Alfons Cervera: "Las derechas en España no son antifascistas, y así es muy difícil ser demócrata"

Un descampado alejado de los edificios, un Ford Fiesta destartalado. El bar Kaola, el cine Varietés, el kiosco de Lucio, la barbería de Josito. Un barrio de extrarradio, separado del resto del mundo por la autovía que traza en el suelo la frontera entre ellos y nosotros. Alfons Cervera (Gestalgar, Valencia, 1947) escribe en Singapur (Piel de Zapa, 2026) la crónica de una periferia que ya no existe y de unas vidas que nunca tuvieron futuro pero sí unos sueños y unos valores inquebrantables que la marginalidad no les ha hecho olvidar. "Todos estos personajes nunca hubieran votado a la extrema derecha. Aunque no tengan futuro, aunque se busquen la vida robando coches o atracando, a esos jóvenes nunca se les meterá el odio en las tripas y menos en el corazón", recalca el escritor en esta conversación con infoLibre. Y todavía dice, claro, muchísimo más.

¿Qué es Singapur?

Una historia de amor en medio de la mierda, porque la vida siempre es una mierda para la misma gente. Eso es lo que me gustaría que viera la gente detrás de esa portada oscura, de esa farola, de ese descampado. Que ahí detrás hay una historia de amor. Oscura, pero una historia de amor, en medio de la mierda. Una parte de Singapur va de eso.

Es también la historia de un barrio que, como tantos otros, ya no es.

Es la historia de un barrio que, como siempre, está separado de la ciudad, o bien por polígonos industriales o, lo que es peor, por las autovías y las autopistas, que son las fronteras entre la riqueza y la pobreza, entre el esplendor y la miseria, entre el cielo y la intemperie. Es la autovía la que hace de frontera, por eso para mis personajes el otro lado es la zona prohibida.

¿Ya no hay barrios en las ciudades? ¿Tiene esta novela un punto nostálgico o pesimista?

A mí me gustan mucho los barrios, las periferias. Yo vivía en Valencia, donde todavía sigo teniendo casa, en la periferia. Y, de hecho, el barrio, el ambiente en el que me gusta reconocer a los personajes en la novela es ese barrio donde aún mantengo la casa, que hoy está absolutamente transformado, porque ya no queda nada. Los bancos de los parques se quedan sin gente, como aparece en la novela muchas veces, cagados por los pájaros como único testimonio de lo que queda. La novela transcurre ahí, en un barrio periférico de la ciudad, con unos personajes que saben que no tienen futuro y poco a poco van abandonando el barrio porque se va quedando solo. Este es el escenario de Singapur, el barrio donde viven una serie de personajes. 

Es que "no es lo mismo nacer en el centro de la ciudad que donde no llegan los autobuses del ayuntamiento".

Exactamente. La diferencia entre el barrio y la ciudad, en definitiva. Y hay algo de lo que nunca me voy a olvidar en mis novelas y en mis artículos, que es la condición de clase. El origen de la gente, de dónde venimos. No podemos perdernos en el camino hacia lo que somos, eso es fundamental. Por eso, los personajes de mi barrio periférico mantienen esa dignidad de clase. Saben que al otro lado de la autopista están los otros y, en este, mantienen unos valores fundamentales que yo quiero que tengan porque soy el autor de la novela y no quiero que se me escapen.

¿Cuáles son esos valores?

Unos valores que la marginalidad y la precariedad no les ha hecho olvidar. Hablo de amistad, lealtad, amor, de cómo salir de la violencia haciendo el menor daño posible. Con esto quiero decir que no abandono a mis personajes a la intemperie. Quiero que tengan vida, aunque el futuro, como ellos dicen, no saben muy bien lo que es. 

Claro que ha habido un profesorado concienciado, comprometido, pero oficialmente no hay un discurso sobre la memoria en la enseñanza en España

No saben qué es el futuro pero mantienen sus sueños. ¿Cuál es la importancia de los sueños en un futuro que no existe?

Eso es lo que les da vida a mis personajes. Saben perfectamente que los sueños acaban al otro lado de la autopista, pero también que nadie se los va a quitar mientras vivan en su propio territorio. Nadie les va a quitar los sueños que ellos se encuentran en el kiosco de Lucio, los que tienen con los tebeos, con las novelitas del oeste, con sus sueños. Ese kiosco es fundamental porque es el mundo en el que viven, por el que pasa toda la gente del barrio. Y ahí nadie les va a quitar los sueños, aunque sepan que en cuanto crucen la autovía van a estar ahí esperando los tiburones.

Singapur está repleta de recuerdos, de historias del pasado que se difuminan unas más que otras. Otro lugar es, de hecho, El café del olvido. ¿El paso del tiempo y ese olvido son los grandes miedos del ser humano?

Llevo más de 30 años con mis novelas sobre la memoria. Eso que se llamaba memoria histórica, que ahora se llama memoria democrática y a mí me gustaría que en alguna ocasión se llamara memoria democrática y antifascista, porque las derechas en España no son antifascistas y es muy difícil ser demócrata si no se es antifascista. En mis novelas, decía, siempre traté en los últimos años de esa memoria democrática y antifascista, pero esta es una novela también sobre la memoria, porque nosotros estamos hechos de ella. Lo que ocurre es que en Singapur la memoria que cuento es la de los ochenta, que creo que son unos años olvidados y que tenían una gran actividad de todo tipo: política, cultural, social... Y de ahí un poco la ubicación del barrio como un sitio, digamos, de conciencia.

En 'Singapur' cuento la memoria de los 80, que creo que son unos años olvidados con una gran actividad de todo tipo: política, cultural, social... Y de ahí un poco la ubicación del barrio como un sitio, digamos, de conciencia

La trama se sitúa en los años ochenta, pero llega casi hasta nuestro presente.

El tiempo que tardé en escribirla, porque la empecé en el 87, me ha permitido llegar prácticamente hasta el año 2025. Eso me da ocasión de haber metido ahí la memoria de los años ochenta, pero también llegar hasta hoy, y por eso aparece la guerra de Irak desde 2003, la crisis del 2008 y la falsa recuperación de esa crisis que estamos viviendo ahora mismo. Aparecen incluso referencias a lo que hoy puede ser la actividad del odio a manos de la extrema derecha. Es decir, he tenido ocasión de poder alargarla hasta el día de hoy. Porque para mí siempre es una lucha encarnizada y obsesiva contra el olvido y a favor de la memoria, pero es que quiero que no se olvide lo de ayer, no lo de hace cuarenta años. Que no se olvide lo de ayer, porque hoy se olvida con una facilidad pasmosa. Lo de ayer ya es olvido. Yo diría que incluso lo de mañana ya es olvido. Mis novelas y Singapur es un ejemplo muy claro.

La escritura de esta novela es toda una historia casi novelesca en sí misma.

Creo que es una historia bonita. En el año 1987 publiqué mi segunda novela, que era de relatos, por decirlo de alguna manera, titulada La ciudad oscura, y que por cierto se tradujo hace un par de años al italiano. Pues bien, en La ciudad oscura había un relato de un folio, Rata, que a mí me gustaba mucho, que cuenta la historia de dos jóvenes, un chico y una chica, anclados en la heroína. Ella es Rata y está muriéndose en el asiento trasero de un coche. Siempre dije que este relato debía ser una novela algún día, era como una especie de sueño que tenía siempre en la cabeza, así que la empecé a escribir en unos cuantos folios, pero con las urgencias periodísticas y literarias empecé a meterme de lleno en las novelas sobre la memoria histórica. Fui dejando aquellos 10, 12 o 15 folios, pero nunca dejé de leerlos, aunque no la siguiera escribiendo, porque no quería perder la musiquita interior de la novela. Me gustaba esa música más que lo que estaba contando y la prueba es que en el verano del año pasado me dije 'ya está, voy a cumplir ese sueño'. Un sueño que empezó en 1987 con un relato que se titula Rata y acaba en el verano de 2025 con una novela que se titula Singapur, en la que están esos dos personajes, en el asiento trasero de un Ford Fiesta.

Habla de la música del relato, y anda que no va sobrada de música esta historia.

(Risas). Tiene una banda sonora muy concreta con una mezcla muy ecléctica, muy extraña, que va desde los Clash hasta El Fary, desde Los Chunguitos a los Doors, o Tina Turner, Michael Jackson, Pink Floyd...

En los recuerdos hay algo que de verdad sucedió y algo que nos inventamos, porque es imposible recordarlo todo

También ha dicho antes la palabra "conciencia". ¿Nos la hemos dejado por el camino desde aquellos años ochenta hasta la actualidad y por eso estamos como estamos?

Esos personajes que viven en la marginalidad, en la precariedad, que viven con sus sueños en el kiosco de Lucio, en el bar Kaola o en la barbería de Josito. A pesar de todo, no han perdido la conciencia de dónde están y de dónde vienen. Es decir, la dignidad, la amistad, la lealtad. Saber dónde están y quién es su gente. Eso no lo han perdido y esos valores son los que yo he querido mantener en esta novela, y ubicarlos además en estos personajes. Porque, hablando claro, todos estos personajes, los jóvenes desarrapados pero también los mayores —como Lincoln, que estuvo en las Brigadas Internacionales, o Dachau, internado en el campo de concentración del mismo nombre y de ahí su mote— nunca hubieran votado a la extrema derecha. Aunque no tengan futuro, aunque se busquen la vida robando coches o atracando, a esos jóvenes nunca se les meterá el odio en las tripas y menos en el corazón. Nunca, porque los valores son los que son, y he querido que esos personajes no los perdieran por el camino hasta llegar a hoy. Esos valores que los barrios nunca deberían haber perdido. 

Qué importantes son Lincoln y Dachau, de una generación anterior, como transmisores de una memoria que a los jóvenes nadie les había contado. Y consiguen su atención con sus historias, aunque nadie les había hablado de la República y del fascismo.

Eso es fundamental porque ese puente de la memoria no se ha roto. Esa memoria democrática, esa historia de la democracia, no se ha enseñado en nuestras escuelas, en nuestros institutos, en nuestras universidades. Claro que ha habido un profesorado concienciado, comprometido, pero oficialmente no hay un discurso sobre la memoria en la enseñanza en España. Por eso, en mi relato lo dice Madonna, que es Marisa, que va al instituto pero ella misma dice que lo poco que sabe de la República y de las guerras lo sabe por Dachau y por Lincoln, el viejo y la vieja del barrio. Ellos son los que cuentan, ellos son la memoria viva. Y, precisamente, alargar la escritura de este relato durante tantos años me ha permitido no quedarme en los ochenta, llegar hasta hoy y echar mano de Marsé, que viene del exilio; de Dachau, que ha estado en un campo de concentración; de Lincoln, la vieja de Ohio que se quedó a vivir en el barrio. Ellos son el puente de la memoria que ha hecho que la dignidad de esos jóvenes no se perdiera.

¿Incluso el paisaje es memoria y nos habla cuando ya ha desaparecido?

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Desde que publiqué Maquis hace ya casi treinta años, se me ocurrió una frase que he seguido diciendo y que viene al pelo para esto: todo paisaje es un paisaje moral. Es un paisaje donde hay sitios, donde hay gente. En Maquis es un paisaje donde había hierbajos, bosques, liebres, conejos, pájaros. Ahora el barrio es el paisaje donde viven mis personajes, que tienen valores, una moral desde la que miran al mundo, y ahí está el hipermercado Continente, la autovía, los sitios que ellos atracan de vez en cuando el kiosco de Lucio, el cine Varietés al que tanto iban y dejan de ir, porque el cine también ha pasado a la historia. Toda mi novela es un paisaje moral de la gente que hasta el último momento quiere ser feliz, busca la posibilidad de ser feliz, aunque sea en la mierda. Y lo sabe muy bien el narrador, que dice: hemos sido felices, aunque estemos siempre a la intemperie, aunque las hayamos pasado putas. ¿Por qué dice eso? Porque nadie les ha quitado sus sueños. Porque saber, además, es fundamental para que nadie te pueda falsear la realidad, y a ellos, evidentemente, nadie se la ha falseado.

¿Puede un recuerdo inventado ser más veraz que otro que recordemos de mala manera, ya difuminado por el paso del tiempo?

Y tanto que sí. Claro que los recuerdos son medio verdad y medio mentira. Recuerdo una frase categórica de mi gran amigo y admirado José Manuel Caballero Bonald: "Quien recuerda, miente". Claro, él no se estaba refiriendo a esa mentira amoral que tanto se estila ahora mismo, no, sino a que en los recuerdos hay algo que de verdad sucedió y algo que nos inventamos, porque es imposible recordarlo todo, como dice el narrador de Singapur. A la hora de recordar, hacer memoria o construirnos desde el pasado, nos vamos siempre alimentando de lo que de verdad sucedió y de lo que nos inventamos. Hay gente que piensa que en la ficción cabe todo, que la ficción lo único que ha de ser es verosímil, la famosa verosimilitud, que me parece una tontería, porque ese es el gran coladero de las mentiras. La ficción es lo que alguna gente aprovecha para inflarse a contar mentiras, pero la ficción es verdad, los recuerdos inventados que están en mis novelas son verdad. No quiero que sean verosímiles, no quiero que la gente piense "bueno, esto que se ha inventado puede ser verdad". No, lo que cuento es verdad, porque además la verdad de quien escribe, y no lo podemos olvidar nunca, está en la escritura, en cómo construimos el relato, qué estructura le damos, de qué valores llenamos a nuestros personajes, cómo vamos construyendo la memoria de esos personajes. Nada de esto que en definitiva es la escritura de una novela puede ser ni verosímil ni mentira, ha de ser necesariamente verdad.

Un descampado alejado de los edificios, un Ford Fiesta destartalado. El bar Kaola, el cine Varietés, el kiosco de Lucio, la barbería de Josito. Un barrio de extrarradio, separado del resto del mundo por la autovía que traza en el suelo la frontera entre ellos y nosotros. Alfons Cervera (Gestalgar, Valencia, 1947) escribe en Singapur (Piel de Zapa, 2026) la crónica de una periferia que ya no existe y de unas vidas que nunca tuvieron futuro pero sí unos sueños y unos valores inquebrantables que la marginalidad no les ha hecho olvidar. "Todos estos personajes nunca hubieran votado a la extrema derecha. Aunque no tengan futuro, aunque se busquen la vida robando coches o atracando, a esos jóvenes nunca se les meterá el odio en las tripas y menos en el corazón", recalca el escritor en esta conversación con infoLibre. Y todavía dice, claro, muchísimo más.

Presentación de 'Singapur' en Madrid

La presentación oficial de Singapur en Madrid tendrá lugar a las 12:00 de este sábado 21 de marzo en Sin Tarima (c/ Magdalena 32), con entrada libre hasta completar aforo. Un encuentro que contará con la presencia del autor, presentado por Javier Maqua, con música de Bernardo Fuster y Luis Mendo. Además, Susana Martins y el propio Alfons Cervera leerán pasajes del texto.