La maldición de los áticos

No hay un solo argumento de Isabel Díaz Ayuso para justificar la compra del ático de varios millones de euros que resista un análisis y tenga sentido. Y, una vez se ponen todos juntos, dibujan la anatomía forense de un posible desfalco político y de una impunidad temeraria. Ayuso ha tirado del manual victimista habitual: “Mi pareja se está defendiendo sola de toda la maquinaria del Estado”; “es una operación del Estado contra un adversario político”. También ha embestido contra la prensa sin aclarar una sola cuestión sobre la compra. Si fuera una “campaña de desprestigio”, la información sería falsa. Pero el ático de lujo ya está comprado y ha sido incapaz de explicar por qué y para qué. 

El ático, con 200 metros cuadrados de terraza y sin oficinas es, según Ayuso, para celebrar "temporalmente reuniones". Si la necesidad es provisional, ¿qué pretende hacer después con el ático? ¿Por qué comprar en vez de alquilar? ¿Qué uso está previsto para justificar el desembolso de varios millones de euros, cuyas escrituras tendrá que hacer públicas? Si se quieren convertir en oficinas, ¿por qué no se han comprado unas oficinas? Si todavía no hay un proyecto conocido para las obras en la Puerta del Sol y, además, esas obras son temporales, ¿qué justifica una compra permanente de varios millones de euros? ¿Y por qué adquirir precisamente un ático que necesita una reforma para adaptarlo mientras duren las obras? Si, además, el edificio no permite legalmente un uso administrativo, la pregunta ya no es sólo para qué se ha comprado, sino por qué se ha dado una explicación que resulta imposible. O, directamente, falsa.

Si la propia presidenta reconoce que todavía no sabe "cómo lo va a organizar" y habla indistintamente de recepciones institucionales, encuentros con los medios o incluso de trasladar allí a un consejero, la operación tiene todavía menos sentido. Para un traslado temporal, la presidenta tiene consejerías de sobra. La Comunidad de Madrid cuenta con numerosos inmuebles en propiedad —basta consultar su inventario patrimonial— en calles como Sagasta, Princesa o Miguel Ángel. Y, si la intención fuera trasladar la sede de la Presidencia, tendría más lógica buscar una ubicación próxima a la Asamblea que un ático en Chamberí.

Nadie en el PP parece dispuesto a salir en defensa de la presidenta por sus dos áticos en Chamberí, por el tercer ático desvelado por 'El País' o por el futuro informe de la UCO sobre Alberto González Amador

“No es para mí”, dice la presidenta. Tampoco “le compete”. Es posible que en cuestión de horas cambie de versión. En el mejor de los escenarios, no se trataría de un chanchullo, sino de una operación especulativa de compra ejecutada con impunidad y alevosía. “Lo que no puede esta administración es despatrimonializarse. Me consta que está habiendo muchas ventas de otros inmuebles y oficinas”. Sea por afán especulativo o por la razón que termine conociéndose, el responsable de Madrid Planifica debe comparecer, el Consejo de Gobierno tiene que explicar la operación y la Comunidad de Madrid debe hacer pública la escritura de compraventa con la vendedora. Cuando no hay una explicación convincente, normalmente es porque no la hay. Por lo pronto, la polémica exige una respuesta política y una transparencia documental absoluta sobre una operación inmobiliaria que la Comunidad ocultó hasta que El País la ha hecho pública. Aunque los áticos, en la política madrileña, acaban necesitando en demasiadas ocasiones una explicación judicial.

Hace bien Ayuso en preocuparse por lo que pensarán sobre el nuevo ático las personas que han perdido sus bienes en los incendios. O qué pensará Maricarmen, con 87 años, amenazada con un desahucio de la casa en la que ha vivido toda su vida. O qué pensarán las personas a las que, de un día para otro, les piden duplicar el precio del alquiler de la vivienda en la que llevan residiendo siete años porque Madrid se niega a aplicar los topes al alquiler. Y también debería preocuparse por lo que pensarán algunas asociaciones cívicas y jurídicas, porque las explicaciones pintan mal para justificar el objeto y el destino de la nueva inversión.

Con Ayuso, el gato blanco suele acariciarse desde Génova 13 y no en la oposición. Es una tradición. Con Esperanza Aguirre fueron las propias luchas internas del partido las que acabaron empujando a sus peones más corruptos. Pablo Casado fue sacrificado en ese enfrentamiento y Alberto Núñez Feijóo tampoco ha sido ajeno a envites y operaciones de desgaste desde Madrid. Nadie en el PP parece dispuesto a salir en defensa de la presidenta por sus dos áticos en Chamberí, por el tercer ático desvelado por El País o por el futuro informe de la UCO sobre Alberto González Amador. Quizá porque, cuando el silencio se impone entre los propios, también temen que la falta de explicaciones les salpique. 

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