Probar antes de decidir: una propuesta de Estado para la educación española

Pilar Miñana

España no necesita otra reforma educativa basada en intuiciones, ideologías o cambios de gobierno. Necesita algo mucho más sencillo —y a la vez más exigente—: probar con rigor aquello que podría mejorar realmente el aprendizaje y el bienestar del alumnado.

Los síntomas son conocidos y persistentes. Aumenta el malestar emocional en niños y adolescentes, el profesorado muestra signos claros de agotamiento estructural y el sistema sigue teniendo dificultades para atender la diversidad real del alumnado. No se trata de falta de compromiso. Se trata de un modelo organizativo diseñado para una escuela que ya no existe.

Ante este escenario surge la propuesta del Ecosistema de Aprendizaje Dinámico (EAD). No es una reforma ideológica ni una metodología alternativa como Montessori. El EAD no es un método pedagógico cerrado. Es un marco organizativo público, pensado para ser probado como piloto estatal, con evaluación externa y criterios claros de continuidad o reversión.

La evidencia científica es clara: el estrés crónico, la ansiedad y la desregulación emocional dificultan el aprendizaje profundo

El EAD se articula sobre cuatro principios.

El primero es que aprender mejor no es aprender menos. El modelo mantiene los currículos oficiales y la exigencia académica, pero reorganiza tiempos, espacios y procesos para que los alumnos puedan alcanzar los mismos objetivos sin quedar excluidos por su ritmo, perfil o circunstancias.

El segundo principio es integrar el bienestar emocional como condición de aprendizaje. La evidencia científica es clara: el estrés crónico, la ansiedad y la desregulación emocional dificultan el aprendizaje profundo. Atender el bienestar no es ideología ni moda; es eficacia educativa.

El tercer eje es el profesorado. Ningún sistema educativo mejora si quienes lo sostienen están al límite. El EAD propone una reorganización del trabajo docente que reduzca la fragmentación, fomente la colaboración y disminuya la sobrecarga burocrática sin exigir más sacrificios personales.

El cuarto principio es el más importante: evaluar antes de decidir. El EAD no se plantea como implantación general, sino como piloto público, limitado, evaluado y reversible. Si no funciona, se descarta. Si mejora resultados académicos, bienestar y sostenibilidad docente, el Estado podrá decidir con datos, no con opiniones.

Esto es lo que diferencia al EAD de muchas reformas educativas del pasado. Probar no es imponer. Evaluar no es ideologizar. Decidir con datos es gobernar con responsabilidad.

La educación no necesita más trincheras. Necesita instituciones capaces de aprender de sí mismas.

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Pilar Miñana es socia de infoLibre.

España no necesita otra reforma educativa basada en intuiciones, ideologías o cambios de gobierno. Necesita algo mucho más sencillo —y a la vez más exigente—: probar con rigor aquello que podría mejorar realmente el aprendizaje y el bienestar del alumnado.

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