IGUALDAD
La Comunidad de Madrid retira de su web una guía que vincula la bisexualidad con un trastorno psicológico
La Comunidad de Madrid mantenía hasta este lunes en su página web una guía que sitúa la bisexualidad como una forma de "confusión sexual" y posible síntoma del trastorno límite de la personalidad. Se trata de una publicación editada por la Consejería de Sanidad hace más de dos décadas, pero que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha conservado en el portal de publicaciones editadas por la comunidad. La guía fue planteada para "servir de ayuda a los pacientes y familiares, al tiempo que constituye un documento de referencia para los profesionales sanitarios que atienden a estos pacientes", trazaba el gobierno regional en la web.
Recorriendo los límites. Guía práctica para familiares y pacientes con trastorno límite de personalidad cuenta con un apartado de definiciones en el que plantea la siguiente pregunta: "¿Hay alguna posibilidad de saber si yo o alguien de mi entorno sufre el trastorno límite?". En la respuesta, los autores del documento subrayan que solo la presencia de un profesional experto podrá aportar un diagnóstico seguro, pero citan algunas "circunstancias, actitudes o conductas alteradas" que pueden ser indicativas del trastorno.
Entre dichas circunstancias, se encuentran cuestiones como "experiencias traumáticas infantiles (abuso físico/sexual)", "conductas autodestructivas (a nivel interpersonal, social, trabajo, etc.)" o "pensar en el suicidio como algo tentador de forma reiterada". Y también, perfila la guía, lo que los autores califican como "confusión sexual (por ejemplo bisexualidad)". Este diario se puso en contacto con la Comunidad de Madrid la mañana del lunes para saber si la guía se adecúa a los estándares marcados por la ley autonómica contra la LGTBIfobia y si se planteaba una revisión de la misma. Horas después la guía ya no figuraba en la web.
A media tarde del lunes, fuentes del gobierno regional precisaron a infoLibre que "la referencia a la bisexualidad como confusión sexual, incluida en una guía sobre trastorno límite de la personalidad, elaborada en 2005, obedece a una errata". Las mismas voces indican que "no ha representado en ningún momento la postura de la Oficina Regional de Salud Mental ni de la Comunidad de Madrid, y su detección tardía se explica porque el documento formaba parte del repositorio histórico de la web institucional".
Una vez identificada "la errata", la comunidad "retirará la guía para eliminar la referencia y revisará íntegramente el documento, asegurando que cualquier otro contenido desactualizado o incorrecto quede corregido". Aunque el gobierno regional reconoce su localización tardía, señala también que este proceso "se enmarca en las revisiones periódicas que la institución realiza para garantizar calidad, rigor y adecuación en todos los materiales publicados".
Una forma de bifobia
Biejales, colectivo transfeminista de activismo bi en Madrid, compartió el contenido de la guía en sus redes sociales para denunciarlo como una expresión de bifobia, en la que conviven dos formas de discriminación. La primera consiste en encajar la bisexualidad como una forma de "confusión sexual". La segunda, situarla como un indicador de peso para sugerir la existencia del trastorno.
A preguntas de este diario, la organización señala que la discriminación contra las personas bisexuales "tiene una de sus caras más dañinas cuando se aúna con la medicina", pues supone a su juicio una forma de patologizar su identidad. "Esto tiene repercusiones gravísimas no solo en la salud mental del colectivo bisexual, sino también en otras áreas de la vida de las personas bisexuales donde este estigma repercute de forma directa y negativa", abundan desde el colectivo. Las activistas destacan el impacto en ámbitos como "procesos de custodia o en la menor credibilidad y apoyo a las mujeres bisexuales ante la denuncia de agresiones sexuales o violencias en el ámbito de la pareja".
El estigma
La patologización que denuncian es funcional a la hora de normalizar y justificar la violencia que recae sobre las personas afectadas por el hecho de ser bisexuales, lo que conlleva para ellas un estado de vulnerabilidad y desprotección total. La tesis doctoral Impacto del estrés de las minorías sexuales en conductas asociadas al trastorno límite de la personalidad entre personas LGBQ, firmada por E. Elisa Carsten y publicada el pasado mes de junio, profundiza precisamente en cómo la discriminación sufrida por las personas del colectivo puede influir en la aparición de conductas que a menudo son interpretadas clínicamente como síntomas del trastorno límite de la personalidad, contribuyendo a diagnósticos erróneos o imprecisos.
En ese extremo se detiene Claudia Pradas, terapeuta. El trastorno límite de la personalidad está recogido en distintos manuales diagnósticos, se encuentra ampliamente evaluado, estudiado y tratado, pero todavía hoy "arrastra una historia de estigma" que tradicionalmente lo ha dibujado como una suerte de "cajón de sastre" al que algunos profesionales han recurrido por defecto.
Pradas matiza que la esfera de la sexualidad puede estar presente en el estudio individualizado de cada caso, vinculada a la dificultad para el control de impulsos, un patrón visible en algunos pacientes, o también en relación a los traumas desencadenantes de la patología, en ocasiones "ligados a las relaciones interpersonales o sexuales". Pero nada de ello tiene que ver con la bisexualidad, subraya. "La bisexualidad es una orientación sexual, punto". Y plantearlo en términos de confusión invalida, a su juicio, cualquier guía pretendidamente rigurosa.
Actuar contra la discriminación
La ley de protección integral contra la LGTBIfobia de la Comunidad de Madrid nació hace diez años con el objetivo de detectar e impedir toda forma de discriminación contra el colectivo, obligando a las instituciones a tomar medidas para evitar cualquier tipo de exclusión. La discriminación directa, según la norma, se produce siempre que una persona "haya sido, sea o pueda ser tratada de modo menos favorable que otra en situación análoga o comparable, por motivos de orientación sexual, expresión o identidad de género". La discriminación indirecta, en cambio, tiene que ver con la existencia de una "disposición, criterio o práctica aparentemente neutros que puedan ocasionar una desventaja particular" a personas del colectivo.
La Comunidad de Madrid, según la legislación aprobada hace una década, tiene el deber de implementar "una política proactiva de carácter transversal dirigida a la plena integración sociolaboral de las personas LGTBI destinando para ello los instrumentos y estructuras necesarias que garanticen su viabilidad". Las políticas públicas, consagra la norma, tienen que prestar "especial atención a aquellos casos en que puedan concurrir diversos factores de discriminación". Así que es una obligación de las instituciones velar por los derechos del colectivo, incluyendo su despatologización.
Adiós (por fin) a la transexualidad como “trastorno mental” en la web de Sanidad
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Fuentes del Ministerio de Sanidad explican a este diario que no existe ningún mecanismo reglado para vigilar y revisar las publicaciones de cada comunidad, si bien destacan que sí hay posibilidad de emitir un requerimiento en caso de detectar contenidos desfasados o discriminatorios. Lo cierto es que el caso de la Comunidad de Madrid no es una excepción.
En el año 2017, el propio departamento, dirigido entonces por Dolors Montserrat (PP), incluía la transexualidad en un listado de enfermedades, como publicó en su día este periódico, en contra de la línea de progresiva despatologización que han venido marcando instituciones de referencia como la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sanidad catalogaba la transexualidad como una de las numerosas "patologías y procedimientos diagnósticos y terapéuticos" para los que es necesario designar un Centro, Servicio o Unidad de Referencia (CSUR) en el Sistema Nacional de Salud. Ahí la transexualidad compartía espacio con el glaucoma, las alteraciones congénitas del desarrollo ocular, los tumores intraoculares, la epilepsia, la esclerosis múltiple, los trastornos hereditarios de la queratinización y decenas más. La cartera no enmendó el error hasta siete años después.