Arabia Saudí entra de lleno en la guerra de Oriente Medio

Donald Trump habrá reducido la intensidad de la guerra, pero a estas alturas ya no sirve. Irán ya no confía en las promesas de una diplomacia que no alcanza sus niveles de exigencia.

El bloqueo naval de sus costas constituye una amenaza y un acto de guerra en sí mismo. Y, en este contexto, Irán ha decidido continuar por su lado, tomando la iniciativa de los ataques para controlar el Estrecho de Ormuz. Pero en su camino se encuentran cada vez más piezas, siendo la última protagonista la Arabia Saudí más asertiva de los últimos años.

Riad se reencuentra con viejos rivales

Han pasado unos cuantos años desde la tensión que estuvo a punto de hacer estallar Oriente Medio en una guerra regional entre Arabia Saudí e Irán. Cinco años después de la guerra que ambos libraron a través de sus aliados en Yemen, la renovada campaña saudí en el territorio controlado por los hutíes ha supuesto un nuevo salto hacia el vacío.

Como se ha visto en estas semanas, no solo retornaron las represalias hutíes sobre Arabia Saudí en sus aeropuertos, instalaciones petroleras y bases militares suroccidentales sino que también se anunció un bloqueo naval contra los buques saudíes.

De hecho, los hutíes atacaron varias embarcaciones e inflamaron más los ánimos en Riad. Las respuestas de los hutíes, sin embargo, recuerdan ya a otro escenario. No estamos en una dinámica de ataque-respuesta eternos como comenzó la situación en el Golfo Pérsico tras la decisión de Trump de ordenar el asesinato del general iraní Qasem Soleimani.

En estos momentos, una desescalada unilateral y parcial aplicada desde la Casa Blanca no está sirviendo para frenar a los iraníes en su determinación por hacerse con Ormuz. Irán necesita garantías de seguridad de que esta agresión no vuelva a ocurrir y ha encontrado en esa vía marítima una válvula más potente que un potencial programa nuclear.

Irán necesita garantías de seguridad de que esta agresión no vuelva a ocurrir y ha encontrado en el Estrecho de Ormuz una válvula más potente que un potencial programa nuclear

Los hutíes están empezando a tocar la misma melodía. En este punto existe la opción de que si Arabia Saudí concede la calma a Yemen, los hutíes cesen. Pero cada día que pasa es más probable que se haya cruzado el Rubicón.

Los hutíes podrían perfectamente aplicar una nueva ecuación de represalias contra Arabia Saudí, sabedores de la importancia global de su mercado petrolero, no solo hasta un alto el fuego saudí, sino hasta que Riad no levante el bloqueo de los puertos y aeropuertos yemeníes.

Lo que la experiencia enseña en Arabia

La península Arábiga sigue en su costa oeste los mismos errores que ya se habían cometido en la frontera pérsica. Si la situación escala hasta niveles considerables, los hutíes podrían situar el coste sobre Arabia Saudí en cotas tan prohibitivas como las que Irán ha marcado para Washington.

Para empezar, Reuters se hace eco de la posibilidad no solo de que los hutíes amplíen su bloqueo del mar Rojo como ocurrió en 2025, sino de que puedan llegar a cobrar peajes por el tránsito del Estrecho de Bab el-Mandeb.

La experiencia iraní muestra que, por encima de un derecho internacional que pisotearon los que iniciaron la contienda, el final de la misma lo decidirá la capacidad de imponerse sobre el terreno.

Si un actor puede controlar el tránsito por una vía comercial clave y nadie tiene capacidad o voluntad para romperlo, el primero acabará imponiendo su beneficio económico.

El mundo está a tiempo de evitar que el mar Rojo termine de convertirse en el Golfo Pérsico, pero Yemen nunca ha importado y Arabia Saudí tuvo carta blanca desde el principio. Incluso ha gozado de apoyo occidental y árabe en su intervención del país.

Otra lección del pasado tiene que ver con el mayor incidente registrado hace un lustro. Las instalaciones de Aramco en Abqaiq han vuelto a sufrir ataques en esta nueva ronda de hostilidades.

Más allá del Golfo Pérsico

Si bien en el golpe que sufrió Abqaiq en 2019 las autoridades saudíes culparon a Irán en lugar de a los hutíes, en el nuevo impacto se ha señalado a las milicias pro-iraníes de Irak. El propio Gobierno saudí lo ha reconocido explícitamente. Y Estados Unidos ha elegido meterse en otro pantano.

Arabia Saudí comenzó a atacar Irak durante la noche del 29 de julio, centrando sus objetivos en milicias de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF) en el centro y sur del país. Por si fuera poco, Estados Unidos no solo ha reconocido su coordinación y apoyo sino que ha participado en los ataques sobre Irak que apuntaban a los socios iraníes.

El relato que les responsabilizaba del ataque sobre Abqaiq caló pero podría quedar atrás si las PMF comenzaran a devolver los golpes atacando Arabia Saudí. Si Donald Trump rebaja el nivel de los ataques contra Irán pero toda la región sigue inflamada, la guerra solo se retrasará en su máxima extensión.

De hecho, a los habituales ataques iraníes sobre Kuwait y Baréin hay que sumar los dirigidos contra Arabia Saudí, Jordania e Irak, ya que también se han vuelto recurrentes.

Ya no solo se trata solo de represalias iraníes contra posiciones militares estadounidenses en Jordania sino que responden a una toma de iniciativa con la intención de reforzar su posición negociadora y consolidar su control sobre Ormuz. Irán quiere una victoria definitiva. Estados Unidos quiere una salida digna. Pero la iniciativa iraní hace prever nuevos ataques contra Irán.

Y en medio de todo, Arabia Saudí ha pasado de representar un objetivo colateral limitado hace un mes a ser el centro de la nueva etapa de la guerra. Tendrá que calcular bien si no quiere caer en trampas peores que cuando intervino Yemen hace una década.

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Alejandro López Canorea dirige el medio Descifrando la Guerra. Es antropólogo, profesor, escritor y analista de política internacional en prensa, radio y televisión.

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