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¿Intimidados por el consentimiento?

Antonio García Gómez

Según aducen algunos “ejemplares” de nuestra derecha de cada día, frente a la aprobación de la ley que niega el abuso y lo constituye como agresión cuando no exista un consentimiento explícito, naturalmente, de la mujer. Frente ello, teníamos la figura del “pasivismo”, que tan bien les iba a muchos machos montaraces, cuando era la mujer la que debía contar y volver a contar, demostrar y volver a demostrar que no había llevado a engaño a los machotes que debían haber mal interpretado ciertas “señales”, solo percibidas por tales energúmenos, como para no terminar exculpándolos o atenuando su responsabilidad.

Y siempre, con ese retraso de unos veinte años con los que la derecha llega a aceptar lo inevitable y lo actualizado, lo humano y lo digno, desde aquella ley de divorcio que tanto incomodó a la derecha y que iba a acabar con “la institución matrimonial”, hasta cualquier avance posterior, principalmente cuando afecta a la mujer y se tocan las alarmas, viéndose privados los “machitos” de sus prevalencias.

Como ahora mismo sucede, cuando se han visto impelidos a mostrarse ¿intimidados?... ante la posibilidad de que sea la mujer quien otorgue el consentimiento a cualquier relación sexual, en este caso, y deje de ser “una cosa” sujeta a complacer y a practicar los códigos admitidos por el género masculino... con lo bien que hacían ellos manoseando “la mercancía”.

Porque ellos “lo deben de valer”, frente a la mujer que habrá de callar, soportar y hasta mostrar que, en el fondo, muy en el fondo, les gusta

Y se atreven, pues, a aducir esa “intimidación” que ya temen, que ya se inventan, que ya aplican como venda antes de la herida, porque temen, efectivamente, que se ponga en entredicho su prevalencia torpe e injusta, porque muchos creen que les iría mejor con la masculinidad puesta en el alero de “los derechos de pernada”, tomados como derecho, prebenda y privilegio.

Porque ellos “lo deben de valer”, frente a la mujer que habrá de callar, soportar y hasta mostrar que, en el fondo, muy en el fondo, les gusta, tan modosita una mujer que sepa que mejor estaría “calladita”.

Y pretenderán volver a hacernos “comulgar con sus piedras de molino”, presentándose como víctimas, una vez más, prestos a la dentellada machista ante la menor debilidad, aunque la ley ya sea clara y contundente, evolucionada y humana, más allá de los géneros y sus convenidos atajos, siempre que favoreciesen a los “más brutos” del lugar.

Apeada, entonces, la mujer, de la urna magreada por tantos innobles machistas, ahora pueden sentirse intimidados, pobrecillos, por verse frente a frente a aquella, ser humano equiparable a otro ser humano, tal vez afeada ante los ojos de quienes solo querían a la mujer como trofeo.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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