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La lengua española

Españoles por el mundo

Diccionario panhispánico de dudad.

Le he cogido gusto a esto de situar los artículos con escenas costumbristas, así que allá vamos.

Sucedido nº 1

"Perdón, señor –se lanza la señora, de inocultable acento mexicano, tras leer el menú de la estación de autobuses de Madrid–, ¿las tortillas llevan huevos?" "¡Pues claro!", responde el camarero.

Sucedido nº 2

Hotel en la Costa Dorada. Un indignado cliente español pregunta por la directora: "¡El socorrista se ha dirigido a mí en términos incomprensibles!". "¿Qué le has dicho?" "Que no podía entrar en la pileta con la remera puesta".

Sucedido nº 3

Al elegir el idioma para este documento, Word me ha ofrecido la posibilidad de escribir en 22 "españoles", desde un genérico "Español (América Latina)" hasta el "Español (Venezuela)", pasando por un "Español (España)" y un "Español (alfabetización tradicional)" cuyas virtudes ignoro. Por precaución, y a falta de un "Español" mejor, elijo "Español (España)".

Supongo que es en este punto donde toca evocar, una vez más, la frase atribuida a George Bernard Shaw sobre Gran Bretaña y Estados Unidos, dos países separados por una misma lengua.

En apoyo de esa tesis aplicada al español, vino El gran diccionario de los argentinos, el uso del español actual de la Argentina, necesario porque "Una cosa es hablar español y otra cosa es hablar argentino". Y vienen también los muchos glosarios y traductores (español-argentino, argentino-mexicano, español-colombiano…) que con distinta fortuna e intención cuelgan quienes quieren ayudar a los hispanohablantes que viajan a tierra hermana para simplificarles el tránsito, al menos lingüístico.

Una tarea, por cierto, que la Real Academia Española aborda desde hace años, incorporando al diccionario localismos procedentes de la amplia comunidad hispanohablante; con un Diccionario Panhispánico de Dudas en el que "las veintidós academias ofrecen (…) respuestas consensuadas que, respetando las variantes de uso, reafirman y preservan la unidad del español en todo el ámbito hispánico"; y mediante el Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

¿Perdón...?

Todos sabemos de palabras con acepciones diferentes. Yo había leído que un "petardo" es, en Dominicana, un pedo estruendoso y fétido y en Puerto Rico, un cóctel, el rabo de gallo. También, que si dices "guagua", en Canarias y México te refieres a un autobús; en Bolivia, a una piedra para moler con forma de media luna; y en Colombia, un niño de pecho. En Honduras, sin embargo, un niño es un "cipote", que para un español es… en fin. Prieta de curiosidad, pedí ayuda en Twitter (gracias a todos, los que ahora aparecen y los que no):

"De Perú puedo decir muchas. Chela=cerveza; chompa=jersey; trapear=fregar el suelo; chamba=trabajo o casa; párese=póngase de pie; en señal de stop pone pare; palta=aguacate; camote=calabaza; tuno=chumbo; cilantro=culantro; grifo=gasolinera", enumeró @17diciembre.

"En Colombia: trapeador, piso, apartamento; en España: fregona, suelo, piso... respectivamente", contribuyó @SylviaCamachoO.

"En Chile, me duele la 'guata' en lugar del qué dolor de 'tripa' de Madrid" fue el aporte de @e1retrovisor.

Y @juancpal y @adadecarom pusieron su granito venezolano "puro y duro: Celular/Móvil, Carro/Coche, Chaqueta/Cazadora, Chamo/Chaval, Tipo/Tío, Pana/Colega; Chaleco/tomadura de pelo, Guachiman/Vigilante (de amigo)". "Recibir clase en lugar de dar clase. Dormir la siesta en lugar de echarse la siesta, tomar una foto en lugar de echar una foto...".

Era inevitable que en este juego de las muchas diferencias desembocáramos en las que aderezan los españoles de España.

"Prestar es en general dejar algo para que lo utilicen y luego te lo devuelvan. Prestar es, en Asturias, gustar, emocionar, hacer ilusión... un sentimiento, un disfrute personal e importante", compartió @SaraGutierrezT.

"En parte de España, una oliva es una aceituna y el árbol se llama olivo, mientras que en mi zona los árboles son olivas y su fruto, aceituna", me explicó @jftorresch, cuya zona es Jaén, a tenor de los olivos y de lo que también pio: "Yo tenía una profesora valenciana que decía que la angustia era exclusivamente sinónimo de congoja y le extrañaba que la usáramos en Jaén como equivalente a náusea".

"En Vitoria se dice 'sacarse las tabas'; descubrí que en Madrid se dice 'crujirse los dedos". @aburgoarregui recuerda su extrañeza: "No sé quién miraba más raro a quién".

"En Bilbao a la capucha la llamamos choto y al pestillo, quisquete. El fontanero es el hojalatero y un local es una lonja. En lugar de preguntar '¿Por qué?', solemos decir '¿Pues?" @maviarri23 atesora una gran colección: "Los guipuzcoanos y muchos vizcaínos llaman a las bragas culeros y al fontanero, linternero".

"Si en Pamplona pides un 'garrote', lo que te servirán es el bollo conocido como 'Napolitana'. Sí crías una pista de cerdos, eres un criador de 'cutos", me iluminó @semperinmanu.

"En la zona de Vigo, en vez de ver se utiliza mirar (ej: ayer te miré por la calle). En Cataluña, una mujer que está cachonda es una mujer que va caliente, por contra, en Galicia sería una mujer que está buena", es lo que aportó @sugart75 quien después me aseguró que "en la zona de l'Empordà, una clara es un panaché".

¡Habíamos encontrado un filón! ¿Cómo llamamos a las cervezas con limón? En Euskadi, explicó @txipaya, "una pika". "El otro día en Tarragona una clara era un champú", me dijo @Irenemate.

"En Alicante una caña es el equivalente a 'un doble' en Madrid –aportó @anamnesco–. Pero creo que eso es más a nivel calle que a nivel gramatical". Y una cántabra, @marianhg12, decidió abrumar: "altramuces/chochitos (sorry), calamares/rabas, caracoles/cabrillas, alcachofa/alcaucil, alubias/chicharos, lenguado/acedia, pescadilla/pijota…".

Yo aún sonrío cuando recuerdo aquella tarde barcelonesa en la que pedí un suizo (en mi tierra, un bollo) y un chocolate con nata, y el camarero rumboso me trajo… dos chocolates con nata.

Neutralizar el castellano

El español es proteico, y para la mayoría, incluso si ocasionalmente metemos la pata, una riqueza irrenunciable. Sin embargo, las industrias culturales, fundamentalmente el cine y la televisión, han bregado mucho para imponer lo que llaman "español neutro" (para una explicación más detallada, visiten la Fundéu) con el fin de que espectadores de todas los países hispanohablantes puedan acceder a esos productos (aquí, una pequeña muestra del debate). Hay mucho dinero en juego.

También ha sucedido en el mundo editorial, donde hay quien ha caído en la tentación de sustituir términos que al lector puedan extrañarle o exigirle un esfuerzo tipo ir al diccionario para averiguar qué es… una frutilla. Pero cuando el fenómeno se manifiesta con más virulencia es al verter al español obras escritas originalmente en otros idiomas.

"Ha habido un intento por parte del sector editorial de crear un español neutro que les permitiera distribuir las traducciones a los dos lados del Atlántico sin tener que hacer ediciones específicas, y eso no puede ser", denunció Carlos Fortea, presidente de la Asociación de Traductores ACETT. ¿El límite? "No creemos en los idiomas neutros que uniformizan y apagan maticesdeclaró Adriana Hidalgo, responsable del sello argentino de igual nombre—, pero evitamos los localismos innecesarios".

Escritos desde la trinchera

Escritos desde la trinchera

Una derivada interesante es la que denunció en 2009 y en un encuentro entre traductores españoles y argentinos en el Centro Cultural de España en Buenos Aires, la crítica literaria e investigadora Marietta Gargatagli. En Argentina, dijo, "estamos sufriendo una humillación intelectual muy importante, porque las editoriales contratan a traductores argentinos porque la mano de obra es más barata y luego se corrige en España". Para quitarle localismos, claro.

Y luego están esos escritores que, por vivir en un país hispanohablante que no es el suyo, o por convicción, "globalizan" su español. Lo señaló Timo Berger, organizador del festival de literatura latinoamericana Latinale de Berlín: "Los escritores argentinos que forman parte de este proceso, como Marcelo Figueras, o Andrés Neuman tienden a escribir en un español latinoamericano neutro, limpio y perfectamente traducible. Los escritores no sólo exportan las obras, sino que se exportan a sí mismos".

Aunque quizá de lo que se trata no es tanto de mantenerse pegado a un español neutro que nadie habla como de sumarse a ese español que, como aseveró el académico mexicano Gonzalo Celorio, en su norma culta, es prodigiosamente general. "¿Cómo es posible recorrer 22 fronteras y que sólo haya unas cuantas palabras que no entendamos en el ámbito panhispánico? Esto es porque la norma culta es muy general". De ahí que, lingüísticamente hablando, "no hay ninguna diferencia entre Pablo Neruda, Jorge Luis Borges y Dámaso Alonso".

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