Apple TV ha empezado a emitir los primeros episodios de los diez que componen esta nueva versión de El cabo del miedo convertida en serie. En el origen de la adaptación está la novela Los verdugos, publicada en 1958, escrita por el mega vendedor de libros John D. MacDonald, el mismo material que ya inspiró las dos películas previas.
Se mantiene en el original y en sus versiones el argumento básico de la excarcelación de Max Cady, que emprende una terrorífica venganza contra el abogado que lo metió en prisión y contra su familia. Aquí se trata de una abogada, interpretada por Amy Adams, y del que fuera fiscal del caso, su pareja, interpretado por Patrick Wilson.
En la estela de grandes villanos
Javier Bardem toma el relevo de dos icónicos villanos como fueron Robert Mitchum en la película de 1962 y de Robert de Niro en la de 1991 dirigida por Martin Scorsese. Al verlo convertido en una amenaza tan siniestra, cuesta incluso recordarlo en otros registros, tal es la potencia de su ramillete de malvados en pantalla.
Si algo tenía claro el impulsor de este proyecto, Nick Antosca, era que quería al actor español para el personaje. No pensó por un momento en una alternativa para sumar al panteón de actorazos que le precedieron para dar vida a este peligroso vengador. Quería de él su magnetismo, gravitas y peligrosidad, y que pudiera aportar algo nuevo a lo ya hecho.
¿Dónde empieza la maldad?
Este Max Cady aparece como alguien mucho más ambiguo. No está claro que fuera culpable del crimen original, como ocurría en el libro y las películas. La decisión de cambiar este hecho central por parte del creador de la serie, Nick Antosca, parece casi obligada para dar mucho más recorrido a un metraje que se extiende durante diez horas.
Bardem sigue apareciendo como alguien terrorífico, pero quién sabe si por culpa de los supuestos buenos de la historia. Los perfectos e irreprochables juristas, blancos, estilosos, liberales, solidarios, pero que quizá lo metieron en la cárcel sabiendo que era inocente.
Actualización de los peligros y miedos
La ambigüedad moral, sin duda, enriquece el recorrido del argumento. En ella cabe una denuncia del sistema penitenciario americano, que encarcela a muchísimos más hispanos y negros que blancos en proporción.
Nick Antosca ha querido especialmente que la serie responda a las pesadillas actuales. Se mantiene el pavor a que la venganza implique a la familia, pero se añade la vulnerabilidad de los hijos a través del mundo que les llega por la tecnología.
Amenazas que acechan desde el móvil
Un manipulador como Max Cady puede penetrar en sus vidas de diversas maneras que los padres no detectan hasta que es demasiado tarde. Se fuerza también la tensión, ya que la que fuera abogada de Max se dedica a demostrar la inocencia de presos encarcelados injustamente.
Y se traslada la acción a Savannah, la ciudad de la sureña Georgia en la que de los arboles gigantes cuelga un característico musgo. Un ambiente húmedo y vegetal bellísimo pero cargante, tormentoso, tropical.
Una de las bandas sonoras más míticas del cine
No se podría hablar de la ambientación de esta versión sin la recuperación del tema que compuso para la película de 1962 Bernard Herrmann. De una siniestra brillantez, una de las piezas más conocidas de uno de los músicos para pantalla más importantes de la historia. El resto de la banda sonora corre a cargo de Jeff Russo, al que conocemos por sus composiciones musicales para Ripley o Fargo.
Más nombres de relumbrón que adornan la serie son dos de sus productores, Martin Scorsese y Steven Spielberg. Los mitos del cine y viejos amigos ya habían colaborado en este título en la película del 91. Spielberg se hizo con el material pensando en dirigirlo. Finalmente, se lo pasó a su amigo Marty y se quedó en la producción.
Apadrinado por Spielberg y Scorsese
Ahora ambos han prestado sus consejos al nuevo productor ejecutivo y creador de la serie, Nick Antosca, guionista y director con toda su carrera dedicada al terror. Sobre la mezcla de respeto y libertad con la que se ha enfrentado al material original, Antosca ha declarado a Inverse: “Una adaptación debería ser como la pesadilla que has tenido tras ver el original y dormir”.
“Recuerdas cómo te hizo sentir, recuerdas detalles clave y cosas viscerales, y puedes recomponerlas; o podrían ser diferentes y reflejar nuevos miedos y preocupaciones”, añade.
Ruptura de la seguridad burguesa
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Entre las referencias que cita Antosca se encuentran Caché, de Haneke; la serie Perdiendo a Alice; la película danesa Borgman; y, sobre todo la serie The curse. Todos títulos en los que la frágil seguridad burguesa salta por los aires por alguna amenaza. Por eso su elección de Adams y Wilson como pareja protagonista que representa el ideal americano al que se presupone la decencia.
Antosca quiere mostrar un momento histórico que, según dice en Gayety, “es más paranoico, fragmentado, con toneladas de incertidumbre sobre la verdad”. Mantiene, en cambio, el terror ancestral a que la venganza que nos incumbe se lleve por delante a nuestros seres más queridos metódicamente.
De momento, en los episodios que ya se han podido ver, este miedo se cuenta más en clave de intriga y tensión que en puro terror. Veremos si la serie mantiene el suspense y cómo se separa de sus predecesoras.
Apple TV ha empezado a emitir los primeros episodios de los diez que componen esta nueva versión de El cabo del miedo convertida en serie. En el origen de la adaptación está la novela Los verdugos, publicada en 1958, escrita por el mega vendedor de libros John D. MacDonald, el mismo material que ya inspiró las dos películas previas.