INCENDIOS forestales
Relatos precarios de bomberos forestales: "Hacemos guardia en un silo con palomas y ratas"
Es difícil de creer, pero los bomberos forestales son probablemente uno de los colectivos más precarizados en España, pese a tratarse de una profesión de alto riesgo y la última línea de defensa de los municipios rurales amenazados por el fuego. "¿Cuánto tiempo tienes?" es la respuesta habitual cuando se les pregunta por las condiciones en las que trabajan, con situaciones a cada cual más surrealista.
A este panorama hay que añadir los problemas de fondo que sufren desde hace décadas: sueldos irrisorios que rozan el salario mínimo, una categoría profesional no reconocida que impide saber siquiera cuántos bomberos hay en España, enfermedades profesionales no reconocidas pese a que están expuestos al 90% de las que aparecen en la ley, turnos en los que no saben cuántas horas van a trabajar y complementos de peligrosidad o nocturnidad que a menudo no se pagan.
Estos problemas no se dan en todas las regiones ni en todos los cuerpos, pero sí afectan a buena parte de los bomberos de Castilla y León, Murcia, Castilla-La Mancha, Andalucía y otras comunidades. La responsabilidad de estos abusos es mayoritariamente de los gobiernos autonómicos, aunque el Ministerio de Trabajo tiene tareas pendientes en la regulación de tiempos de trabajo, la prevención de riesgos laborales y el reconocimiento de enfermedades profesionales.
Este lunes, los bomberos forestales se manifestarán en Madrid para denunciar este cóctel de abusos. A continuación se recogen cuatro testimonios de bomberos forestales, todos ellos sindicalistas, sobre cómo es su día a día.
"Trabajamos en un silo con ratas"
Andoni Corrales, bombero forestal en Borja (Zaragoza), pasa su jornada en un antiguo silo de grano junto a su cuadrilla, esperando a que llegue un aviso por incendio. Las condiciones que describe son tercermundistas. "Tenemos una colonia de palomas en el tejado que lo llenan todo de cacas y también se meten ratas. Pero tenemos suerte de tener agua corriente y luz, porque otras cuadrillas de por aquí ni eso", afirma. En su primera semana, Corrales sufrió una fuerte infección que le dejó ingresado en el hospital y que atribuyeron a los excrementos de paloma.
Aun así, no es ni mucho menos la cuadrilla más precaria de su zona. En Tarazona no tienen agua corriente ni luz. "Imagínate cuando terminan una extinción de madrugada, se tienen que cambiar en la calle poniendo las luces del coche", añade Corrales. Y todavía peor es en Mesones de Isuela, donde la oficina es el campo de al lado del pueblo. "El punto de encuentro es la plaza del pueblo, y de ahí se van a la chopera. Si tienen que hacer un curso, lo dan ahí, al aire libre".
Casos como estos no son excepcionales. En zonas rurales de todo el país es habitual que los bomberos forestales que están de guardia pasen jornadas de diez horas en casetas sin electricidad ni agua potable, y mucho menos aire acondicionado. Además de incumplir las normas mínimas de salubridad, estas condiciones ponen en riesgo su salud porque tienen que lavarse y ducharse en casa, exponiéndose ellos y sus familiares al hollín y al cóctel de elementos cancerígenos que quedan adheridos a los EPI después de una intervención. En el caso de Borja, ni siquiera tienen váter y cuando necesitan ir al baño, van al campo.
Buscando bomberos entre los desempleados del SEPE
Gloria Sánchez, bombera en el dispositivo de Castilla-La Mancha, señala que en su comunidad las vacantes de extinción que se abren en verano para la campaña de alto riesgo se cubren llamando a desempleados inscritos en la lista de empleo autonómica. Muchos de los aspirantes nunca han estado en un incendio.
"Con la precariedad de contratos que tenemos en GEACAM [la empresa pública de medio ambiente] se termina cogiendo a gente del SEPE y se les da un curso de extinción de incendios forestales", explica la bombera. "Por ejemplo, el año pasado dirigí una cuadrilla y tenía a un chico que entró por esta vía que no podía subirse al camión si yo no estaba, porque necesitaba vigilancia continua", añade.
Esto ocurre porque los sueldos tan bajos –a veces rozando el salario mínimo– que no hay candidatos para cubrir las plazas, a lo que se suma el requisito de vivir a 100 kilómetros del punto de reunión, lo que limita todavía más las contrataciones. En todo caso, no es una situación exclusiva de Castilla-La Mancha, sino que bomberos de otras comunidades autónomas han denunciado casos similares porque ponen en riesgo la vida de esa persona y del resto de compañeros.
Pasar el verano en un cubículo de cristal sin aire acondicionado
Diego Fernández de Valderrama, bombero de Castilla y León destinado en Segovia, destaca otro de las quejas habituales, las de los vigilantes de incendios, que pasan toda su jornada en una torre que a menudo no tiene agua ni electricidad, y mucho menos aire acondicionado. En verano, esa salita acristalada alcanza fácilmente los 38ºC, y en invierno, puede bajar hasta los 8ºC.
"En La Pinilla se accede al puesto con una escalera de metal que no cumple con las exigencias de seguridad. Una vez arriba te pasas diez horas en una caja de cristal que solo tiene un estor para protegerte del sol", cuenta el forestal.
"El dispositivo en Castilla y León es un desastre por todos los lados", sostiene Fernández, que recuerda que el puesto de vigilancia más importante de toda la comunidad, el de Sotillos de Sabero, que puede avistar incendios desde los Picos de Europa hasta Valladolid, lleva siete meses cerrado porque se cayó el techo y la Junta todavía no lo ha reparado.
Bomberos en Madrid que no pueden salir de la oficina
Las comunidades del PP que peor tratan a los bomberos exigen al Gobierno mejores condiciones para el colectivo
Ver más
Alfonso Ferrero, bombero forestal de la Comunidad de Madrid contratado como personal laboral, comenta que este grupo, que es una minoría dentro del dispositivo regional, está indefinidamente sin trabajo y pasa el día en la Dirección General de Emergencias, en Las Rozas, sin funciones.
Después de que la Comunidad de Madrid rompiese esta primavera las negociaciones para reconocer la categoría profesional de estos bomberos (clasificados formalmente en las categorías profesionales de conductores de taxi y técnicos de mantenimiento, aunque ejercen como bomberos forestales), este grupo de unos 30 efectivos rechazó acudir a sus retenes –sus puestos de avanzada– en señal de protesta y se mudaron a la sede de Las Rozas para trabajar desde allí. Sin embargo, como el Gobierno regional no les proporciona vehículos para acudir a los incendios, llevan un mes pasando allí sus guardias sin trabajo.
"En nuestros contratos pone que nuestro centro de trabajo es la Dirección de Emergencias, así que aquí venimos para que nos manden a donde haga falta, pero no nos dan medios para salir, así que aquí pasamos el día", cuenta Ferrero. También denuncia que las máscaras con las que trabajan llevan caducadas desde 2023 y que la comunidad no contabiliza los ciclos de lavado de sus trajes EPI, por lo que no hay manera de saber si también han caducado.