Héctor de Miguel y los “hooligangs”
No. No me he equivocado. He escrito “hooligangs” a propósito. Y ahora lo voy a escribir bien para decir que se cree que la palabra hooligan podría tener su origen en el apellido irlandés de una familia de pendencieros londinenses y que empezó a utilizarse para calificar a hinchas de fútbol violentos en la década de los sesenta.
Seres de apariencia humana que practicaban la violencia de masas, refugiados en la impunidad del grupo, con una estética concreta, ruidosos y más pendientes de intimidar al rival que de jugar.
Pero no, los que quebraron a mi amigo y compañero Héctor no fueron hooligans, fueron “hooligangs”. Porque a todo lo anterior hay que sumar organización, objetivos y jerarquías. Esto es “gang”.
Así que de este cruce entre “hooligan” y “gang” sale una amorfa y pestilente masa fascista con presencia callejera y mediática, que actúa con el objetivo de ocupar espacios de información.
Con la decisión tomada por Héctor vemos una vez más que en España hacer chistes sale más caro que amenazar de muerte.
Pero ya está bien, es hora de poner pie en pared. Los cómicos y las cómicas no podemos tolerar más amenazas de matones mediáticos fascistas y neonazis a sueldo por el PP y por Vox que pretenden callar a las voces progresistas e imponer sus berridos azulones.
Esas voces que denuncian las mentiras del “facherío” con ironía y que caricaturizan su infame ideología con sarcasmo y contra las que cargan, dicen, amparados en la libertad de expresión que aseguran, ojo a esto, que no existe. ¿Contradicción? Más bien cinismo canalla no exento de trazas de incultura y necedad.
Al fascismo le importa una mierda ganar el debate, no busca convencer: busca agotar, sacar del campo al rival por lesión psicológica
Hay que poner pie en pared, sí. Pero también es necesario que el Estado actúe investigando, persiguiendo, sancionando y protegiéndonos de esas bestias que nos señalan, nos insultan y nos amenazan. Unas bestias que existen porque existen los Ndongo, los Quiles y los Negre. Unos Ndongo, unos Quiles y unos Negre que existen porque existen los Feijóo, los Tellado, los Abascal y los Antelos.
Empezaba hablando en términos futbolísticos y terminaré igual. Porque al fascismo le importa una mierda ganar el debate, no busca convencer: busca agotar, sacar del campo al rival por lesión psicológica. No es juego duro, es patada sin balón. Porque quiere jugar solo, que es lo que le gusta del deporte de la política.
Y lo peor es que algunos árbitros han normalizado el insulto y el acoso como parte del juego pero solo para un equipo. Y si tarjetas caen solo hacia un lado al final solo quedará el equipo de los malos.
Cada voz que se apaga no es un problema individual, es una derrota colectiva de la pluralidad. Porque un estado donde solo se escucha a una grada, no es democracia. Héctor, descansa todo lo que necesites, pero vuelve al partido. Te necesitamos. Pero, sobre todo, te queremos.
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Alfredo Díaz es socio de infoLibre.