Lorca encadenado
Una de mis ancestras, modo abuela, decía que para holgarse, allá en la corte, “hazme merced que en la venta primera trueques tus gracias por cantidad de moneda”. Y no hablar muy alto, hijo, ni ser el primero, ni llamar la atención, ni hacerte enemigos. Difícil tarea y, si se complica: “Echa por puertas”. Como veréis, esa abuela se parecía a algún poeta referencial. También se le escapaba en aquella época: “Lo importante es que no nos maten”. Porque se mataba, aquellas abuelas lo vieron. Sí, se mataba.
Mal podía servir todo eso a un muchacho que quería ser actor después de querer ser fraile. Hoy, que ya no soy ni artista ni fraile, digo que no concibo la vocación sin compromiso. Sé que se puede, toooodo se puede, pero no lo concibo. Compromiso con la vida y su muerte ("dura compañera”), con el amor, con los otros, con lo bello. Y verso a verso: “Toda ciencia trascendiendo”.
Federico García Lorca: ¡qué orgullo para mi gente y para mi tierra! ¡Y para la humanidad entera! Pero nada es gratis. Lorca tampoco fue muy querido, quizás por hablar más de la cuenta. Él mismo se avisó con El Amargo antes de entrar en Granada, puesto ya el pie en el estribo: "Ay, ayayay, yo le pregunté a la muerte".
Lo que sé de Federico es que su prédica no quedaba en palabras vacías, versos más o menos bien construidos, bellas imágenes que pasaban por las cosas de soslayo. Lorca hizo miel de sus palabras. Es decir, que no amó porque se aburría, y escribió por generosidad con todo y con todos. Amó porque “le brillaba la hermosura”.
“El teatro es una escuela de llanto y de risa —dice Federico—, y una tribuna libre, donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas y equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento". (¡Qué buena asamblea!). El texto es pródigo en exaltación del arte y vinculado a expresar, Federico nos anima a canjear lo insustancial por lo esencial. Diferencia el valor de la vocación y el compromiso artístico de esos otros aspectos espurios de “las pezuñas” y “monedas en el fango”. Sin esa fineza, ¡cómo libar en este corral sin luz! ¡Cómo llegar a sus prodigiosas imágenes! Comprometido con los marineros "recién degollados", con los caballeros anhelantes de amor y enigmas, adelas hacia la libertad negada, novias de sangre pletóricas de contradicciones, sombras y cielos y árboles y aguas, ríos y ríos y marineros en la desembocadura.
Federico fue asesinado por los “caínes sempiternos”, por hablar, por su libertad y la de todos. Lo mataron en un lugar de las mil aguas, cerca de un arroyo en que se oía un rumor de silencio, en una noche de negra España
La verdad es siempre una revolución por hacer; cuando se termina un verso viene otro y, al acabar el poema, surge un amanecer nuevo y se vuelve a empezar. El poeta no puede callar. “Y ¿por quién?, por Ecuba. Y ¿quién es Ecuba para él o él para ella que así llora sus infortunios?", decía Hamlet. El poeta tiene el dolor de todos, “sabe que los senderos son imposibles, por eso, de noche, va por ellos en calma”.
Federico fue asesinado por los “caínes sempiternos”, por hablar, por su libertad y la de todos. Lo mataron en un lugar de las mil aguas, cerca de un arroyo en que se oía un rumor de silencio, en una noche de negra España, con la luna también negra y de miel helada... Y nos dejó, entre los juncos, sus versos sueltos. Lo pagó con su vida: ¡oh esponja mía gris! ¡Oh cuello mío recién degollado! ¡Oh brisa mía de límites que no son míos!
La obra maestra era él
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“Por eso te mataron, porque eras verdor en nuestra tierra árida y azul en nuestro oscuro aire” (Luis Cernuda).
Lo importante es que no nos maten, sí; pero ¿es vida una vida sin vida... sin libertad?
*Carmelo Gómez es actor y ha interpretado a Federico en la obra 'A vueltas con Lorca'.