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Adiós a todo eso: una mujer de la Generación Beat

Memoria de una beatnik

Diane di Prima

Ediciones Las Afueras (2022)

"Yo también sabía, y mejor que nadie, por qué me había ido de casa: para estar con Alex. Él era la encarnación concreta de un deseo mucho más abstracto: el deseo de ser 'libre'. Y con 'libre' quería decir —si hubiera tenido que admitirlo— 'sexualmente libre'. En aquella libertad quedaban subsumidos todos mis anhelos". Lo escribe Joyce Johnson en su libro Personajes secundarios. Estamos a mediados de los años cincuenta del pasado siglo. Se iniciaba la Generación Beat. Los personajes principales eran hombres: Kerouac, Ginsberg, Corso, Burroughs… Las mujeres eran los personajes secundarios a los que se refiere Joyce Johnson, que era la novia de Kerouac cuando a los diecinueve años vivió lo que dice en el párrafo que inicia estas líneas. Había muchas más mujeres. Y la mayoría de ellas superaban en talento a sus admirados artistas de la fanfarria que se movía por los bares del Village neoyorquino, muertos de hambre los faranduleros pero firmando con sus vidas a salto de mata el manifiesto de una cultura que haría furor aquellos años y muchos de los que habrían de venir. Entre aquellas mujeres ocuparía un lugar destacado Diane di Prima.

La liberación sexual. Wilhelm Reich. El tiempo sin ataduras. Descubrir que la vida, si no se disfruta, es una mierda. Y la disfrutaban. Chicas jóvenes, apenas superada la adolescencia, que se metían en casas llenas de ratas, que se pasaban más tiempo en los bares que en compañía de esas ratas, que escribían mientras se movían con dificultad gimnástica entre el montón de cuerpos hacinados en la misma habitación. "Aquí en mi cuarto todo el día sobre el sofá un extraño / que no habla / que no me quita la vista / de encima mientras que doy vueltas y más vueltas de la mesa a la cama", escribe di Prima en uno de los poemas de su libro Quita tu cuello degollado de mi cuchillo. En 1969 publicó Memorias de una beatnik y tenía treinta y cinco años. Llevaba casi veinte —o sin el casi— rodando de un sitio a otro, de una casa a otra, de una cama a otra. A veces salía de una ciudad para dejar atrás esa sensación de soledad que se siente cuando te rodea gente por todas partes. Y volvía al punto de partida sabiendo que "nunca se vuelve de ningún lugar. Se tarda mucho en aprender eso…". Pero volvía al punto de partida.

En ese momento no existía lo beatnik. Un día le regalan un libro. Se trata de Aullido, el poema de Allen Ginsberg considerado como el punto de arranque de la Generación Beat. Se queda atónita. No para de leer desde ese comienzo impresionante: "He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura…". Un tiempo después aparecen Allen Ginsberg y Jack Kerouac por la casa donde Diane di Prima vivía con unos amigos. El acabose. Cuerpos enredados como en una geometría inexplicable, sexo a toda mecha. Ginsberg se pone las botas con los chicos. Ella hace lo mismo con Kerouac, el príncipe de esa generación. Sexo, drogas y los primeros compases de rock&roll. Estas memorias son sobre todo eso. La libertad que no admitía ataduras de ninguna clase. El tiempo que se exprimía hasta el límite. Si es que los había, si es que había límites a esa libertad. "He dormido / en todos los cuartos salvo / la cocina, y eso / implica sola o / con otros…": son unos versos de Hettie Jones, otra de las poetas tan importantes como desconocidas de esa generación.

A muchas de esas mujeres y sus obras las conozco por el excelente libro de Annalisa Marí Pegrum Beat attitude. Antología de las mujeres poetas de la generación beat. En el de Diane di Prima que saco en estos Diablos Azules los libros de Hermann Hesse, la música de Miles Davis y Charlie Parker alternando con Bach y Vivaldi, la gente que va y viene: "recuerdo que en cierto momento tenía en casa (y rondando a veces por casa) a los siguientes seres: Lauren el Pelirrojo, Jack el Joven, Henry el Orejas y Julie la Fugitiva". Otras veces serían otros los habitantes de la burbuja: Pete, Leslie, la siempre presente Susan O'Reilley y Don, el guaperas de Don: "Se rumoreaba que Montgomery Cliff, entre otros, estaba loco por él…". Y siguiendo con el estrellato del cine: "Conocimos a Marlon Brando, que parecía fastidiado y triste, y realmente lo estaba". De él estaba enamorado Margie "porque la había llevado a su hotel y, en lugar de intentar enrollarse con ella, se había pasado la noche poniéndole un disco de Tosca". ¡Qué cosas!

La escritura de ese tiempo en un relato que podría pasar por pornográfico. Eso le pedía el editor: mogollón de sexo. A Diane di Prima le da igual: escribe con la misma perfección sea cual sea el tipo de historia que cuente. Lo mismo pasa con sus poemas. Con sus Cartas revolucionarias. Con este mismo libro que va más allá (o más acá, qué importa) de lo que podría ser un libro de memorias. Fue una de las grandes de la Generación Beat cuando nadie le había puesto ese nombre a lo que pasaba por las calles y los bares del Village. Un día se plantea la maternidad. Repasa su vida, los hombres y mujeres que han pasado por esa vida, los sitios. Y se lo dice a sí misma después de esas vueltas y revueltas un día en que la memoria la lleva a sus primeros viajes lejos de casa, a un primer amor de aquellos pasajeros que regresa aunque sea sólo por un rato y se enrolle el cuello con el lujo asiático de una pajarita: "La vida nunca me había parecido más sencilla y agradable, nunca tan repleta de amor y libertad esencial como durante aquel día, aunque sabía que le estaba diciendo adiós a todo eso". Y ya para acabar estas líneas, sus propias palabras: "Me alegro de verdad de haber escrito el libro y de haberlo hecho en ese momento, antes de que el mundo del Oeste se apoderara totalmente de mí. Al leerlo ahora me doy cuenta de que son tantas las cosas que ya no recuerdo que es como si no lo hubiera escrito yo". Pues yo les digo que lo ha escrito ella, Diane di Prima, una de las escritoras que vale la pena leer por encima de todos los desconocimientos y todos los olvidos. Murió en octubre del año 2020 y tenía 86 años.

Alfons Cervera es escritor. Su último libro es Algo personal (Piel de Zapa, 2021).

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