Junqueras firma el pacto presupuestario pese al malestar en ERC

El presidente catalán, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras, formalizan la firma del acuerdo para los Presupuestos catalanes de 2026.

ERC soy soy. Es el mensaje que entendieron de Oriol Junqueras las decenas de militantes que participaron este lunes en el Consell Nacional del partido, teóricamente su máximo órgano de decisión. La convocatoria debía refrendar el pacto presupuestario con el Govern socialista, pero fue apenas una puesta en escena, porque no se votó el acuerdo con el PSC. Las tres horas de encuentro sirvieron, eso sí, para poner de manifiesto las fisuras en el seno republicano.

"Esto es culpa de la debilidad de Junqueras, a quien sólo le importa que se le levante su inhabilitación [a la espera de resolverse el recurso de amparo en el Tribunal Constitucional]. El Estado nos tiene sometidos de manera vicaria, porque tiene secuestrado al presidente de nuestro partido", asegura a infoLibre uno de los consellers nacionals, Xavier Martínez, portavoz del Col·lectiu Primer d'Octubre. Este sector de ERC recoge avales desde mediados de abril para celebrar un referéndum interno sobre la continuidad del apoyo al Gobierno de Salvador Illa. Consideran que los socialistas nunca cumplieron los compromisos en materia de financiación, soberanía fiscal y lengua catalana. Y, pese a ello, la dirección del partido convirtió ese acuerdo de investidura en un acuerdo de legislatura sin consultarlo.

"Se han saltado a la militancia y eso es una vulneración de los estatutos", señala Martínez, que avanza que presentarán una queja a la comisión de garantías para frenar el apoyo presupuestario de la ejecutiva. El cisma entre la cúpula y la base republicana viene de agosto de 2024, cuando poco más de la mitad de los militantes votó a favor de apoyar la investidura de Illa, a quien muchos ven más como un embajador de Pedro Sánchez que como un president preocupado por Catalunya. Seis meses después, Junqueras fue reelegido dirigente ERC por otro ajustado sostén de votos.

Sin embargo, lejos de remendar las costuras a la formación, "Junqueras impuso su ambición a los intereses del país", como valora a este medio Jordi Orobitg, uno de los exdiputados que se unió a la escisión de Esquerra, Foc Nou, para competir por el mando. "Este Consell es una prueba más de la deriva autoritaria de un partido, cada vez menos asambleario y más autocrático", agrega. A las puertas de la sede del partido ya se sabía lo que iba a suceder. Horas antes, Junqueras había dado un apretón de manos a Illa para anunciar una línea orbital ferroviaria que conecte el segundo y tercer cinturón metropolitano sin pasar por Barcelona, una idea guardada en un cajón desde hace casi 20 años. "¿Esa es la medalla que se cuelga Junqueras? Un proyecto para 2040, a la espera de financiación estatal, como Rodalies. Más de lo mismo", lamenta Orobitg, convencido de que, si PSOE y PSC no han cumplido los compromisos de investidura, tampoco lo harán ahora.

En marzo, Junqueras tuvo que retirar de la mesa la petición de gestionar el IRPF para desencallar la negociación de los presupuestos. A cambio, ERC ha logrado con este pacto una sociedad mercantil de inversiones —sustituto del consorcio tumbado en el Congreso—, la creación de una Autoridad Aeroportuaria de Cataluña, la incorporación del Consorcio de la Zona Franca y una inyección de más de 520 millones de euros a la Agencia Tributaria Catalana.

Junqueras ha defendido que el pacto con el Govern permite afrontar los "retos cotidianos" de la sociedad catalana y se trata de una "nueva oportunidad para obtener más competencias y herramientas al servicio del país". Sobre la cesión del IRPF, que ha quedado descafeinada en el pacto y en el tintero a cuatro años vista, el líder republicano ha insistido en que sigue siendo un "compromiso incuestionable", pero que el tema se ha retrasado "a cambio de nuevos pasos adelante".

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Para entonces, pocos de los consellers nacionals creían a Junqueras ni a la secretaria general, Elisenda Alamany, que, durante la campaña interna, prometió que el presupuesto tenía que pasar el filtro de la calle. Tal vez con "calle" se refería a votantes y no a militantes. Los últimos sondeos de 2024 indican que tan solo seis de cada diez votantes de ERC son independentistas, por ocho de cada diez en 2018. "ERC ha perdido identidad. Ya no es una esquerra independentista. En esa transformación, veremos a candidatos de ERC en las municipales que escondan la marca, porque no es buena", afirma Orobitg.

Y en ese crepúsculo independentista quedó por responder en la calle Calabria de Barcelona un interrogante que planeó durante todo el encuentro: si la última encuesta de comienzos de mayo daba 28 escaños a ERC (ocho más que en las elecciones de 2024), lo que representa una recuperación tras meses de desplome en intención de voto, ¿por qué Junqueras no optó por romper la negociación presupuestaria y forzar elecciones anticipadas? "Es un día muy triste. El cambio de rumbo viene de lejos. Hace tiempo que hemos renunciado a la reclamación soberanista para dar estabilidad a los socialistas", resume Martínez la sensación que dejó el Consell Nacional del lunes.

La cara de circunstancias de Junqueras durante toda la escenificación de la firma del pacto presupuestario este martes daba esa misma sensación. El propio Illa dio un espaldarazo a su nuevo aliado al agradecerle su "sentido de país" y "coraje político" para llegar a unos acuerdos de consecuencias imprevisibles para ERC.

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