Homonacionalismo y cuando el que señala saca rédito de la agresión Daniel Valero 'Tigrillo'
Una agresión homófoba, física y verbal, al grito de “mariconas”, “bolleras”, “viva Franco” y “viva Vox”. ¿Las víctimas? Unas niñas de tan solo 14 años.
Sucedió hace unos días en Benialí, Alicante. No es el único caso reciente, y es incluso más habitual y más brutal en el caso de niños y niñas trans, como los casos de una niña de 13 años en Granada y otra hace unos meses en Valencia.
¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos llegado al punto en el que chavales tan tremendamente jóvenes han decidido formar parte de una campaña de odio organizado, agrediendo a quienes consideran diferentes y guiados por un partido, un lema, una ideología?
En España los delitos de odio aumentaron en un 23,6% en 2025 con respecto a 2024 y los agresores lgtbifóbicos son, según los datos oficiales y los de la FELGTBI+, cada vez más jóvenes.
El odio aumenta y, encima, quienes lo alimentan, lo aprovechan para pedir el voto a los agredidos asegurándoles que ellos les protegen. “Somos quienes quieren prohibir que entren migrantes, los verdaderos culpables de que haya más agresiones”.
Lo hemos visto repetido una vez más después de lo sucedido en Ceuta: políticos, periodistas y creadores alentando al odio contra migrantes y asegurando que cualquier ejercicio de humanidad hacia ellos ponía en peligros a mujeres y personas LGTBIQ+. Los mismos que defendían el genocidio a la población palestina argumentando que “Israel es el país más gay-friendly de los dos”, como si no estuviesen asesinando, también, a las población queer del país. Tan gay-friendly que asesinan a tanto gays como heterosexuales sin hacer distinción.
Y tiene un nombre: se llama homonacionalismo, una estrategia que han seguido varias de las extremas derechas europeas para ganarse el voto de parte de la comunidad LGTBIQ+ a pesar de legislar en contra de sus propios derechos. Algo tan sencillo como buscar una excusa gay-friendly a las políticas más imperialistas, racistas y xenófobas posibles, e intentar convencerte de que lo hacen para protegerte a ti.
¿Cómo hemos llegado al punto en el que chavales tan tremendamente jóvenes han decidido formar parte de una campaña de odio organizado, agrediendo a quienes consideran diferentes y guiados por un partido, un lema, una ideología?
Pero en Hungría no fueron los migrantes quienes prohibieron la visibilidad queer y la celebración del Orgullo; fue la extrema derecha. En Polonia no fueron los migrantes quienes impusieron zonas libres de LGTBIQ+; fue la extrema derecha. En Italia no fueron los migrantes quienes trataron de arrebatar a mujeres lesbianas su derecho a ser legalmente madres de sus hijos; fue la extrema derecha. Y el aumento de las agresiones lgtbifóbicas en nuestro país tampoco es cosa de los migrantes; también es la extrema derecha.
Y esto lo dicen también los datos: la grandísima mayoría de las agresiones motivadas por odio en España las cometen españoles. Con lo cual, el que dice que no hay que dejar entrar a personas migrantes por las personas LGTBIQ+ pero al mismo tiempo aboga por el recorte de las leyes que nos protegen, el mensaje que lanza es claro: quiere que te agredan, pero además, después de provocarlo, quiere que esa agresión le salga rentable a él.
Si deja de haber personas migrantes en España, las agresiones lgtbifóbicas se quedan prácticamente igual, por lo que igual lo que les interesa no es proteger al disidente. Y si tanto les preocupan esos adolescentes a los que se percibe como diferentes y están agrediendo por ello, quizá podrían empezar por levantar el veto a las jornadas y charlas sobre diversidad en los institutos de las comunidades donde gobiernan, para que sus compañeros puedan entender que no van a ser mejor vistos ni valorados por agredirlos, y ellos, que entiendan y no interioricen que merecen esas agresiones.
No es natural que chavales de 16, 17, 18 años den palizas homófobas y tránsfobas mientras reivindican hacerlo por un partido político y un dictador. No es normal que, encima, ignoremos ese hecho y compremos el discurso de quienes señalan a otro lado.
El odio aumenta. Las generaciones más jóvenes se enfrentan a una violencia correctiva para formar una generación menos visible, menos auténtica, menos real. Y el trabajo para revertir este proceso tiene que venir por parte de todos. Los agresores no vienen de fuera. Los agresores no se distinguen por su procedencia o el color de su piel. Los agresores señalan desde sillones, desde instituciones, desde medios. Y los que ejecutan, reivindican a quienes guían sus agresiones al grito de “viva Franco, viva Vox”.
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