Eva Orúe (Zaragoza, 1962) dirige la Feria del Libro de Madrid desde el 1 de enero de 2022. Afronta, por tanto, su quinta edición a los mandos de uno de los eventos culturales más importantes del calendario nacional, que el pasado año facturó 10 millones de euros, recibió a 1,1 millones de visitantes y tiene ya todo listo para llenar de literatura el parque de El Retiro del viernes 29 de mayo al domingo 14 de junio, con el humor como tema central y quién sabe si con el papa León XIV como invitado inesperado. "Seguro que encontraría textos religiosos que le interesen, y también otros no estrictamente religiosos que le puedan interesar", asegura la directora en esta conversación con infoLibre en la que no faltan otros muchos asuntos.
Esta es ya su quinta edición al frente de la Feria del Libro de Madrid. ¿Cuánto se parece a lo que imaginó un lustro atrás?
Creo que hemos cambiado más de lo que pensé que podríamos cambiar. Y al hablar de cambiar me refiero a estructuras y al modo de trabajar. Por ejemplo, quien visite la feria este año verá que las casetas, siendo iguales, cambian. Los rótulos son distintos, mantenemos el código de colores, pero lo presentamos de otra manera que espero que guste a expositores y visitantes. De hecho, este año completamos el cambio total de las estructuras, ninguna de las que hay en 2026 es como era en 2022, en mi primera edición. Siguen siendo casetas, pabellones, stands, pero todos son distintos de como eran. Eso, por la parte que se ve. Por la parte interna también hemos cambiado de forma de trabajar de manera sustancial, no solamente entre el equipo, sino también en nuestra relación con los expositores.
A ver si no la vamos a reconocer…
No, no, eso no. Por lo demás, la feria es lo que era: un sitio donde los expositores van a vender libros, a entablar relación directa con el público, donde los autores se ofrecen para conversar, tanto en las firmas como en las actividades que organizamos para cada edición. Este año todo está pensado en torno al humor y espero que nos sirva para bajar un poquito los decibelios.
Antes de hablar del humor, no sé si la feria se ha convertido ya en un festival, un lugar de conversación pública en el que los encuentros han ganado peso.
En realidad, siempre tuvo algo de festival porque ya había muchas actividades. Lo que ocurre es que en los últimos años tenemos más escenarios y, por lo tanto, muchas más posibilidades. Y es verdad también que la feria se celebra en el parque, un lugar al que vienen lectores, compradores, curiosos y visitantes que simplemente quieren darse un garbeo. Ante eso, nuestra obligación es recibir a todos con alegría, como diría el clásico, pero, sobre todo, ofrecer posibilidades y oportunidades a los que quieren profundizar en algunos de los temas a tratar, que van más allá del asunto central de cada año.
En la feria puedes estar con gente que no piensa como tú y leer autores que no te dan la razón
Cuantitativamente, ¿qué ofrece la feria esta primavera?
Tenemos 366 casetas, de las cuales 118 son librerías y la inmensa mayoría del resto son editoriales. Expositores hay más, porque tenemos algunos en el centro que no están numerados, con lo que pasamos de 400. Todavía no sabemos cuántas editoriales va a haber exactamente, porque sabemos cuántas tienen caseta, o comparten caseta o espacio común, pero luego vienen muchas representadas por sus respectivos gremios regionales. También hay distribuidores que traen hasta 200 sellos a la feria. Por lo tanto, calculo que estaremos alrededor de los números del año pasado, en torno a 950 o 1.000, editoriales, insisto, no todas en caseta.
Ahora sí, hablemos del humor como tema central.
El humor es el tema central de lo que organizamos nosotros, que no es el total de la feria. En nuestra programación hemos intentado aproximarnos al humor desde diferentes puntos de vista, también como género literario, ya que casi nunca ha sido bien tratado en este país, a pesar que es el de El Quijote, que es un libro muy divertido. Nos fijamos en el humor como denuncia, como manera de aproximarnos a realidades y desnudarlas, que es una capacidad que en ocasiones la literatura más seria o más campanuda no tiene. También nos interesan mucho los acentos y las traducciones, es decir, cómo se traduce el humor, cómo hacer que un autor polaco nos haga reír también en español, o cómo entender el humor que se genera en otros sitios en un mundo en el que los lectores y los autores iberoamericanos estamos en permanente contacto. Porque hablamos el mismo idioma, pero no siempre nos reímos por las mismas cosas.
No tenemos que obsesionarnos con aumentar el número de visitas
¿Qué autores relacionados con el humor pasarán por la feria?
Desde Maitena, Rodrigo Cortés y Edu Galán, que están en la charla inaugural, hasta Kevin Johansen y Liniers, que nos acompañarán en alguna actividad. Vienen Jonathan Coe, David Safier... Por supuesto, un montón de autores españoles, tenemos una buena representación de cómicos: Eva Hache, Pantomima Full, Joaquín Reyes... Muchos de los que nos han hecho reír son autores de libros, en ocasiones incluso de novelas, y no queremos perdernos sus actuaciones o sus intervenciones en mesas para discurrir sobre lo divino, lo humano y lo humorístico.
¿Cómo casa el humor con la llamada 'alta literatura'?
La idea es que toda literatura tiene humor. Si solo tiene humor es otra cosa, pero si no tiene humor es un sermón. No recuerdo quién lo dijo, pero yo estaría bastante de acuerdo. Y, en cualquier caso, se trata básicamente de que entendamos, como entiende y valora la mayor parte de la gente, que aquí hay una tradición humorística muy relevante, con autores espléndidos. Pienso, qué sé yo, en Eduardo Mendoza o Elvira Lindo, que han hecho humor y más humor, y eso no ha impedido que sus obras sean tan valoradas. En muchas ocasiones, el humor bien empleado es un arma de destrucción masiva. De destrucción de prejuicios, de incompetencias y de otras muchas cosas.
Nos hemos impuesto es atraer a la feria a aquellas colectividades que, por la razón que sea, habitualmente no estaban, pero que van entrando
En una reciente visita a Madrid, Salman Rushdie dijo que “el humor es una respuesta contra el fanatismo”.
Y él, además, es un ejemplo de lo que estamos hablando, porque en la distancia corta es un tipo muy divertido, aunque a lo mejor sus libros no lo son tanto. Pero él lo es y hace del humor una manera de resistir en circunstancias tan difíciles como han sido las suyas.
¿El objetivo es convertir el parque de El Retiro en el refugio de la risa contra todo lo que vemos en el mundo?
Sí, nos gusta reivindicar la feria, las ferias, como un espacio de disenso donde puedes estar con gente que no piensa como tú y leer autores que no te dan la razón. Insistimos mucho en esta idea porque creemos firmemente en ella, pero además este año esperamos encontrar una manera divertida de hacerlo. No buscamos la carcajada, buscamos también la reflexión, por supuesto, pero, ¿por qué no? Riámonos en el Retiro, no me parece un mal sitio para echar unas risas.
La literatura te enseña, te educa, te habitúa a la complejidad
¿Cómo de placentero, de privilegio incluso, ve ese momento en el que uno está leyendo y de repente se empieza a reír solo?
Y que alguien que ande cerca te pregunte '¿de qué te ríes?' [Risas] No diría que eso me pasa porque soy parca en carcajadas ostentorias, que hubiera dicho Jesús Gil, pero una sonrisa, sin duda. Eso sí pasa muchísimas veces, cuando estás leyendo y una situación, una descripción o una palabra usada en el sitio donde tiene que ir, te hace sonreír porque estás metida en la historia y es graciosa. Y eso no le quita un ápice de seriedad al libro, no le quita ni un ápice de potencia a la bomba destructora de prejuicios que es, en ocasiones, la literatura.
¿Cuántas firmas habrá este año?
El año pasado fueron 4.500 autores y 7.000 sesiones de firmas, aproximadamente, que es una barbaridad. Este año no sabemos muy bien a qué nos enfrentamos porque, así como la programación sí que la tenemos en algunos casos controlada y coordinada desde la dirección, en el caso de las firmas no es así. Las firmas las van subiendo los expositores y, salvo algunas excepciones, prácticamente no nos enteramos hasta que las vemos publicadas. Pero viene a firmar Siri Hustvedt, Benjamín Labatut, Robin Sharma... gente que no está en la programación y, sin embargo, está en la feria. Y aparte, además, los grandes de siempre, los habituales que, tengan novedad o no, quieren venir y estar aquí un rato en El Retiro. Un rato o muchos ratos, porque hay gente que se queda, se pega aquí en la feria, prácticamente.
Las librerías son seres vivos y por supuesto que se abren y se cierran, lo que me parece más preocupante es que sea por razones que tienen que ver con un modelo de ciudad que, en ocasiones, no hace caso a los que estamos aquí
¿Cuántos visitantes tuvo la feria el año pasado?
El estudio que hicimos con Telefónica Tech nos daba ochocientos y pico mil visitantes únicos, mayores de 18 años. Nosotros calculamos que, como mínimo, otros 300.000 más entre niños y adolescentes, así que serían 1,1 millones, aproximadamente. Una buena cifra.
¿Estamos cómodos con esa cifra en torno al millón de visitantes?
Yo diría que no es lo más importante, pero no negaré que tiene su importancia. Sobre todo, creo que no tenemos que obsesionarnos con aumentar el número de visitas, porque se trata de que venga gente, mucha, cuanta más mejor, dentro de las capacidades que tiene el parque y que nosotros tenemos para atenderlos a todos bien. Sería loco para la feria y para el parque que hubiera cinco millones de personas aquí. Luego depende mucho de otros factores, por ejemplo el año pasado nos cerraron dos tardes el parque, y eso se tiene que notar en el número final de visitantes. Así que conviene no perder de vista la cifra, ya que nos da la pista sobre el interés que la propuesta suscita en quienes nos visitan, pero tampoco hay que obsesionarse con ella ni con la idea de “cada año más”. Pues a lo mejor no. A lo mejor cada año los que tienen que estar.
Pido a la gente es que se organice para no dejar de venir a la feria por la visita del papa
Más allá de si afectará o no la visita del papa a esas cifras, ¿y si se pasa León XIV por la feria, qué?
[Risas] Pues oye, está la Biblioteca de Autores Cristianos y la Librería de las Paulinas, que tienen casetas, así que seguro que encontraría textos religiosos que le interesen, y textos no estrictamente religiosos que también le puedan interesar. Su visita nos va a afectar, sin duda. El día 7 hay una misa en Cibeles y se espera que congregue en torno a un millón de fieles, por lo que, quieras que no, supondrá añadir dificultades para la gente que viene desde según qué puntos de la ciudad. Lo que yo pido a la gente es que se organice para no dejar de venir por eso, es decir, que si no pueden venir el día 7, vengan otro. Y a los que, a pesar de todo, quieran visitarnos el 7, porque tenemos una programación fenomenal para ese día, les diría quizás que salgan un rato antes de casa y, sobre todo, que se informen bien. Nosotros transmitiremos cuando tengamos toda la información correspondiente a líneas de Metro, autobuses, puertas cerradas y lo que nos puedan decir.
Antes ha comentado que la feria tuvo que cerrar el año pasado un par de tardes por la climatología. ¿Mira mucho la directora de la Feria del Libro al cielo?
Sí, miramos todo el rato [risas]. Lo que pasa es que no acabamos de entenderlo bien, porque los parámetros que indican la necesidad de cerrar la feria o de cerrar el parque son muy difíciles de apreciar a ojo desnudo, ya que tiene que ver con una combinación de mucho calor, rachas de viento y humedad del suelo. Nosotros estamos en el parque, que tiene un protocolo meteorológico y, por lo tanto, nos toca respetarlo. Todos querríamos estar aquí todos los días a todas horas, pero sabemos que nos toca respetarlo y lo respetamos.
El humor bien empleado es un arma de destrucción masiva de prejuicios e incompetencias
Ha mencionado antes a los visitantes que solo quieren darse un garbeo por la feria. ¿Qué les decimos a los que después de darse esa vuelta se van sin nada?
Pues que si es lector, que se anime a comprar. Si no es lector, que se anime a leer. Y que, en cualquier caso, se anime a participar en las actividades. Dicho esto, si solo viene a pasear, también será bien recibido.
En este lustro al frente de la feria, ¿ha evolucionado a mejor la relación de los madrileños con su feria? ¿Somos conscientes de lo que tenemos?
Tampoco vamos a forzarlos a venir, cada uno es libre de elegir sus momentos y sus lugares de distracción o de lectura. Yo lo que diría es que, cuando me incorporé a la feria, lo primero que me llamó la atención es que cuando decía que era la directora había un montón de gente, madrileños que han nacido aquí o que llevan aquí mucho tiempo, que te decían "ahí me llevaba mi padre, ahí me llevaba mi abuela, ahí me llevaba al colegio". Esta relación sentimental con la feria existe entre quienes llevan tiempo en la ciudad, y se está creando, y ahí es donde nosotros tenemos una responsabilidad con los que llevan menos tiempo. Una de las tareas que nos hemos impuesto es atraer a la feria a aquellas colectividades que, por la razón que sea, habitualmente no estaban, pero que van entrando. Eso es importante para nosotros porque, al fin y al cabo, esta es la Feria del Libro de la ciudad de Madrid. Luego sí, vienen librerías de toda la comunidad y editoriales de toda España, pero lo relevante es que tiene que ser una feria a la altura y al servicio de la ciudad que la acoge. Y, para eso, tenemos que encontrar la manera de atraer a ciudadanos de orígenes e intereses distintos. Esa es la misión que tenemos que cumplir y en eso estamos.
¿La familia que lee unida permanece unida? Porque ahora podemos estar todos juntos en un mismo lugar, pero cada cual con su teléfono.
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Lo del móvil es una cosa curiosa, porque tú ves a la gente con el móvil en la mano, pero no sabes lo que están haciendo. Los hay que están perdiendo el tiempo, los hay que están metiendo porquería en redes, pero también hay gente que va en el Metro leyendo el periódico o libros, ya sea en el móvil o en dispositivos electrónicos. Esta es una opinión personal, pero conozco gente que lee y sus hijos no leen nada, y al revés, por lo que creo que es un conjunto de factores que no son fácilmente cuantificables. Pero, lo que sí creo firmemente es que la lectura te ayuda a concentrarte, a construir un pensamiento complejo, a defenderte en un mundo cada vez más difícil. Quien crea que sin entender las subordinadas puede firmar un contrato para adquirir una casa está en un error. Y creo que, en ocasiones, tendemos a la simplicidad y que la literatura te enseña, te educa, te habitúa a la complejidad. Eso no quiere decir que sean libros que no podamos entender, quiero decir que los libros deberían ser exigentes para el lector. También podemos leer cosas divertidas y cosas que no tienen mayor trascendencia, pero creo sinceramente que la lectura, el hecho de leer, nos mejora. ¿Como personas? No, porque hay mucha gente que lee mucho y es muy mala gente, pero sí que nos mejora a nosotros y a nuestras capacidades para afrontar el mundo difícil y complejo en el que vivimos.
¿Qué siente la directora de la Feria del Libro de Madrid cuando cierra una librería?
Este año vamos a echar en falta varias librerías que han tenido que cerrar: Tipos Infames y La Cafebrería de Madrid; en Alcobendas, el Movimiento del Caracol... Las librerías son seres vivos y por supuesto que se abren y se cierran, lo que me parece más preocupante y más inaceptable es que sea por razones que tienen que ver con un modelo de ciudad que, en ocasiones, no hace caso a los que estamos aquí. Y cuando digo esto, vale para librerías, panaderías, verdulerías y todo tipo de negocios. A veces da la impresión de que los ciudadanos que abren un negocio pequeño, porque no es muy grande, no porque sea menor o poco importante, no cuentan con ninguna complicidad. Creo que eso es algo que debe preocupar, por supuesto, a los libreros, pero, desde luego, también a los vecinos de la ciudad. Que no nos quiten la ciudad, que es nuestra, y que nosotros sigamos identificándonos en sus calles y con sus comercios, y con la gente que hace posible la vida cotidiana.
Eva Orúe (Zaragoza, 1962) dirige la Feria del Libro de Madrid desde el 1 de enero de 2022. Afronta, por tanto, su quinta edición a los mandos de uno de los eventos culturales más importantes del calendario nacional, que el pasado año facturó 10 millones de euros, recibió a 1,1 millones de visitantes y tiene ya todo listo para llenar de literatura el parque de El Retiro del viernes 29 de mayo al domingo 14 de junio, con el humor como tema central y quién sabe si con el papa León XIV como invitado inesperado. "Seguro que encontraría textos religiosos que le interesen, y también otros no estrictamente religiosos que le puedan interesar", asegura la directora en esta conversación con infoLibre en la que no faltan otros muchos asuntos.