Solo se habla de Irán cuando los ogros occidentales rugen

Irán es un extenso territorio rico en combustibles. El país alberga más de 90 millones de habitantes, casi la mitad mujeres. Al decir de la gente que sabe, todo por allí parece el mundo de la sinrazón. En esta entrada quiero sobrevolar el hipotético ámbito ecosocial iraní ligado al Cambio Climático (en adelante CC). ¡Qué ocurrencia! Pues sí. Lógicamente será un hablar casi de oídas, sujeto a muchas dificultades. Por eso me voy a imaginar un Irán dibujado y comprendido por diversos grupos de investigación y publicaciones científicas. Intento entender si una parte de la crisis actual, de las muestras de descontento de la población, no tienen que ver con alguna de las consecuencias del CC.

¿Quién sabe qué es Irán hoy? Sin duda, muchos sufrimientos y escasas satisfacciones para su población, qué decir para las mujeres. Señalemos de entrada que me apoyo en Inside Climate News. Se cuenta en un artículo firmado por Katie Surna (14/01/2026). Queda encuadrado en la sección “Justicia y salud”, que visto desde nuestra cultura occidental tiene relación, diacrónica muchas veces. No me cuesta imaginar lo que sucederá por allí. Reproduzco mensajes casi apocalípticos:

"El régimen iraní ha sobrevivido a la guerra, las sanciones y las revueltas. Quizás las crisis ambientales podrían derribarlo.

Décadas de agotamiento del agua, construcción de presas y represión de científicos y ambientalistas han llevado a Irán hacia crisis ecológicas que alimentan protestas que sacuden al país."

Las revueltas ciudadanas recientes parecen provocadas por dos cuestiones básicas: el colapso económico (con sus variables ecosociales) y el hartazgo de la represión política (causa y efecto de las dictaduras, sean religiosas o no). Pero pocos analistas dudan que detrás de las devaluaciones monetarias y los enfrentamientos callejeros empuja una variable más profunda y permanente: la catástrofe ecológica.

La situación no es nueva. Han pasado décadas de ignorancia hacia los científicos; se ha perseguido al activismo ecosocial. Además, se han llevado a cabo proyectos de desarrollo corruptos. Tal es así que han desencadenado una crisis hídrica extremadamente grave. De tal tamaño que el presidente Masoud Pezeshkian avisó a los residentes de Teherán que podrían verse obligados a evacuar la capital, que se hunde a medida que ceden los acuíferos secos.

No importa que el ogro occidental ruja para quitarle al pueblo iraní petróleo y otras riquezas

El coste humano es asombroso. El deterioro de las infraestructuras, el mal diseño de los sistemas de riego y la sobreexplotación de los acuíferos han impedido que los agricultores cultiven con eficacia. Lo cual ha motivado migraciones masivas y el racionamiento de suministros básicos en las ciudades. La consecuencia humanitaria es tremenda: decenas de miles de personas, incluidos niños, mueren prematuramente cada año a causa de la grave contaminación del aire y el agua.

La crisis de contaminación atmosférica es letal. Lo saben bien quienes lo padecen en Teherán, Isfahán, Karaj, Tabriz, Mashhad y Ahvaz. Los registros de calidad del aire allí se mueven entre los rangos insalubre, muy insalubre e incluso peligroso. Teherán se encuentra entre las ciudades más contaminadas del planeta. En momentos determinados se ha optado por el cierre generalizado de colegios; a la vez se han suprimido servicios públicos y han aumentado con fuerza los casos respiratorios y cardíacos. La indignación pública ha crecido.

Para colmo, la dependencia del mazut, un fuelóleo pesado con un alto contenido en partículas y azufre, hace de respirar un envenenamiento continuado. Aún hay más. Los vehículos de Irán son de los más antiguos de la región. De hecho, más del 70% de las motocicletas de Teherán tienen más de veinte años. Solo con esto, el tráfico ordinario genera un daño desproporcionado. Además las políticas gubernamentales mantienen los precios del combustible artificialmente bajos. Lo cual provoca acumulación de emisiones en entornos urbanos densos, que tienen una circulación de aire limitada.

En realidad casi todo lo ecosocial se resiente: pobreza, desigualdad, opresión de clase, abuso de género, presión sobre las etnias no gobernantes; además de crisis hídricas y ambientales. “Todas estas calamidades son consecuencia directa de un sistema corrupto y desgastado”, al decir del comunicado que emitieron en diciembre los activistas estudiantiles.

Las protestas actuales, que estallaron a finales de diciembre, son las más grandes desde 2022-2023. El gobierno ha respondido con un apagón de comunicaciones, cortando el acceso a Internet en todo el país; han abundado las violentas medidas represivas. Varias ONG estiman que miles de personas han sido asesinadas y aún más arrestadas. Irán tiene desde hace tiempo un historial de ejecuciones de manifestantes, a menudo mediante ahorcamientos públicos.

Nos quedamos con el titular de aquella noticia publicada en Euronews que sintetizaba en parte la tragedia ecosocial: Irán estalla cuando la crisis climática convierte las protestas en una lucha imprescindible por sobrevivir.

Habrá que volver a leer Persépolis, de Marjane Satrapi, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. El Irán de las personas apenas se conoce. Pero sí la muerte de Mahsa Amini, tras ser detenida por llevar mal puesto el velo. Habrá que escuchar lo que nos dice  la premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi. Acosada por “la justicia iraní”, mantiene la palabra viva. Denuncia continuamente las violaciones de derechos humanos en Irán; entre ellas la aplicación de la pena de muerte o la violencia contra las mujeres que no usan el velo islámico obligatorio.

Como sucede siempre, las y los iraníes lamentarán que el resto del mundo los ha dejado solos. Tras la brutal represión de las protestas, que reclamaban una mejoría de la vida ecosocial; ni más ni menos. No importa que el ogro occidental ruja para quitarle al pueblo iraní petróleo y otras riquezas.

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Carmelo Marcén Albero es doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y especialista en educación ambiental.

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