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¿Es útil el voto hoy?

César Moya Villasante

Todos sabemos que el neoliberalismo económico que vivimos hoy lo ha invadido todo con el dinero, de forma que ya no existe otra creencia en el mundo más que en ese nuevo dios. Todo se compra, incluidos los valores humanos hoy muy deteriorados, como la dignidad o la ética. Por ello son también algunas profesiones las que sufren el descalabro de pasar a segundo plano ante ofertas que deben competir.

Pero es importante y muy grave que también el voto ha pasado a segundo plano y lo vemos con la legislatura actual. Quizá el problema llegue de paraísos lejanos y el Gobierno actual lo haya comprendido muy bien porque es propicio a ello por su ideología. A saber, crear dos sociedades muy diferenciadas en las que una de ellas, la mayor en cantidad de personas, quede descolgada para servir a la otra. Y es así de claro, según vemos ya en nuestro país, con una desigualdad en aumento y a una velocidad de crucero. Por ello, esa comprensión de nuestro Gobierno que todo, absolutamente todo, lo que puede ser conflictivo lo traslada a los jueces para que decidan. No hace falta nombrar los casos de Cataluña o la corrupción galopante para darse cuenta de que Rajoy no ha dudado un momento en hacerlo así y no perder el tiempo en debatir políticas que, incluso, le pueden dañar ese voto del que ya dudo su valía. Así, si añadimos la posición del Senado, que sirve para frenar si existiera alguna ley que no interesa aprobar de las poquísimas que pasan algún filtro, lo tenemos todo organizado para que la democracia sufra una parálisis tan grave como lo que se ve. Si llamamos democracia a lo que existe en países de nuestro entorno. Y todo apoyado en antiguas leyes que no se modifican como la ley mordaza que anula cualquier conflicto social en la calle. Porque esas leyes son las que dispone la judicatura para dictar sentencias con lo que tenemos el bucle completo. Más aún, está organizada la judicatura de forma que los máximos cargos también los nombra el Gobierno con lo que no se escapa nada para gobernar de forma tranquila, de manera que nadie te moleste con peroratas que no van a ningún lado efectivo.

Lo vemos a diario en una persona extraordinaria para llevar a cabo con exactitud su hoja de ruta. Le llaman muchos “don Tancredo” por su inacción y es idóneo porque permanece impasible ante cualquier acción parlamentaria. Jamás le he visto un enfado, una sonrisa o una emoción. Es el rostro impenetrable. Incluso se ríe de los periodistas que le preguntan algo incómodo cuando existe alguna rueda de prensa que no ha podido controlar antes. En el parlamento, si nos fijamos bien, no contesta casi nada y cuando lo hace es por los cerros de Úbeda. Y se apoya en la mayoría de los casos en sus segundos que actúan de la misma forma y les da lo mismo que les repudien que no porque siguen ahí sin que nadie proteste. Y ya varios ministros lo son, pero viven felices porque Rajoy parara cualquier injerencia que no le gusta.

Así vivimos un Parlamento elegido sin casi utilidad de cambio. La única situación que puede que le salga mal al gobierno es Catalunya porque no midió bien que el sestear en todo, alguna vez puede que te provoque algún sobresalto incómodo. Que, además es lo que ha provocado, en parte, el problema, unido a ese desprecio y chulería con la que se comportan los portavoces creyendo que están por encima del bien y del mal.

Por eso mi pregunta del título del artículo. ¿Sirve para algo nuestro voto? Y añado otra pregunta: ¿alguna vez volverá la política? ______________

César Moya Villasante es socio de infoLibre

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