Cultura

Cuentos para ahuyentar el miedo

Dos mujeres decoran un árbol de Navidad en Pamplona con una estrella que lleva el nombre de Laura Luelmo, la joven agredida sexualmente y asesinada en El Campillo, Huelva.

En la larga mesa de desayuno, con el sol de Madrid —un sol impropio, ya tardío, una amenaza— entrando por los amplios ventanales, con el desayuno bien dispuesto sobre la mesa, con la parafernalia celebratoria que exige la publicación de un nuevo libro, el miedo no existe. No puede existir. Pero todas las mujeres sentadas a la mesa —casi todas son mujeres— se han aferrado a las llaves de casa, bien afiladas en el bolsillo, han sentido el sudor frío en la nuca, han apretado el paso, han respirado con alivio al escuchar que los pasos del desconocido, inusualmente cercanos, se alejaban al fin. A veces no se alejaban. A veces no eran los de un desconocido. A veces no había puerta, ni llave, a veces ni siquiera era de noche, a veces ni siquiera iban solas. Pero ahora están ahí, sonrientes, con el sol y el desayuno y el libro. El libro se titula Tranquilas, está publicado por Lumen con edición de María Folguera y Carmen G. de la Cueva, está compuesto por los relatos autobiográficos de doce escritoras en español y lleva por subtítulo un propósito elocuente: Historias para ir solas por la noche. 

 

"Sería inocente decir que empezamos a pensar ahora sobre el miedo", dice Carmen G. de la Cueva, que en esta tarea, como Folguera, se dobla en escritora y editora. Las mujeres de su generación, las nacidas en los ochenta, crecieron con las fotos de las niñas de Alcàsser pegadas a la retina, también con la moraleja bien aprendida: las niñas buenas no se montan en coches de hombres desconocidos, y si lo hacen, habrá consecuencias. Pero ahora, con el auge del feminismo traducido en un 8M multitudinario, movimientos como el #MeToo en sus distintos ámbitos y las nuevas miradas hacia los crímenes machistas del pasado —nombran el ensayo de Nerea Barjola sobre el caso, Microfísica sexista del poder, como un título fundacional para este proyecto—, parecía el momento para volver a pensar en ese terror. En el terror a la noche, a caminar solas, a viajar solas, a salir solas, y en su peso. "Queríamos poner el foco", continúa, "en el valor de estar en la calle y no sentir miedo". 

Para ello, María Folguera y ella pidieron a otras doce autoras en español —forman parte del grupo la ecuatoriana María Fernanda Ampuero y la peruana Gabriela Wiener, ambas muy vinculadas a España— que contaran, desde la experiencia personal, relatos que tuvieran que ver con ese terror transmitido de madres a hijas, compartido entre las amigas, dando espacio también con ello a historias de violencia mucho más silenciadas que el miedo que generan. María Folguera habla del peso de cuentos preventivos como el de Caperucita —en el prólogo se cita el artículo de la periodista Noemí López Trujillo, "Una Caperucita en cada generación", escrito con motivo del asesinato de Laura Luelmo—, de mitología, de historias ancestrales. Esas Caperucitas tienen nombres propios, claro: Antonia, Desirée y Míriam; Laura; pero también Diana Quer, Marta del Castillo; María José Coni y Marina Menegazzo, las mochileras argentinas asesinadas en Ecuador que fueron consideradas "víctimas propiciatorias" por temerarias, por viajar solas, pero que en realidad viajaban juntas. "No queríamos volver a colocarlas en el mismo lugar, de víctimas o heroínas, como mitologías no deseadas".

Estos relatos de terror no querían generar miedo, sino ahuyentarlo. Como esas historias alrededor de la lumbre en las que se pasa del castañetear de dientes a la carcajada. Porque aquí hay también humor. Y aventura. "Estas son nuestras 20.000 leguas de viaje submarino", dice Folguera con una sonrisa, las historias de las valientes —por voluntad propia o porque no había más remedio—, las que volvieron de los confines del mundo, las rotas que se reconstruyeron, las vencidas vencedoras —aunque no siempre—. Aquí son, además de las propias Folguera, De la Cueva, Ampuero, Wiener y Barjola, Aixa de la Cruz, Jana Leo, Roberta Marrero, Lucía Mbomío, Silvia Nanclares, Edurne Portela, Carme Riera, Marta Sanz y Sabina Urraca. Las acompaña la ilustradora Sara Herranz, que compone la portadilla de cada relato. Generaciones distintas, aunque son mayoría las de los ochenta, distintas procedencias y contextos vitales. Las narraciones, sin embargo, parecen distintas versiones —a veces afortunadas, a veces desgarradoras— de la misma violencia. Lo son. 

Y, ante estas confesiones, la demostración de que el miedo no es infundado, ¿cómo dejar de caminar rápido, con la cabeza gacha y los hombros encogidos? "En el momento en que decides contarlo", se atreve Carmen G. de la Cueva, "y contarlo así, dejas de tener miedo". Sigue Silvia Nanclares, que acompaña a las editoras en esa mañana soleada: "Para mí hay un común denominador, que es la amistad. En todos los relatos hay un salvavidas, un bálsamo". La amistad femenina como dispositivo de supervivencia, como una nana para dormir sin pesadillas. En las narraciones, las amigas son compañeras de aventuras, confidentes de las desventuras, guardias de seguridad —los grupos de Whatsapp para avisar de que se llega bien a casa o de que se corre peligro en el Blablacar—, pero también son espacios de reconstrucción, tanto del presente como del pasado. Las que ayudan a comprender que aquello no fue normal, que aquello fue una agresión, y que esas agresiones se cuentan por miles, aunque no se cuenten. Las que destierran "la vergüenza y la culpa" que, cuenta De la Cueva, se imponen como el primer castigo. 

Turno de preguntas. ¿Y el título? "Es en cierta manera ambiguo. Ese Tranquilas, ¿qué es? ¿Un imperativo, un deseo, cómo nos sentimos cuando estamos juntas?", dice Folguera. ¿Hubiera podido escribirse un libro así hace 10 años? "Podríamos haberlo escrito, pero no habría tenido detrás una editorial tan potente como Lumen, se hubiera quedado en los márgenes", dice De la Cueva. ¿Y los lectores hombres, cómo lo reciben? "El únio hombre con el que he compartido lectura me ha dicho que le ha dejado en shockshock", dice Nanclares. ¿Cómo se libra una del miedo? "Somos valientes porque queremos hacer nuestra vida. Porque queremos vivir". Lo dicen folguera y De la Cueva, acabando la una la frase de la otra. Pero podría decirlo cualquier otra autora. O incluso cualquier otra lectora. 

 

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