Corrupción renovable

Jesús Samperiz

Vista la actualidad de cada día, tendría que ser el sentido crítico y el convencimiento democrático de la población quien compensara la nula capacidad para la vergüenza y la ética social de que hace gala buena parte de la clase política. Pero no parece que esto vaya a ser posible.

Esta percepción es ya un estándar a nivel nacional con ramificaciones en Aragón. Y eso sin entrar en la sinrazón y la cleptocracia que se ha hecho cargo de las riendas de la política mundial. Cuando en la cúspide del planeta reinan: un senil genocida y un más senil criminal y pederasta, a los que hacen coro talibanes de las tres religiones del libro,.. qué podría salir mal.

Bajando a las Españas, también tiene lo suyo que la población en general y la conservadora en particular, se quede tan fresca cuando la gobernabilidad de tres comunidades autónomas se decidan en algún rincón de Madrid. Debe ser que el Estado de las autonomías le importa poco menos que nada a los votantes del Partido Popular. De los de Vox, con su política de la eternidad que se remonta a Don Pelayo como relato identitario de su desvarío ideológico, no se puede llamar nadie a engaño. Son lo que son, presumen de ello y lo que es peor, generan aceptación.

No deja de ser triste el escaso eco y credibilidad que tiene el modelo de Estado que aprobaron los españoles en la adulada constitución del 78 y como el centralismo autárquico gana espacio día a día. Mientras, extremeños, aragoneses y los que vendrán después, parecen aceptar sin remilgos los pactos de gobierno que acuerden los jefes de sus partidos. Cualquier persona sensata vería una burla a la democracia y a su carta magna para casi la mitad de los españoles que deberían quejarse por el secuestro de la voluntad que pusieron en su papeleta electoral. Pero reina el silencio mientras España camina hacia una franquicia del autoritarismo en expansión planetaria.

Y mirando a Aragón, tal vez habría que agradecer a Leyre Díez que su investigación por corrupción en el marco de los casos que afectan al PSOE, haya permitido sacar a la luz toda la podredumbre de Forestalia. Algo que, desde los colectivos críticos a la gestión de la implantación de energías renovables, se ha venido denunciando desde que la ola de centrales solares y eólicas se convirtiera en tsunami. Un tsunami que la administración no quiso acometer y que los medios de mayor difusión aplaudían y bendecían (lo siguen haciendo), como ejemplo de desarrollo territorial y oportunidad de oro para Aragón.

España camina hacia una franquicia del autoritarismo en expansión planetaria

Parece que ahora, (UCO mediante) personajes de primera y segunda línea de la política aragonesa han sido mostrados como lo que son: facilitadores de negocio ajeno, previo cobro de su importe, y emprendedores de negocio propio cuando las circunstancias lo permiten. Personas y personajes que ya estaban y mandaban cuando Aragón iba a ser el mayor casino/prostíbulo de Europa o cuando bajo el paraguas de la colaboración público-privada, el Plan Aragonés de Saneamiento y Depuración de las Aguas se tornó en centro de negocio para empresas del hormigón y consultores de cartón.

Desde un vicepresidente de gobierno de coalición PSOE-PAR con su lista de colaboradores, dos directores del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) y toda una pléyade de cargos intermedios con sus respectivas camarillas, parecen haber salido del armario de la corrupción. Bien es verdad que la misma fórmula de organismos autónomos a los que el gobierno aragonés encarga la gestión de políticas sectoriales (como el INAGA), es sospechosa de soslayar lo que podría ser un estatuto de la función pública independiente de veleidades partidistas. Pero cuando el espectáculo supera a la gestión, la racionalidad se evapora y las veleidades están al orden del día.

En esta feria de las vanidades perenne de la política, resulta una bocanada de aire fresco que las fuerzas del orden, efectivamente, pongan algo de orden en el triste espectáculo de la realidad cotidiana con la esperanza de que una población informada y formada imponga su convencimiento democrático.

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Jesús Sampériz Maluenda es socio de infoLibre.

Vista la actualidad de cada día, tendría que ser el sentido crítico y el convencimiento democrático de la población quien compensara la nula capacidad para la vergüenza y la ética social de que hace gala buena parte de la clase política. Pero no parece que esto vaya a ser posible.