Acoso, derribo y miedo
He leído en la portada de un periódico, que cada vez representa más al PP/Vox, como tantos otros que, por desgracia, han perdido la objetividad que debería ser norma en cualquier diario serio: "La policía incautó joyas y relojes en una caja fuerte oculta"... El director que permite esta noticia seguro que los valores o joyas, si los tiene, los deja a la vista y en la mesa de entrada de su casa. O, lo que es peor, no ha contrastado si se trata de bisutería barata.
Es terrible, bochornoso —por no utilizar calificaciones más fuertes para no herir sensibilidades—, que se publiquen noticias, más bien bulos sin contrastar, pecado mortal en cualquier periódico serio, y que con maldad están contaminando el ambiente. Como ciudadano, desde hace tiempo observo un afán de esa maldita España negra que nos distanció históricamente del mundo moderno por derribar a un Gobierno democráticamente elegido utilizando cualquier tipo de medio.
Desde el minuto uno, atacando para destruir con las armas típicas de una derecha no cívica, sino, yo diría, montaraz, nunca homologable con las derechas que vencieron al fascismo y al nazismo en Europa. Utilizan cualquier recurso, alejado de la mínima ética, para destruir; nunca para ofrecer una alternativa política en la forma de gobernar. La política real y los derechos del ciudadano les traen al pairo.
La verdad es que quieren convertir a los ciudadanos en súbditos o, peor, en hooligans que no dudan en ser violentos y en golpear todo aquello que significa democracia. ¿Será que el trumpismo/ayusismo contamina el ambiente? Son fieles a la antipolítica de Bolsonaro, Milei, Trump, Putin, Netanyahu y alguno más escondido en la bruma del mal. Está maldad supera a las ideologías clásicas entre conservadores y progresistas, ensuciando todo lo que tocan.
Para estos personajes solo existe el pensamiento de súbditos o siervos de quienes mueven los hilos: los poderes financieros que desean transformar la política en negocio. No se detienen. Antes movían a un ejército o a un general; hoy mueven a jueces o a un periodismo que, desde que se prostituyó, dejó de ser periodismo. Parecen la peste negra que asoló Europa, dejando cadáveres putrefactos que contaminaron el aire.
Hagamos lo posible, gracias a la unión de los medios democráticos, para que el miedo no nos impida derrotar a esa España rencorosa que, como un muerto, nos quiere anclar en un pasado mediocre e injusto
En España empieza oler mal. Lo más grave es que, sin escrúpulo alguno, también contaminan a las instituciones más importantes para una democracia, como son los jueces y las fuerzas que nos deben defender precisamente de ellos, los malvados. Y ni siquiera son de derechas: su política es malvada, destructiva, típica de la utilizada por el fascismo, que nos volverá al miedo. Ese miedo con el que Franco pudo durar tanto tiempo y morir en su cama.
Porque fue el miedo el que permitió que sus herederos, con ayudas externas bien conocidas, idearan la Transición, rechazada al principio por una izquierda —la Platajunta—, pero con la ayuda de un PSOE cuyo líder, Felipe González, rompió el pacto —la Plataforma—, al que se unió Carrillo para salir también en la foto. La ausencia de ruptura en aquellos momentos la padecemos ahora.
Quieren derribar al Gobierno: "El que pueda hacer, que haga" es, sin duda, una insinuación golpista. ¿Y la ciudadanía qué piensa? Da la sensación de que las grandes conquistas sociales y el bienestar que han creado las políticas socialdemócratas han instaurado una acomodación en el pensamiento ciudadano, que se limita a mirar por la ventana.
Ya ha pasado en la historia, cuando el terror o la propaganda paralizaban las mentes. Lo vimos en el golpe de Tejero: excepto tres personajes a los que su dignidad mantuvo firmes y sentados, los demás se ocultaron, a pesar de que eran los representantes del pueblo. ¿Miedo otra vez?
Hagamos lo posible, gracias a la unión de los medios democráticos, para que el miedo no nos impida derrotar a esa España rencorosa que, como un muerto, nos quiere anclar en un pasado mediocre e injusto. Si a la víbora no le pisas la cabeza, te puede morder. Es lo que, como ciudadano, pienso.
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Eduardo Vázquez Martul es socio de infoLibre.