El objetivo está claro. Ahora toca renunciar. Sin olvidar cada ideología, llega el momento de priorizar, de decidir no solamente quién se presenta sino también con qué programa se presenta.
Antecedentes ha habido, aunque los resultados no fueron los esperados. Al menos para algunos. Si el primer ministro canadiense Mark Carney se mostró partidario de que unirse da fuerza frente a Donald Trump, en España no parece que sumen bien personalidades y programas. Claro que hay ejemplos de distintos estilos y métodos. Tanto en la izquierda como en la derecha. Por un lado la ideología está subsumida en un partido, que asume las prédicas más o menos radicales de otros. Por eso la ultraderecha apenas aparece en algunas comunidades donde la derecha utiliza su ideología.
En la parte ideológica de la izquierda los movimientos van por otro lado. Parece que las propuestas del partido mayoritario las asume un minoritario y los votos han ido del menor al mayor, al menos en ciertas comunidades, por eso suele ocurrir que en una coalición el menor va perdiendo valor y en las siguientes elecciones deja muchos votos y muchos puestos.
Aunque el minoritario es más atrevido y promueve las leyes más avanzadas porque el mayoritario no se atreve a cumplir en algunas materias y el pequeño, más radical, sí se atreve. Pongamos que en un Consejo de Ministros se consensúan las propuestas de ambos coaligados, lo que no significa renunciar a unas ideas, y sí buscar un límite por abajo que atraiga al elector.
El mantenimiento de la democracia tiene su peaje porque la democracia no es un sistema fijo, permanente, hay que sostenerlo, mantenerlo vivo cada día
Entiendo que la propuesta hecha por Gabriel Rufián consiste en que en cada comunidad o distrito electoral los partidos a la izquierda del Partido Socialista consensúen un candidato único (en una jurisdicción ganará uno, en otra ganará otro, según su implantación) y Rufián en la suya, en una provincia de Cataluña, no se iba a presentar en varias, claro. Las palabras del diputado de ERC fueron esquemáticas, lo que provocó cierta confusión inicial. La concentración en una candidatura agrupa votos e ideologías, que se convierten en escaños luego. Claro que la izquierda en este país es toda matices y será muy difícil alcanzar acuerdos, sin pensar que los matices se han de dar una vez elegidos. Así se entiende la derecha, una vez conseguidos los escaños.
Es decir, toca renunciar. En cuanto a personal y en cuanto a ideas o métodos. Es mejor tener detrás un grupo asesor, aunque no sea ideológicamente compacto, que no tener escaño. Quizá sea un posibilismo excesivo pero puede ser un modo de conseguir frenar a la ultraderecha. El mantenimiento de la democracia tiene su peaje porque la democracia no es un sistema fijo, permanente, hay que sostenerlo, mantenerlo vivo cada día. El poder económico busca apropiarse de él y arrebatarlo al ciudadano, por lo que hay que luchar contra ese intento de apropiación. Eso es lo que nos queda.
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Fernando Granda es socio de infoLibre.
El objetivo está claro. Ahora toca renunciar. Sin olvidar cada ideología, llega el momento de priorizar, de decidir no solamente quién se presenta sino también con qué programa se presenta.