"Vamos a la zaga de la epidemia": Médicos Sin Fronteras se prepara para un largo brote de ébola

Un puesto de control establecido como medida preventiva contra la propagación del ébola en Kanyaruchinya, cerca de Goma, República Democrática del Congo.

Amélie Poinssot (Mediapart)

“No estamos bien”. Son las 9.30 de la mañana en la sede de Médicos Sin Fronteras (MSF), en París. Como cada día, el equipo de emergencias se reúne para hacer balance del avance de la epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda. En el centro de la mesa, Claire Nicolet, responsable de operaciones de emergencia, comenta con sobriedad las cifras del día.

En la provincia congoleña de Ituri, epicentro de la epidemia, se han confirmado 344 casos de personas afectadas, de las cuales 48 han fallecido; 19 casos en la provincia vecina de Kivu del Norte, de los cuales 13 han fallecido; y 15 casos al otro lado de la frontera, en Uganda, con un fallecido.

Es miércoles 3 de junio, han pasado 20 días desde que las autoridades congoleñas y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declararan oficialmente la epidemia, y todo indica que la enfermedad sigue propagándose a lo largo de varios cientos de kilómetros.

Sin embargo, hay una buena noticia: la carga humanitaria del avión que partió de Burdeos una semana antes, que incluía, entre otras cosas, trajes de protección integral para el personal sanitario, ha llegado por fin a Goma, la capital de Kivu del Norte.

El viaje es largo porque la provincia, sumida en un conflicto y bajo el control del grupo armado M23, ya no es accesible por vía aérea desde principios de 2025. Hay que aterrizar en Kigali, Ruanda, y luego transportar el equipo por una ruta larga y difícil. Se prevén nuevos envíos en los próximos días; dentro de un mes habrá llegado la mayor parte del equipo.

Zafarrancho de combate

Desde el terreno, los miembros de la ONG informan a distancia de los reconocimientos en curso. Mientras MSF Francia acaba de poner en marcha un centro de tratamiento del ébola en Goma y MSF Suiza ha hecho lo mismo en Bunia, en Ituri, la cuestión es dónde instalarse a continuación.

En la mesa, ese miércoles por la mañana, se plantea la reapertura de un pequeño centro de salud a unos 60 kilómetros al norte de Goma, en la aldea de Rubare, cerca de donde se han declarado casos sospechosos. “Pero quizá no sea lo más adecuado, porque el edificio está en pleno centro del pueblo”, añade inmediatamente la responsable de emergencias de MSF. Se acuerda que un miembro del equipo de Goma se desplace al lugar al día siguiente, para ver “si es factible o no”.

Nunca la expansión geográfica había sido tan importante apenas unas semanas después de la aparición de la enfermedad

Aunque la reunión transcurre en un ambiente tranquilo, MSF libra una auténtica carrera contrarreloj. La organización se prepara para una misión larga en una zona clave para la ONG, donde lleva implantada más de 30 años. Se han destinado 4,1 millones de euros solo para la delegación francesa de MSF y se han creado 210 puestos en total. Pero el despliegue no se hace en un abrir y cerrar de ojos. Las contrataciones están en marcha y han tenido que pasar unos diez días para que se expidieran los primeros visados. Por ahora, apenas una treintena de personas de MSF Francia han sido enviadas sobre el terreno.

“Vamos a la zaga de la epidemia, llevamos mucho retraso”, explica Nicolet a Mediapart. Cuando se confirmaron oficialmente los primeros casos de personas afectadas por el ébola, el 15 de mayo, la enfermedad llevaba circulando en realidad al menos desde mediados de abril. “Y se trata de una región en la que la gente se desplaza mucho”. Es cierto que la OMS revisó a la baja el número de casos a principios de semana y que, por el momento, la tasa de mortalidad resulta inferior a la de anteriores epidemias de ébola.

Pero nunca, en los 16 brotes que se han declarado desde 1976, la expansión geográfica había sido tan importante apenas unas semanas después de la aparición de la enfermedad. Sin embargo, el contagio requiere un contacto estrecho entre dos personas y se transmite a través de la sangre o los fluidos corporales. Esto significa que el virus ya ha viajado mucho. En MSF se estima que esta dinámica no se detendrá en los próximos tres meses.

Incendiados una tienda y un centro de tratamiento

Livia Tampellini, médica especialista en enfermedades infecciosas, es la coordinadora médica de la misión francesa. Se desplazará allí tan pronto como encuentre a la persona que la sustituya en París. Será su “tercera epidemia de ébola” en África, tras las de 2014 y 2018-2019. Está preocupada. “No hay ningún indicador positivo, y nuestra capacidad de respuesta se ve limitada por la división del país”, explica a Mediapart.

¿Esperaba que surgiera una nueva epidemia? “Sí, pero no de esta magnitud. En 2014 se vieron afectados tres países de África Occidental: Guinea, Sierra Leona y Liberia. Pero la enfermedad se extendía por una zona más pequeña que la que observamos hoy. Y en 2018-2019 en la RDC, incluso en el peor momento, tampoco fue tan extensa como ahora. Hoy tenemos casos a más de un día en coche de distancia. Descubrimos el problema cuando ya es enorme”.

Y es que la región es especialmente compleja. “Hay inseguridad en la zona disputada de Kivu del Norte”, continúa Claire Nicolet. “También hay un problema de concienciación: la aceptación de la enfermedad es baja, la gente no quiere permanecer confinada mientras espera los resultados de las pruebas, que tardan varios días en llegar; solo hay tres laboratorios operativos por el momento en la RDC, cuando harían falta por todas partes para poder descartar rápidamente los casos no confirmados. Y ya hemos tenido dos incidentes: en Ituri, una tienda de MSF y un centro de tratamiento fueron incendiados”.

Desde principios de la década de 2000, la zona estaba estrechamente vigilada por Estados Unidos por la aparición de enfermedades emergentes. Así, durante las anteriores epidemias de ébola, el CDC (los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el equivalente estadounidense del Instituto de Vigilancia Sanitaria francés) había reaccionado con gran rapidez sobre el terreno, instalando laboratorios junto a los centros de tratamiento para acelerar las pruebas. Esta vez no ha sido así.

A la espera de vacunas y tratamientos

Otras ONG están presentes sobre el terreno, como Alima, IMC o Medair. Y Estados Unidos, para quien la lucha contra el ébola sigue siendo un elemento de su estrategia de seguridad, ya ha puesto 220 millones de dólares sobre la mesa. Una financiación destinada, entre otros, a ONG y al Africa CDC, el centro de vigilancia sanitaria del continente.

Pero todos los actores se han visto sorprendidos: la epidemia, relacionada con el virus Bundibugyo (por el nombre de una ciudad de Uganda donde se descubrió en 2007), es el tipo de ébola menos estudiado hasta la fecha. No hay ninguna vacuna ni tratamiento autorizado. Podría estar disponible para su estudio una primera vacuna, de dos dosis, a mediados del verano, mientras se espera una segunda para finales de año. En cuanto a los tratamientos, hay tres productos candidatos actualmente y la OMS ha puesto en marcha un estudio en colaboración con la Universidad de Oxford para comparar diferentes combinaciones. A estas alturas no se sabe cuánto tiempo hará falta para una producción a gran escala. Sin vacuna y sin tratamiento, estamos ante un importante reto de seguridad.

Para Justine de Rouck, el contexto no tiene nada que ver en comparación con lo que vivió hace una docena de años. Esta enfermera de urgencias, que se dispone a partir hacia Kivu del Norte, se había hecho cargo entonces de un centro de tratamiento del ébola en Guinea y Sierra Leona. “Las estructuras estaban en marcha y solo nos preocupaba el virus. Ahora me encuentro en la fase inicial de la epidemia y es totalmente diferente. Se están realizando reconocimientos para ver dónde nos vamos a ubicar. Solo vemos la punta del iceberg de la epidemia, aún no somos del todo conscientes de lo que está pasando. Creo que no me asignarán a un solo lugar”.

La enfermera, que habitualmente trabaja en Sidney (Australia), se prepara para una etapa “muy intensa”. Durante tres semanas, no podrá tocar a nadie. Cada vez que entre en la “zona roja” de los centros de tratamiento (donde se encuentran los casos sospechosos y los confirmados) o que recoja en domicilio a un paciente diagnosticado o un cadáver, tendrá que ponerse el traje integral. A su regreso, le esperan tres semanas de observación médica en París, antes de que pueda reunirse con su familia en Australia. Pero, por ahora, tras un día de “reuniones informativas” con diferentes responsables, la prioridad es la cita con el psicólogo previa a la misión. El vuelo de Justine de Rouck está previsto para el día siguiente.

Nueva epidemia de ébola: ¿por qué ha declarado la OMS una emergencia internacional?

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Traducción de Miguel López

 

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