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Poesía

Fernández Mallo: “La poesía tiene que ser un lugar nómada”

Posmodernidad, muerte y reinvención: Fernández Mallo reúne toda su poesía

Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) empieza todas las respuestas con un “para mí” o “yo creo”, pero no por habitual en su discurso, la invariable coletilla es menos importante. Quizás sea todo lo contrario. Posicionándose en todo lo que dice desde la primera persona del singular, el escritor se reafirma en su negativa a liderar cualquier movimiento, a pesar de haber acuñado el término postpoesía y de haberse convertido en un referente poético entre los autores que incorporan con naturalidad elementos científicos a un texto literario. “La poesía no es literatura, y de ser algo/ es su ciencia”, argumenta en uno de los poemas.

Desde esta postura ética, y utilizando las tesis de la posmodernidad como principio estético, Fernández Mallo ha escrito desde novela a ensayo, pasando, con especial atención, por la poesía. Acaba de publicar su obra lírica completa, una compilación de sus poemarios desde 1998 a 2012, junto al inédito Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral). A diferencia de sus anteriores trabajos, que tacha de “herméticos”, dice de este último que es el más narrativo de toda su producción, ya que puede leerse como una historia, como un cuento sobre la muerte y lo que puede aprenderse de ella.

Su peculiar estilo a la hora de escribir hizo que Fernández Mallo fuese incluido dentro de la llamada Generación Nocilla, aquella categoría que pretendía agrupar la producción literaria de autores como Jorge Carrión, Juan Francisco Ferré, Eloy Fernández Porta o el propio Fernández Mallo. Entonces, el autor gallego -residente desde hace 20 años en Palma de Mallorca, aunque todavía conserva un marcado acento gallego-, rechazó de manera tajante ser el líder de la generación, a pesar de que fue su trilogía titulada como la popular merienda la que sirvió para bautizar al grupo. Llegó incluso a poner en entredicho que se pudiera hablar de una generación como tal, alegando que se trataba más de una categoría mediática que de una realidad literaria. Así las cosas, con una generación sin nombre ni líder, lo que resta, es la posmodernidad ¿Hay, acaso, algo más posmoderno que negar la propia existencia?

¿Qué es postpoesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Basta con echar un breve vistazo a las más de 600 páginas de esta recopilación para concluir Fernández Mallo no concibe la poesía y la narrativa como compartimentos estancos. “Todo lo que hago parte de la poesía. El núcleo y la fuente de mi obra es la poesía, incluso cuando escribo novelas o libros de ensayo. Las ideas iniciales siempre vienen de una imagen o emoción poética, que luego puede tomar forma como poesía, novela o como teoría”, explica. Como imagen poética apareció también la “postpoesía”, término que cuajó en un ensayo publicado en 2009. “Empecé a ver que para mí la poesía que se editaba, no así la que se escribía, no se correspondía con el pulso de la poesía de mi contemporaneidad. Entonces, teoricé sobre por qué la poesía contemporánea en aquella época no ensayaba imágenes que conectaran con nosotros y de ahí viene lo de lo postpoesía, una propuesta para que se volviese contemporánea”, apunta.

¿Y lo ha conseguido? “En parte sí –responde el escritor-. El escenario de la poesía ha cambiado mucho en los últimos cinco o seis años. Por ejemplo, ahora mismo se está dando en la poesía propuestas mucho más interesantes que en la novela. La poesía tiene que ser un lugar nómada, una frontera, y solamente cuando estás en esas fronteras es cuando puedes cuestionarte cosas. Para mí, la poesía tiene que ser eso: la problematización de lo real. Con problematizar quiero decir preguntarse por qué ocurre una cosa y por qué no la otra. Y que en todo eso haya una factura estética. Como hace un científico, que siempre está buscando anomalías”.

Muerte y resurrección poética

Fernández Mallo asegura que Ya nadie se llamará como yo es su obra más explícitamente biográfica, un desnudo literario y emocional en el que reflexiona, especialmente, acerca de la muerte y del proceso que experimentan los que se quedan. Aun así, defiende que no es un poemario triste o tenebroso, aunque haya versos que sí lo parezcan. “Sellaron aquello con cemento/ más blanco que un ojo ciego./ Fue la primera vez que no vi llorar a mi madre”, dice al final de un poema en el que describe un entierro. “Cuando alguien cercano a ti se muere, aparece un proceso muy misterioso, empieza a configurarse en tu cabeza de otro modo. Es como si se convirtiese en otra persona, en alguien que tú conocías sólo a medias. Parece una especie de resurrección. Empiezas a ver cosas que no habías visto o facetas nuevas de esa persona”, abunda Fernández Mallo en su posición.

Hay también naturaleza y multitud de guiños a la realidad más contemporánea. Sirva como ejemplo de esto último el siguiente extracto: “Hay tanta gente ahí fuera mendigando un retuit, un like. Real consolidación del capitalismo. (Fósiles blandos, 5)”. La novedad en Ya nadie se llamará como yo es la radical confrontación que hace el autor entre sociedad de consumo y naturaleza en su estado más primario, más brutal, sin misticismos ni reivindicaciones ecologistas. “¿Qué significa que en una montaña encuentres una tarjeta de crédito? ¿Qué coño es eso? Esto pone dos mundos en confrontación, dos límites, y allí es donde se da el hecho poético, porque es donde puede estar el ADN de la creatividad para que surjan cosas interesantes”, añade.

Agustín Fernández Mallo, Tom Sawyer y la aventura infinita

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En el ADN poético de Fernández Mallo hay, además, ciencia por doquier. No faltan en sus poemas alusiones a fórmulas químicas, fotosíntesis, “espuma cuántica”, “caos de masas solitarias cegadas por la utopía de un futuro Universo perfecto”. Siempre que se habla de él se enfatiza la singularidad que añade lo científico a la literatura. Sin embargo, Fernández Mallo - que ejerció como físico, investigando tratamientos oncológicos de radioterapia en un hospital de Mallorca- prefiere hablar de ello como una más de las partes que integran su realidad. “Para mí la ciencia es mi estructura mental, es mi formación. No podría escribir como escribo, incluso cuando lo hago sobre cosas que no son ciencia, si no fuera por mi formación. Pero ojo, esa formación me ha dado una idea de la creatividad, me ha ampliado el concepto que yo podría tener de lo que es ser creativo, porque para ser científico hay que ser muy creativo, hay que imaginar procesos y estructuras. Entonces, eso quizás le da una peculiaridad, pero la ciencia es un elemento más dentro de todo lo que a mí me influye, desde el pop hasta la llamada alta cultura”.

Propiedad intelectual y remakes

Puestos a echar la vista atrás, hay una pequeña controversia en la carrera literaria de Fernández Mallo. En 2011 publicó El hacedor (de Borges), Remake haciendo alarde de otro gesto profundamente posmoderno: el pastiche, la apropiación, la deconstrucción de una obra para crear algo nuevo. Entonces, la viuda del escritor argentino, María Kodama, solicitó a Alfaguara que retirase la obra de Fernández Mallo. Lo hizo a través de sus abogados, que finalmente consiguieron que la editorial quitase el remake de todos los puntos de venta. El contratiempo no fue más allá y el autor gallego, sin querer ahondar demasiado en el tema, sigue manteniendo la misma postura que entonces. “La viuda de Borges quiso retirarlo y, por desgracia, legalmente tiene razón, aunque no estéticamente ni filosóficamente. Las leyes que rigen la propiedad intelectual son antiquísimas, no están ni mucho menos adaptadas a la contemporaneidad ni a lo que estamos haciendo muchos sobre apropiacionismos, remakes, mezclas… Si alguien se pusiera muy estricto, el 80% de la poesía que se edita en español no podría publicarse”, zanja.

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