Los historiadores Miriam Saqqa Carazo, Oriol Dueñas Iturbe y Queralt Solé Barjau acaban de publicar Exhumar en guerra. La investigación judicial y forense republicana de las muertes en la retaguardia (1936-1939), un trabajo que "pretende cambiar la perspectiva histórica desde la que abordar las exhumaciones de las fosas comunes en España, centrando la atención en aquellas que tuvieron lugar durante la guerra".
El libro está llegando estos días a las librerías a través de la editorial Catarata, pero infoLibre ofrece a sus lectores un fragmento de la introducción.
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“Contar muertos”, así se referían de forma peyorativa a la labor de los historiadores pioneros que en los años ochenta empezaron las investigaciones para saber quiénes habían sido las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. Estos inicialmente se focalizaron en conocer las identidades de aquellos muertos a los que el franquismo había pretendido borrar de la historia. Las fuerzas sublevadas —integradas por el ejército, milicias fascistas y monárquicas, eclesiásticos militarizados y civiles armados— condujeron al régimen a la victoria, ejerciendo una violencia extrema que provocó numerosas muertes y desapariciones.
Pero, a diferencia de lo que había hecho el régimen, estos historiadores también expusieron la violencia vivida en la retaguardia republicana y las muertes provocadas a pesar de que estas víctimas, aquellos denominados mártires y caídos, sí habían sido reconocidas, homenajeadas y recordadas continuamente durante la dictadura. Guiados por la voluntad de mantener la objetividad científica, que no neutralidad, sumaron a sus investigaciones y análisis las muertes y los nombres de las víctimas de la retaguardia de la República.
Estas investigaciones se llevaron a cabo en medio de grandes dificultades. Sin acceso a los archivos militares ni a los municipales, los investigadores lograron obtener permisos —en ocasiones incluso judiciales— para consultar los registros civiles y los de los cementerios. También pudieron acceder, ya en los años ochenta, a la Causa General (CG) y recurrir a la memoria oral como fuente complementaria. Todo ello se realizó sin el apoyo de los recursos técnicos e informáticos de los que se dispone en la actualidad.
El punto culminante de todas las investigaciones que fueron publicándose a lo largo de los años ochenta y noventa fue la aparición del libro coordinado por Santos Juliá, Víctimas de la guerra civil, en 1999. En él, los autores exponían los sucesos que habían provocado un alto índice de muertes en el frente y en ambas retaguardias, analizando los distintos modus operandi que se habían dado en la zona rebelde y en la zona republicana. Daban asimismo unas “cifras de la represión” sin cerrar, en función de las provincias que habían podido ser estudiadas y advertían de que “los datos tradicionales son casi siempre corregidos al alza, en cuanto a la represión franquista, y corregidos a la baja, en cuanto a la represión republicana”.
Unas conclusiones que se corroboraron en otro punto culminante respecto el análisis de la represión durante la guerra, cuando se publicó en 2010 el libro Violencia roja y azul, coordinado por Francisco Espinosa Maestre. En él se ponía de manifiesto que se habían continuado contando muertos a nivel local, regional y provincial y, junto con Víctimas de la guerra civil, quedaba claro que había una demanda social por conocer las identidades y las cifras de las muertes violentas de la guerra y la dictadura.
En 2010, a partir de la investigación histórica, se podía establecer que las víctimas de la violencia en la retaguardia republicana habían sido 49.272, y durante la represión franquista, aun sin haberse estudiado de forma completa todas las comunidades autónomas, llegaba a 130.199 muertos. Y a estas cifras se podían sumar, por primera vez, los resultados de las exhumaciones llevadas a cabo desde el año 2000: 207 fosas abiertas de las que se habían encontrado 4.956 restos. Se constataban las posibilidades que aportaban las nuevas fuentes: aunque la fuente oral se iba perdiendo progresivamente, era posible acceder, entre otros materiales, a los consejos de guerra franquistas y a la documentación municipal, entonces mejor catalogada y con un relevo generacional que facilitaba su consulta.
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Además, había aparecido una fuente histórica nueva: la aportada por los resultados de las exhumaciones de las fosas comunes que se habían empezado a abrir por todo el Estado a partir del año 2000. La documentación histórica al respecto era casi inexistente, pero los restos óseos y las fosas en sí mismas eran y son una nueva y gran fuente de información histórica. La cifra de víctimas de la represión republicana no se veía alterada por las exhumaciones; en cambio, la correspondiente a la represión franquista comenzaba a superar las 135.000 víctimas.
Las fosas comunes de la Guerra Civil son una prueba material de la violencia que transita el espacio, pero también el tiempo. Sus diferentes fases cronológicas deben ser entendidas y analizadas de manera individual. En 2014, el antropólogo Francisco Ferrándiz evidenciaba la existencia de diferentes ciclos de exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil (Ferrándiz, 2014: 148-203). La premisa de partida es que cada uno de los ciclos de exhumaciones corresponden a diferentes encuadres necropolíticos (Ferrándiz y Robben, 2015: 1-40). Cada una de estas fases de desenterramientos ha de ser entendida en su contexto histórico y con sus particularidades técnicas, políticas y sociales, teniendo muy presentes las víctimas que son recuperadas y los relatos memoriales que acompañan cada caso. El estudio de las fosas y el hecho de tener presente las distintas fases del periodo las convierte en aportaciones fundamentales para el conocimiento histórico de la guerra y la posguerra, cuya resonancia alcanza nuestros días.
Esta obra pretende cambiar la perspectiva histórica desde la que abordar las exhumaciones de las fosas comunes en España, centrando la atención en aquellas que tuvieron lugar durante la guerra. Debido a ello, este libro se proyecta como una contribución única que permite revelar uno de los cuatro principales ciclos de exhumaciones (Ferrándiz, 2014: 148-203; Ferrándiz y Robben, 2015: 20) en la historia contemporánea de España. Múltiples investigaciones en las últimas décadas han ido mostrando la realidad de esos diferentes ciclos y sus características particulares.
Los historiadores Miriam Saqqa Carazo, Oriol Dueñas Iturbe y Queralt Solé Barjau acaban de publicar Exhumar en guerra. La investigación judicial y forense republicana de las muertes en la retaguardia (1936-1939), un trabajo que "pretende cambiar la perspectiva histórica desde la que abordar las exhumaciones de las fosas comunes en España, centrando la atención en aquellas que tuvieron lugar durante la guerra".