¿Qué puede pasar en Cuba? Morir en la arena

Julián Lobete Pastor

“¿Qué puede pasar en Cuba mañana, la semana que viene? ¿Asfixia, agonía, colapso? Lo más terrible es que puede ocurrir lo peor, porque lo peor está sobre la mesa de la realidad del país", dice el escritor cubano Leonardo Padura en un artículo de opinión en el diario El País, el 15 de febrero pasado. 

Utilizo este artículo y pasajes de su última novela Morir en la arena para describir lo que está ocurriendo en Cuba y tratar de explicar cómo se ha llegado hasta aquí. 

“La política de máxima presión aplicada a Cuba por la Administración estadounidense (que podemos calificar de rodilla en el cuello, añado) ha generado efectos inmediatos en un país que desde hace años vive entre crisis”, comenta Padura. 

Sería ingenuo pensar, dados sus antecedentes, que a Trump le interesa restaurar la democracia en Cuba o que le importan algo los cubanos, excepto aquellos a los que representa Marco Rubio. Lo que ha hecho el presidente norteamericano y previsiblemente vaya a hacer es una política criminal, al igual que lo ha sido el bloqueo de la isla desde 1959. 

No obstante, sería negar la realidad quedarse en la condena del bloqueo, si nos olvidamos de las responsabilidades enormes del régimen castrista incapaz de evolucionar durante años y que ha arrastrado al pueblo cubano al exilio o a una situación de emergencia humanitaria. 

Morir en la arena

La situación actual de los cubanos está muy bien reflejada en la reciente novela Morir en la arena (publicada a finales de 2025) por Padura, quien vive en Cuba y narra vivencias de ahora mismo. 

Algunos de los personajes son jubilados como Rodolfo, de 70 años, jubilado de contable en un organismo municipal de La Habana. 

Y bueno, ¿qué vas a hacer ahora?, le pregunta su psiquiatra que le trata desde que volvió traumatizado de su experiencia en Angola. “Sobrevivir hasta que me canse, le contesta Rodolfo… esto de trabajar toda la vida para ser más pobre y tener que seguir trabajando para no morirme de hambre… de custodio nocturno, en la casa de algún nuevo rico, de jardinero, de pintor de brocha gorda, en lo que aparezca y yo pueda… aunque ahora nadie pinta porque no hay pintura y en mi barrio nadie arregla los jardines para qué… voy a ver si le hace falta un contable al hijo de un amigo que tiene varios negocios y ahora es rico. No sé qué hubieran pensado tus padres los comunistas convencidos. Mira las cosas que estamos viviendo. Ellos tan seguros del progreso social, del ascenso de la historia hasta la sociedad de los iguales, ¿no?” 

Rodolfo se pregunta qué es lo que explica “que ahora estemos tan jodidos, que este país se esté quedando vacío, que la gente tenga que arañar casi las paredes para comer todos los días”, y añade “o la cuestión es el poder, no soltar el poder, eso es lo que de verdad les importa”. 

Otro personaje jubilado es Pablo el Salvaje, ingeniero formado en la Unión Soviética que, “después de sus años de estudios, de otros años empleados en la construcción de la central atómica que nunca existió, de convertirse por otros veinte años más en guía de turismo para los rusos postsoviéticos que comenzaron a viajar a la isla y de alcoholizarse con ellos otro poco más, al fin se había jubilado cuando le correspondía hacerlo”.  

Y el caso es que ahora cuando ya era un anciano o un viejo cagado, aclaró Pablo, el superespecialista en fusión atómica no vivía de su pensión ingenieril o turística", sino de una recomendación de Humberto Fumero, el Padrino, que había mediado con el pintor Adigio Montero para que éste le contratara como custodio nocturno, jardinero, elaborador de bastidores de madera y hombre de confianza para la adquisición de frutas y verduras. Cien dólares al mes, comidas, café y algún regalito… Sí, tres dólares al día, una fortuna en Cuba”. 

Sería ingenuo pensar, dados sus antecedentes, que a Trump le interesa restaurar la democracia en Cuba o que le importan algo los cubanos, excepto aquellos a los que representa Marco Rubio

Al rememorar con Rodolfo cómo se había llegado a la situación actual, Pablo comenta que pasaron muchas cosas “pero no supimos ver las señales. Estábamos ciegos o nos habían llenado la cabeza de consignas mierderas y yo me las creí todas, compadre… la Historia, la que lleva la H con mayúscula nos aplastó, a unos más que a otros, como dijo Orwell, y yo como seguía siendo un creyente no supe ni pude reciclarme..”. 

La crisis social, económica y psicológica de hoy

Un personaje central de la novela es Geni, parricida y hermano de Rodolfo, que sale de la cárcel en 2023. Su amigo Fumero, escritor que le ha visitado desde 1992, se pregunta cómo verá a la Cuba actual el presidiario. 

Su libertad se producía, reflexiona Fumero, cuando el país volvía a estar en otra crisis, tal vez más extraña y profunda que la de 1992, “porque no afectaba sólo a nivel económico y social; se trataba de una crisis también espiritual, de credibilidad, de pérdida de fe y esperanzas e imposibilidad de entrever la luz al final del túnel pues ya ni se sabía si existía el famoso túnel”. 

Rodolfo, inquieto por la salida próxima de su hermano, se despierta temprano, a la misma hora que cuando trabajaba y “contempla en su barrio ante sus ojos… cómo el intenso tráfico humano en curso ilustraba el desarrollo de la batalla diaria que debían cumplir aquellas personas: la de la sobrevivencia. La gente salía a intentar arreglarse el día –a bucear decían algunos– casi nadie sabía bien cómo y menos aún cuánto, pero asumiendo que la pasividad se castigaba de manera muy drástica, y por ello emprendían la misma lucha que la jornada anterior y también emprenderían la posterior, como lo hacían ya desde no se sabía cuándo y lo deberían hacer en un tiempo futuro que nadie podía medir”. 

La situación actual no sólo provoca un exilio de los jóvenes y no tan jóvenes, entiende Padura a través de Rodolfo, sino también que “tantos otros invierten sus días, hasta agotarlos muchas veces, bebiendo los alcoholes de la desmemoria, de la desconexión, o se pasaban al consumo de otros remedios que en pocas semanas les fundían las neuronas que aún podrían contabilizar”. 

Intentan entender Rodolfo y Padura, “por qué tantos otros se dejaban vencer y optaban por la marginalidad, el vacío de expectativas, el ver pasar el tiempo sin mirar el reloj, dedicados a consumir lo que hubiera a mano: sexo, desidia y ahora ese tremebundo reguetón que se escuchaba por todas partes. Y entre lo entendido y lo difícil de entender, pudo concluir que ante sus ojos, ya deslumbrados por el sol, se armaba el mapa de una parte demasiado grande y atiborrada de una sociedad cada vez más distópica ¿De verdad aquello parecía Haití?”  

Cómo hemos llegado hasta aquí

Otro de los personajes de la novela es el escritor Fumero, ya citado, padre de Humbertico, uno de los nuevos ricos gracias a las mipymes y negocios varios. 

Para Fumero fue en 1971 en el Congreso de Educación y Cultura donde se aprobaron las tesis y las políticas que estipularon quiénes podían ser y quiénes no artistas representativos en el país de la revolución, trabajar como docentes en un régimen socialista, ser jóvenes militantes aspirantes a la condición de Hombre Nuevo. 

Para Fumero, el terror social y psicológico que aquel congreso sembró en el mundo cultural de la isla…” se había convertido en algo así como un magma sólido, caído desde las cumbres, una masa pesada que no se podía cortar ni con una sierra eléctrica y que había cubierto todos los espacios calcinando cualquier posible divergencia “. 

Tal vez esa apreciación explique por qué después de la caída de la Unión Soviética, los dirigentes cubanos se empeñaron en mantener en Cuba un sistema soviético, sin el apoyo de aquél, empeño que hundió al pueblo cubano en la crisis de 1992, y a la que se siguieron encadenando otras crisis, hasta la tremenda situación de hoy que Padura describe en la novela Morir en la arena

Trump no va a ayudar al pueblo cubano a salir de la crisis, sino a hacer negocios junto con los cubanos de Miami. No sabemos si el modelo seguido en Venezuela de pactar con los que tienen el poder a cambio de petróleo se seguirá en Cuba con los recursos que la isla puede aportar. 

Ojalá que no sea así y que el verdadero beneficiario de la salida de esta crisis sea el pueblo cubano desde una salida democrática y beneficiosa en lo económico y social. 

Mientras tanto lean Morir en la arena

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Julián Lobete Pastor es socio de infoLibre.

“¿Qué puede pasar en Cuba mañana, la semana que viene? ¿Asfixia, agonía, colapso? Lo más terrible es que puede ocurrir lo peor, porque lo peor está sobre la mesa de la realidad del país", dice el escritor cubano Leonardo Padura en un artículo de opinión en el diario El País, el 15 de febrero pasado. 

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