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Cuerpo a tierra

Antonio García Gómez

El virus dispara las ventas de armas y Trump declara las armerías “esenciales” para que no cierren en el confinamiento.

Parapetados para defender su existencia de miedo y odio en un cóctel aberrante que solo nos llevará al fin de nuestros sueños y utopías. Los unos contra los otros, a muerte, y viceversa, armados hasta los dientes, hasta que logremos quedarnos solos, los buenos contra los malos, hasta cuando ya no quede nadie a quien matar y entonces, tal vez, decidamos acribillarnos a nosotros mismos, habiendo mantenido las distancias contra los sospechosos que ya somos todos.

Hoy he visto a un sin techo en Madrid, uno de los resistentes que aún quedan en las calles vacías, habiendo logrado quedarse en ellas si mantiene las distancias de seguridad, desolado porque ya no se encontraban ni colillas. Aunque aún quedaban abiertos los baños públicos en la glorieta de Embajadores, una ducha por cincuenta céntimos, teniendo ocasión de poder coincidir con algún otro colega y poder charlar un poco, claro que manteniendo las distancias, confiesa que ya lleva mucho tiempo sin comer caliente y que ya solo engulle bocadillos gracias a algunos “solidarios” que aún tienen tiempo para dejarle algunas monedas.

Y es que todo está muy chungo y ya solo hacen que pasear y sentir el “flipe” de verse a solas con las avenidas vacías. En el mismo mundo en que los que más miedo tienen se aferran a sus polvorines a buen recaudo, apuntando hacia cuanto se mueva y sea susceptible de ser abatido. Porque se han pertrechado de máquinas de matar, tal vez para ser ¿solidarios con el virus?, en una carrera a ciegas por emponzoñar aún más este mundo que se nos autoliquida.

Y entretanto miles y miles de familias que ya se han acabado de “comer” sus magras reservas, mientras el personal se gasta el dinero en alcohol y picoteo dulce y salado, suspirando porque “papá Estado” esta vez se acuerde de todos, a manos llenas, tras haber sido cicateros, los ricos y poderosos dando ejemplo de insolidaridad, ahora que exigen generosidad suma. Mientras exigen la regla de tres inviable, para que se anule la aportación y fiscal y el Estado dé lo que no tiene sin guardarse ni una carta, para ver si de paso ellos, los generosos con el dinero de los demás, loran volver a tocar y ostentar poder. Hasta entonces harán bien en armarse, parapetarse, atrincherarse, encerrarse, dejando al cuidado de nuestras calles vacías a los irreductibles “sin techo” que no quieren acudir a los albergues y están desesperados porque echan el falta el trajín del gentío, el mismo que “no les veía” pero que al menos dejaban estelas de colillas.

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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