Joseph, qué Prisa tenéis, o la censura en 'El País' de las Maravillas

Soy suscriptor de El País. No acostumbro a hacer comentarios a las noticias de su edición digital participando en esos hilos de “debate” —por llamarlo de alguna manera— que crean los lectores (obligatoriamente suscriptores) a partir de ellos. No obstante, hace algunos días, y a raíz de la deriva sensacionalista y tan descaradamente obscena que estaba mostrando este periódico en el llamado caso Zapatero, no pude contenerme más y decidí publicar un comentario.

Ingenuo de mí.

El texto, que intenté editar al pie de una de las múltiples noticias sobre la cuestión, rezaba lo siguiente:

“Estoy pensando darme de baja en esta suscripción a 'El País'. Para leer solo 25 titulares diarios sobre el 'caso Zapatero' desde hace días, hacerle la pelota a Feijóo y luchar para que este gane las elecciones, pues ya me compro 'El Mundo'. Mejor el original que la copia, y además empezaron antes con esto. Y para pedir comprar armas para que el jefe de Prisa, Oughourlian, se haga rico con sus acciones en Indra, pues la verdad, como que no…”

La verdad, tampoco pretendía que me dieran el Pulitzer. Solo desfogarme un poco, humano soy. A continuación, apareció un mensaje en que se leía que estaba pendiente de aprobación por 'El País'. Lo habitual. Pero pasaron los minutos y las horas, y al volver a la noticia y al hilo de comentarios tiempo después, me di cuenta de que no lo habían publicado. Dejé el tema para ocuparme de otras cosas. Al día siguiente, como el culebrón continuaba, retomé el asunto y lancé de nuevo el comentario al pie de otra noticia, añadiendo las siguientes líneas sobre la cuestión:

“(…) Ay, Prisa, qué prisa tienes. Añadir lo de echar a Barceló del 'Hoy por Hoy', de la Ser, que queda muy roja, que hacen falta más contertulios de orden… Que hay que empezar a adaptarse al futuro gobierno "centrado"... Que ya habrá tiempo de volver a ser progres, cuando el gobierno del PP-VOX empiece con sus tropelías y entonces criticaremos a la extrema derecha para mantener nuestro nicho de mercado de lectores de izquierda, como La Sexta en AtresMedia. Y encima, para pedir comprar armas para el rearme de Europa y la OTAN, y que el jefe de Prisa se haga rico con su Amber y sus acciones en Indra, pues la verdad, como que no me apetece…”.

Como verán, había provechado el impasse para ampliar un poco la argumentación y reforzarla un poco. Sí, lo reconozco. Había mala baba en el texto, pero al fin y al cabo se trata de un comentario periodístico, no de una tesis doctoral. Me di cuenta de que algo debió de traicionarme el subconsciente, porque esta vez, sin darme cuenta, había omitido en la segunda versión el nombre del actual presidente del Grupo Prisa —y, por si quedara alguna duda, también de El País, propiedad de este grupo—: Joseph Oughourlian, fundador del fondo Amber y en la actualidad tercer accionista de Indra, empresa española de seguridad y defensa. O sea, de armamento, vamos. De ahí la referencia —malintencionada, no lo niego— por mi parte.

Parece que no gustó demasiado esto, porque también me quedé el segundo día con tres palmos de narices, a las puertas de ver aparecer mi desdichado texto entre los comentarios. Estos, por otro lado, tampoco se caracterizaban por su calidad intelectual. Más bien se quedaban en gruesas descalificaciones de haters de derecha contra el gobierno de Sánchez o respuestas de personas que defendían la inocencia de Zapatero y atacaban el lawfare y los ardides de los jueces y demás agentes del orden. Lo habitual, vamos. Este tipo de conversaciones se suelen incendiar y alguno de los intervinientes acumulaba 20 o 30 entradas en el hilo. Hay gente, o bots, que no se dedican a otra cosa.

No era mi caso. De nuevo, 0. No editado. Silencio por respuesta.

Mi hermano, experto en comunicación, me advirtió de que tal vez los amigos de El País apliquen un filtro automático, quizás por IA, que rechace el uso de algunos términos. Especulamos con que podía tratarse tal vez de “Amber” o “Indra” (o “Oughourlian” en el mensaje inicial). Así que opté al día siguiente (tercer día) por una versión en la que se sustituyera Amber por “el fondo de inversión que preside el jefe de Prisa”, e Indra  por “la principal empresa de armamento español”. Y claro, sin mención a Oughourlian, por si las moscas.

Pueden reírse de estos intentos desesperados.

Ni por esas. Nuevo fracaso.

Concluimos que una posible explicación era que yo hubiera entrado, desde el primer mensaje, en una lista negra. A estas alturas no se trataba de que apareciera tal o cual término, sino que, ya “blacklisted”, era imposible que pudiera publicar ningún comentario. No sé cuál de las dos opciones resulta más escalofriante. Si ser bloqueado en lo sucesivo por el contenido de una opinión expuesta correctamente y sin insultos, o que se rechace automáticamente el uso de unos términos que puedan hacer referencia a la empresa editorial o a su propietario. Así que, al final del tercer día, probé una frase que, si bien destilaba implícitamente toda la bilis que había acumulado a lo largo de estos tres días, no contenía ningún nombre propio que pudiera herir la sensibilidad del grupo Prisa ni ninguna referencia concreta a sus actividades económicas. El objetivo era, simple y llanamente, comprobar si había sido vetado.

No sé cuál de las dos opciones resulta más escalofriante. Si ser bloqueado por el contenido de una opinión expuesta correctamente y sin insultos, o que se rechace automáticamente el uso de términos que puedan hacer referencia a la empresa editorial o a su propietario

Escriban, escriban. Que mientras no ataquen el meollo de esta bendita empresa, les publicarán”.

Nada. Bloqueado. Se confirmaba entonces que jamás publicaría en El País. Tal vez por los siglos de los siglos. Una tragedia de descomunales proporciones…

Ser suscriptor para esto.

Resulta curioso que ello coincida con los fastos del 50 aniversario del diario guía y faro de la democracia y las libertades en España, la publicación que sacó a España de las tinieblas del franquismo, la cabecera que ha iluminado a tantas y tantas generaciones de españoles progres, el apóstol del europeísmo, convertido ya a estas alturas en un otanismo descafeinado pero que quiere armarse hasta los dientes. Quedará, como decía, la opción de esperar a tiempos mejores. Aquellos en que tal vez un gobierno de PP-VOX revele a las claras, y ya sin tapujos, las tropelías que nos esperan con ellos. En ese caso, afortunadamente, tendremos a El País para que denuncie entonces los “excesos” de la extrema derecha o la derecha extrema y vuelva a convertirse en la casa común de la izquierda española y en la defensora de las libertades —por supuesto entre ellas la de expresión— de toda la ciudadanía. 

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Javier Navarro es profesor titular de Historia Contemporánea de la Universitat de València.

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