay que resistirse de una manera cotidiana ante ese fascismo. Y si ves en un grupo de whatsapp o en tu casa comportamientos de este tipo, tienes que actuar.
Propone algo sencillo, pero revolucionario: combatirlo con afecto…
Cuando queremos dar sentido político al fascismo hablamos de agresividad y violencia. Si le damos la vuelta, nos damos cuenta de que el antifascismo es empatía, cuidados, comprensión por la diferencia. Si todos cuidamos, el fascismo no tiene ninguna oportunidad.
Si todos cuidamos, el fascismo no tiene ninguna oportunidad.
Y, sin embargo, esa imagen es lo contrario a lo que pasa en las redes sociales…
Las redes sociales son el campo de batalla más agresivo, más violento. Cuando tú recibes una tonelada de odio por un comentario, al día siguiente piensas: ¿me compensa? Aparte, a los tecnooligarcas les compensa que predomine el odio para hacer caja. Además de que tienen ideas completamente antidemocráticas. Desde la izquierda también hemos jugado con esa destrucción de la diferencia. La izquierda es, a veces, en las redes sociales la tonta útil del fascismo.
¿Cuántas veces piensa al día en retirarse de la vida pública?
Todos los días, a todas horas. Es lo único que quiero, lo que me haría feliz. Todavía no lo he conseguido, pero espero que algún día…
Esta semana se ha aprobado el decreto de regularización de personas migrantes. A menudo se achaca a la izquierda no tener un discurso contundente en defensa de la inmigración o tener sólo uno utilitarista…
Creo que tiene que ser más contundente. No es que no lo tenga claro, es que a veces se deja llevar por movimientos que dicen que los inmigrantes tienen que venir para hacer el trabajo que los demás no queremos. La izquierda tiene que hablar de este tema desde el punto de vista de la clase. Porque a la derecha la inmigración que le molesta es la pobre.
También hemos visto la derrota de la era Orbán tras 16 años, ¿hay esperanza?
Creo que sí y Trump está haciendo mucho por ello. Gaza, Palestina, Irán, Cisjordania, Líbano… La crisis de inflación provocada por este tipo les está generando mucho desgaste a las extremas derechas de todo el mundo.
Y en España, ¿hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de arreglar la izquierda?
Sus líderes tendrían que ir a terapia para que eso ocurriera. Creo que no existe solución tal y como están ahora los liderazgos de la izquierda. No se soportan, se odian y se quieren destruir. Otra cosa es que la presión popular les haga unirse en contra de su voluntad. No ceden porque estén convencidos de que es un proyecto ilusionante para el bien colectivo. Lo hacen porque se ven obligados por la realidad. Por eso creo que tiene que haber un cambio de liderazgos. Si no, no creo que salga nada bueno de ahí.
Tiene que haber un cambio de liderazgo en la izquierda para que se pueda arreglar
En el libro revela que su madre le hizo leer sus diarios para contarle que había sido víctima de violencia sexual, ¿cómo está tras su muerte?
Me lo contó cuando estaba muy enferma de cáncer. Usó esos diarios porque no encontró otra manera. El día que entregué el manuscrito final del libro ella me mandó un mensaje preocupada por si no lo había terminado. Me dijo que estaba en el hospital. Ya no salió de la UCI porque a los cuatro días murió. Mi madre me enseñó el profundo valor de los cuidados; en el momento que ya se estaba despidiendo de todos nosotros, pensó más en mí. Es una enseñanza que voy a tener siempre.
Justo antes de comenzar a escribir el libro, le diagnosticaron una depresión, ¿cómo está ahora?
Triste porque mi madre murió hace solo dos meses. Pero he conseguido superar la depresión. Tengo 46 años y solo llevó año y medio de terapia. Todavía hay mucho que hacer. Pero estoy bien, equilibrado. Ahora lloro cuando tengo que llorar, hablo con quien tengo que hablar… No rehuyo las emociones. Le debo mucho a este libro, a mi psicóloga y a mi familia.