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Cataluña, la llave del cambio

Javier González Sabín

Qué confuso el tema de Cataluña. Confuso, no complejo, porque desde el 1 de octubre muchos nos sentimos políticamente huérfanos.

Huérfanos porque condenamos el 155 y la violencia policial sin apoyar los desvaríos de Puigdemont. Porque ni consentimos que golpeen a los catalanes en nuestro nombre, ni que se proclamen repúblicas fantasmas en el suyo. Y porque aunque sea lógico que la justicia actúe contra los que rompen las reglas del juego, es injusto, muy injusto, que Junqueras duerma en prisión y Urdangarín en Suiza.

¿Saben que pasa? Que nos falta política. Que no nos queremos conformar con ser una tercera vía o ese grupo de gente que no están ni con unos ni con otros. Hay que vencer y convencer.

Hay algo muy claro en esta crisis, común a todas las crisis, y es que se están creando oportunidades políticas. Si lo piensan, los grandes logros de la historia, aunque hoy nos parezcan muy previsibles, no son más que coyunturas bien aprovechadas. Problemas que en su día la política transformó en oportunidades para que la gente hiciera suyo el cambio. Y hoy nos falta política.

Ya no hablo de quienes nos gobiernan (yo, como diría el sociológo Ramón Vargas, de la derecha ni hablo), sino de los que deberían de gobernar. De esos políticos que hablan de una España plural y democrática, pero que no están a la altura. Que parece que en vez jugar con las cartas que les han tocado, se ponen a divagar sobre las que, por justicia, les deberían de tocar. Hablo de una izquierda que nos hace sentir huérfanos con cada oportunidad que pierden.

Piensen una cosa: entre tanta confusión, todos vemos claro que de una España como la de Rajoy, cualquiera querría irse. Si a mi Galicia le enviasen 2.000 policías para frenar un referéndum, yo también me sentiría más gallego que español. E incluso pensaría en la independencia como forma de defender a mi gente. Pero no es el camino. Al final, en esto estamos todos: a Rajoy lo sufren los catalanes, pero también los andaluces siendo una de las regiones más pobres de Europa; y los madrileños, cada vez que hacen colas que duran horas en las consultas médicas; y los valencianos, desprotegidos ante las agresiones neonazis el día de su fiesta regional. En realidad, los problemas de los catalanes, también son nuestros problemas. Eso es lo que nos hace compatriotas. No es una bandera, ni siquiera una lengua: es que soñamos con la misma idea de país. Luchemos juntos, en vez de crear muros entre nosotros. Ahí está la gran oportunidad política de esta crisis, la de luchar juntos por una España mejor, de la que nadie quiera irse. Y no, los políticos que pueden hacerlo, no la están aprovechando.

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El único camino, seamos claros, es un acuerdo nacional entre PSOE, Podemos y los partidos independentistas. Ahí está el desafío de la izquierda española. Un acuerdo estratégico para conseguir un cambio en la Moncloa y construir vías de diálogo. Y no crean que es tan difícil: Lo primero, Iglesias y Sánchez deben dialogar. Y deben de intentar un diálogo justo, que beneficie a las dos partes. Podemos debería de aceptar la defensa de la unidad de España, a cambio de que el PSOE aceptase convocar elecciones anticipadas. ¿De verdad les parece tan complicado? Después, un segundo paso, sería plantear un programa de gobierno común, pactado con los partidos independentistas, en los que se reconocieran soluciones al problema catalán a cambio de que suspendieran temporalmente el procés. Llámenle referéndum, reforma territorial o como prefieran. Y por último, un tercer paso, dar la batalla electoral y ganarle las elecciones a Rajoy desde la unidad de la izquierda. Piénselo, la crisis catalana nos acaba de regalar una oportunidad histórica para que la izquierda, española y catalana, se una. No la dejemos pasar. Si los líderes que ahora nos representan no son capaces, exijamos nuevos liderazgos que estén a la altura. Que como dicen en mi pueblo, haberlos haylos.

En definitiva, no perdamos la oportunidad de ganar y construir una España que proclame “Viva nuestra Cataluña”, y una Cataluña que responda “Visca la nostra Espanya”. Porque créanme que aun perdiendo, y llevándonos un batacazo, no perderíamos más de lo que llevamos perdiendo durante meses. ______________

Javier González Sabín es socio de infoLibre

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