Busco en mi lado más dark un texto que me lleve a alguna parte. Tal vez a la muerte. Buscar un algoritmo perfecto de los que no te dan opción a reacción. A media puerta de la UCI. Como si morir mañana en Gaza no fuese opción. La gente no quiere textos tristes. Solo necesitan sus smartphones en vena. Los muertos son irrelevantes. Todos.
Reino Unido, Francia y Alemania pretenden movilizarse contra las posturas de Estados Unidos e Israel con el fin de parar la catástrofe humanitaria en Gaza. No se puede parar, ni de coña. No mientras siga vivo Netanyahu, y mucho menos justificar la muerte de 59.000 palestinos. De ellos, al menos 154 de hambre. Todo el mundo cree en Dios cuando se mueve el avión. No es más que miedo, miedo a morir fumando por los cuatro costados. Con el visor del francotirador echando humo, mientras caen aplomadas víctimas civiles en la Franja de Gaza. No se puede. No hay milagros. Aquí no.
Aquí no hay milagros. Aquí se muere rápido o agónicamente. Todo depende del factor suerte
Aquí, en el infierno creado por Netanyahu pueden morir 40.000 bebés y 60.000 niños en cuestión de días por el desabastecimiento. Aquí no hay milagros. Aquí se muere rápido o agónicamente. Todo depende del factor suerte. A carita de perro.
“La UE tiene los medios, la legitimidad histórica y la responsabilidad de actuar. No puede limitarse a pronunciar discursos dolidos mientras los niños de Gaza mueren diariamente de hambre o bajo los escombros” (‘Europa ante Gaza’. Diego García-Sayan)
Atardece a 3.368 Km del infierno. Una cerveza fría y medio cigarro me devuelven a la comodidad del artículo, mientras a media puerta de la UCI agoniza cualquier atisbo de esperanza. La muerte sigue presente en mi lado dark. No hay milagros. Allí no.
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Pako Martí es socio de infoLibre.
Busco en mi lado más dark un texto que me lleve a alguna parte. Tal vez a la muerte. Buscar un algoritmo perfecto de los que no te dan opción a reacción. A media puerta de la UCI. Como si morir mañana en Gaza no fuese opción. La gente no quiere textos tristes. Solo necesitan sus smartphones en vena. Los muertos son irrelevantes. Todos.