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¡Viva la República!

Ángel Díez

Hace 91 años de la proclamación de la II República Española, en todos estos años se han sucedido muchas cosas, demasiadas para el convivir sosegado de los ciudadanos.

Desde el día en que don Antonio Machado izó la tricolor en Segovia, se sucedieron montañas rusas de esperanzas y frustraciones, se elaboró una Constitución que era de las más avanzadas de su tiempo, se pensaba en las clases populares y en los derechos de todos, por primera vez en la historia de España se vio como normal lo que hoy todos vemos como normal, el sufragio universal y el voto del 50% de la ciudadanía, el voto femenino. Por primera vez, se incorporó a la mujer a los altos cargos de la administración del Estado y en un sector tan complejo como es el mundo penitenciario y se hizo con criterios de redención y no de castigo para los penados Nunca en la historia de España se habían construido tantas escuelas con la intención de hacer ciudadanos libres porque serían ciudadanos instruidos. Se abordaron problemas endémicos como la estructura del ejército que tenía un altísimo porcentaje de mandos en relación al número de efectivos de tropa, podríamos decir que había “más jefes que indios”, también se abordó la forma de producción agrícola intentando una Reforma Agraria que no solo hiciera justicia a los trabajadores del campo, también se pretendía modernizar e incrementar la producción poniendo en cultivo miles de hectáreas improductivas que los terratenientes mantenían yermas. Para algunos las cosas cambiaban demasiado despacio, estaban tan mal que no podían esperar, entre otros, se produjeron los lamentables hechos de Casas Viejas y el gobierno de la izquierda reprimió la revuelta con evidentes muestras de exceso por parte de las fuerzas responsables.

El gobierno democrático y republicano cedió el poder cuando ganaron las derechas, que para desgracia de los más desfavorecidos trataron de laminar todos los logros sociales que se estaban poniendo en marcha, algunos no reaccionaron bien ante aquellos retrocesos, huelga general en Asturias y otros incidentes que fueron reprimidos salvajemente por el ejército, por cierto, al mando de Francisco Franco. Este gobierno de las derechas acabó sumido en la inacción, los escándalos y la corrupción, entre otros por uno de sus líderes, el presidente del Consejo de Ministros Alejandro Lerroux.

Las fuerzas de izquierdas se unieron para volver al poder y volver a poner en marcha las reformas necesarias para llevar a España al siglo XX y ganaron las elecciones en febrero del 36, pero la reacción de los terratenientes, el ejército y la iglesia ya había decidido que aquel gobierno era ilegítimo y las conspiraciones siguieron hasta dar el golpe de Estado de julio, los golpistas no lograron su propósito porque el pueblo español y algunos militares que a diferencia de los golpistas si cumplieron su juramento de lealtad al régimen democrático salieron a la calle a defender la legalidad y la libertad. Los golpistas, antes de aceptar su fracaso, sumieron a España en la Guerra Civil que llenó de sangre los campos españoles. Los militares golpistas solo consiguieron la victoria contra su propio pueblo al contar con la ayuda militar de lo más oscuro del pensamiento político de la edad contemporánea, la Alemania nazi y la Italia fascista. 

Aquella victoria fascista vino seguida de 40 años de represión, cientos de miles de muertos y de desaparecidos que aún hoy siguen sin aparecer, aunque todos sabemos que están en las cunetas y las fosas comunes que los herederos de aquellos vencedores prefieren que sigan ocultas.

Así terminó, trágicamente, la historia de la mejor oportunidad que ha tenido España en los últimos siglos de volver a ser una nación moderna, próspera y respetada entre las naciones.

Hoy 91 años después del nacimiento de aquella gran ilusión democrática, volvemos a ver a los terratenientes disfrazados de cazadores y agricultores, a la iglesia apropiándose de bienes que no le pertenecen y a los aristócratas haciendo negocios obscenos con el dinero de todos. Hoy después de más de 40 años de democracia seguimos viendo desahucios de los más pobres, explotación de emigrantes, inviolabilidades del rey que son recriminadas por las justicias de otros países, en fin, una parte importante de las derechas españolas no logran soltar el lastre de sus egoísmos de clase, de sus ancestros golpistas y de su desprecio por la ciudadanía.

Los españoles estamos hartos de ser súbditos y merecemos ser ciudadanos, queremos elegir a nuestro jefe del estado y que no lo sea o por herencia, iba a decir herencia genética, pero hablando de los borbones, la legitimidad dinástica es otra de sus mentiras.

Salud a todos y ¡VIVA LA REPÚBLICA!

Ángel Díez es socio de infoLibre

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