El virus de la rata nadadora y el comportamiento político y periodístico

Ángel Díez

Estos días me tienen hasta el gorro con el famoso crucero del virus. Según todos los expertos a los que he tenido ocasión de escuchar en televisión, y no han sido pocos, están de acuerdo en que este patógeno no tiene capacidad para provocar una pandemia porque, aunque es muy letal, tiene un desarrollo lento y no se trasmite con facilidad.

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Pues bien, los políticos han decidido que “vamos a morir todos”. Los hunos se han dedicado a criticar al Gobierno por lo que hace y por lo que no hace; y los hotros, el propio Gobierno, se ha dedicado a matar moscas a cañonazos para que no les acusen de que no han hecho nada.

La principal obligación de los políticos, los que gobiernan y los que están en la oposición, es informar con la verdad a los ciudadanos. Y, si no hay razones científicas objetivas para acojonar al personal, contribuir a mantener la calma y nunca generar la desconfianza y el caos. Los que provocan alboroto se llaman alborotadores; los que causan terror se llaman terroristas; y los que mienten a sabiendas, se llaman mentirosos. Que cada cual aplique el sustantivo preferido.

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El tema ha resultado morboso y hasta perverso. ¿Son más importantes unos turistas en un crucero exclusivo que los palestinos, los libaneses, los sudaneses o los 7.000 niños que mueren de hambre cada día en nuestro maravilloso sistema capitalista?

Mención aparte merece la prensa, al menos la televisión. Llevamos no sé cuántos días dedicando un tiempo asombrosamente largo a repetir hasta la saciedad las mismas historias o historietas. Hemos seguido al barco milimétricamente, sabemos el número de infectados y solo ese dato, entre personas que conviven en un barco no muy grande, ya nos debería hacer pensar que el bicho no es tan listo colonizando seres humanos. Aun así, la televisión ha seguido “erre que erre” con la misma cantinela. ¿De verdad creen los periodistas responsables que eso es dar información veraz a la ciudadanía? El comportamiento ha sido tan amarillista que parece obra del presidente zanahoria.

Estoy seguro de que ni todos los políticos ni todos los periodistas se han comportado así, pero tengo esa misma seguridad al afirmar que así es como nos hemos sentido muchos ciudadanos.

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El tema ha resultado morboso y hasta perverso, ¿son más importantes unos turistas en un crucero exclusivo que los palestinos, los libaneses, los sudaneses o los 7.000 niños que mueren de hambre cada día en nuestro maravilloso sistema capitalista?

Por favor, seamos serios. Ruego a todos los responsables políticos y de los medios de comunicación que nos traten a los ciudadanos como adultos y con respeto.

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Ángel Díez es socio de infoLibre.

Estos días me tienen hasta el gorro con el famoso crucero del virus. Según todos los expertos a los que he tenido ocasión de escuchar en televisión, y no han sido pocos, están de acuerdo en que este patógeno no tiene capacidad para provocar una pandemia porque, aunque es muy letal, tiene un desarrollo lento y no se trasmite con facilidad.

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