La obra maestra era él

Montaje de Lorca y Soleá Morente.

Siempre me he preguntado qué había en el corazón de Federico García Lorca para provocar un efecto tan profundo en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.

Luis Buñuel lo resumió en una frase inolvidable: "La obra maestra era él". Pablo Neruda escribió que era "mágico y moreno, y traía la felicidad". Vicente Aleixandre confesó que era imposible definirlo: "Tierno como una concha de la playa. Inocente en su tremenda risa morena. Ardiente en sus deseos, como un ser nacido para la libertad". Todos coincidían en una certeza: Federico era mucho más que un poeta.

Qué suerte ser una de esas personas que han crecido con la poética de Federico en la memoria de su infancia. En mi casa, sus libros estaban sobre el escritorio, en las mesas del salón, encima del piano, en la terraza durante las noches de verano o junto a la chimenea en invierno. Siempre había una excusa para abrir uno de sus libros.

Aquel verano solo quería leer. Después estudié Filología Hispánica en Granada y comprendí que Federico era una auténtica enciclopedia de sentimientos

Conservo como un tesoro los ejemplares que pertenecieron a mi padre. Mi favorito es el tomo de las Obras completas, aquella edición de Aguilar con tapas de piel, papel biblia, los prólogos de Jorge Guillén y Vicente Aleixandre y el nombre de Federico grabado en letras doradas. Algún día, me gustaría que formara parte de la futura biblioteca de la Casa Morente.

No recuerdo la primera vez que escuché a Federico en la voz de mi padre; debía de ser demasiado pequeña. Pero sí recuerdo cuándo lo leí por primera vez con verdadera conciencia. Un verano me bebí de un solo trago Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores.

¿Qué era eso de que las flores hablaban? ¿De qué podían hablar? Yo necesitaba descubrirlo.

Después llegó Yerma. No conocía a ninguna mujer con ese nombre. Me preguntaba por qué sufría tanto por no poder tener un hijo. Lo que entonces ignoraba era que, años después, conocería a muchas yermas que necesitan un lugar donde descansar de ese padecer. Lorca recoge la tragedia clásica, la viste con ropajes modernos y convierte esa herida en belleza compartida a través del arte. Una manera de habitar el cuerpo de las mujeres que desean ser madres y a quienes la vida no se lo pone fácil.

¿Qué tenía Federico? Nunca lo sabremos. Parecía estar hecho de una mezcla imposible de carcajada y lágrima, de grito y silencio, de ternura y coraje

De niña pensaba que todos aquellos personajes habían nacido únicamente de la imaginación de Federico. Más tarde comprendí que había observado la vida con una profundidad extraordinaria.

Aquel verano solo quería leer. Después estudié Filología Hispánica en Granada y comprendí que Federico era una auténtica enciclopedia de sentimientos. Cuando te pasa algo y no sabes ponerle nombre, lees a Federico y ya no te sientes tan sola, ni tan loca, ni tan Yerma, ni tan Rosita, ni tan casada, ni tan soltera. Te sientes, sencillamente, ser humano. Comprendes que alguien pasó antes por ese mismo lugar y encontró las palabras.

¿Qué tenía Federico? Nunca lo sabremos. Parecía estar hecho de una mezcla imposible de carcajada y lágrima, de grito y silencio, de ternura y coraje.

Una carta a Federico

Escribiendo estas líneas descubrí que solo había una palabra que resumía todo lo que quería decirle: gracias.

A menudo fantaseo con la idea de conocer a las personas que tanto admiro. De poder hacerles una pregunta, abrazarlas o, simplemente, darles las gracias. Anoche soñé que eso era posible y que podía escribirle una carta a Federico.

Querido Federico:

Si supieras lo bien que siguen oliendo las flores que nos dejaste. Sí, aquellas. Siguen hablando en el idioma que tú les enseñaste.

Tu Yerma continúa haciéndonos compañía a muchas mujeres. Tus gitanos siguen caminando por los caminos de Andalucía. Tus niños siguen jugando bajo la luna. Tu Granada continúa pronunciando tu nombre con una mezcla de orgullo y de herida.

Mi padre también fue uno de esos artistas inmensos y generosos que tanto admirabas. Le puso música a muchos de tus versos. Creo que te emocionarían. Me gusta pensar que, por fin, os habéis conocido. Él te quiso profundamente sin haberte conocido. Y nosotros aprendimos a quererte a través de él. Estoy segura de que también te emocionaría escuchar a mi hermana Estrella cantar Los cuatro muleros, Los peregrinitos o El amor brujo. Seguro que os habríais entendido enseguida, como te entendías con La Argentinita o con Margarita Xirgu.

Aquí siguen las mismas luchas de siempre. Continúan existiendo quienes persiguen la diferencia, quienes temen la libertad y quienes desconfían de la belleza. Pero también siguen naciendo personas que encuentran en tus palabras el valor para no resignarse.

"Es como ver a Federico en zapatillas escribiendo a sus padres": la familia García Lorca a través de sus cartas

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Has cambiado la vida de tantas personas, incluso de muchas que aún no han nacido y que ya te llevan dentro.

Gracias, Federico. Te seguimos leyendo. Te seguimos cantando.

*Soleá Morente es música, actriz y apasionada de Lorca.

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