'Beaubourg. Una utopía subterránea', de Albert Meister

Abril Gómez de Enterría

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En una de las sesiones del club de lectura de la librería Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid, tuvimos la oportunidad de charlar con Julio Monteverde sobre el pensamiento utópico —desestimado o muy criticado por diferentes corrientes, en palabras del poeta—, y lo hicimos a partir de Beaubourg. Una utopía subterránea, la única obra de ficción publicada por el sociólogo Albert Meister —bajo el seudónimo de Gustave Affeulpin—, traducida por Monteverde para la editorial Enclave de Libros. Esta novela representa una de las posibilidades de organización social menos conocidas y, debido a la diversidad de reacciones ante el texto, experiencias y puntos de vista de los lectores y las lectoras que conforman el club de lectura, la tertulia dio como resultado una reflexión de lo más rica e interesante.

 

Por su temática, y también por la trayectoria profesional y personal de su autor, se trata probablemente de la novela con un mayor contenido político de las propuestas hasta la fecha para el club de lectura. A partir de la creación de un escenario que cada vez nos resulta menos inverosímil, el autor nos da la oportunidad no sólo de conocer los devenires de la puesta en marcha y el mantenimiento en el tiempo de un proyecto autogestionado de carácter libertario, sino también de reflexionar en torno a algunos de los grandes temas de nuestra literatura: las relaciones personales, el análisis de la sociedad, la educación, la muerte, la sexualidad, las diferentes concepciones de la idea de cultura, la división del trabajo y la gestión del tiempo, los valores éticos y morales, etc. Beaubourg no es la primera ni la última utopía de inspiración anarquista o socialista-libertaria —entre ellas destaca Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin—, pero su fiel descripción de las prácticas asamblearias y de los procesos de autogestión nos ofrecen una magnífica oportunidad para adentrarnos en los entresijos de esta opción política y social.

Entre los lectores que participaron en el encuentro, hubo quienes vieron en el texto una suerte de manual de autoayuda inesperado al encontrar en ella una crítica del mundo actual similar a la que ellos mismos hacen, pero también quienes pusieron en duda el ejemplo que nos ofrece la historia como forma de propaganda de estas experiencias por considerarlo ingenuo e inverosímil. La tertulia se caracterizó, así, por la diversidad de opiniones respecto a la novela, pues mientras había quienes apenas se habían interesado por lo narrado y quienes pensaban que el texto resulta denso y las descripciones demasiado prolijas, el resto coincidía en que este grado de descripción y las continuas referencias a la cultura de la época resultan necesarias para dotar de realismo a los hechos. Lo que es indiscutible es que el autor optó por centrar el relato en las descripciones frente a la acción, lo cual hizo a algunos tener la sensación de que leían un ensayo mientras otros disfrutaron reconociendo en el texto situaciones más o menos cercanas o suscitando reflexiones en torno a la propia vida. Su peculiar paginación dio lugar a algunos despistes —probablemente buscados por el autor al ejemplificar con ello la ruptura con lo establecido incluso en las cuestiones cotidianas—, referidos sobre todo a la relación entre las palabras y expresiones utilizadas en la última parte del libro.

Discutimos largo y tendido acerca de la verosimilitud de la historia, que apenas fue reconocida por algunos mientras que otros la encontraron posible y la relacionaron con la experiencia del movimiento 15M en 2011 y los numerosos colectivos en los que ha derivado o en los que se refleja en la actualidad. Al hilo de esto, una de las lectoras sugirió que se dé a leer Beaubourg a quienes forman parte de Podemos, partido político que se dice hijo de este movimiento pero parece que ha olvidado una buena parte de los principios del 15M. Y es que de principios y sentencias está repleta la historia narrada por Meister. Además, la conversación permitió a los presentes compartir experiencias cercanas de redes de apoyo y autogestión que se están llevando a cabo al margen del sistema capitalista en el que vivimos y que se basan en principios reflejados en la novela y han sido tratados en alguna medida por autores como Fourier, Gramsci o Lefebvre.

Estos principios, que se fundamentan a medida que se resuelven los problemas y conflictos con los que se va encontrando la comunidad durante su proceso de formación y desarrollo, se reflejan en cambios a todos los niveles: sistema económico, forma de gobierno —de organización, sin líderes ni autoridad, en este caso—, hábitos, educación, sexualidad —quizá el menos verosímil de los cambios planteados pese a que han pasado 40 años desde su publicación—, afrontamiento de la muerte, alimentación, trabajo, formas de relación tanto entre los beaubourgs como con el exterior, concepción de la cultura y derechos de autor, etc. Durante el debate en torno a estos principios y su correspondencia con la realidad actual, Julio nos recomendó el documental Se dice poeta, de Sofía Castañón, donde se reflexiona desde una perspectiva de género sobre el panorama actual de la creación poética.

Y, hablando de sueños y utopías, comparto un par de fragmentos del ensayo de Julio Monteverde De la materia del sueño —publicado dos años antes de la edición española de Beaubourg—, que me recordaron a la novela:

Si el sueño es principalmente deseo obrando libremente, si en él el motor inmóvil es la lucha contra aquello que nos sucede llevada a cabo por lo que queremos que nos suceda, el sueño aparece entonces como la primera etapa del camino hacia una utopía personal y colectiva (necesariamente personal en este momento y luego inevitablemente colectiva). Un primer paso he dicho, pero un primer paso en firme, con una intención clara, en una dirección determinada.(...)El contenido manifiesto de los sueños, aquello que se nos clava en la mirada, representa por analogía lo mismo que la utopía para el mundo de las ideas. Y la utopía, la utopía concreta revolucionaria, se entiende, es en el mundo diurno la fuerza que inicia todo movimiento hacia delante y sin la cual no es posible entender un cambio que aspire a convertir este mundo en otro.

Una de las participantes en la tertulia llamó nuestra atención sobre un poema de Julio, publicado en La llama bajo los escombros (2008), por su relación con el tema de la novela:

Ah qué bello debe ser estar dentro de un edificio en el instante en que este se derrumba. Observar los muros, la doblez de las ventanas, sentir estallar el tiempo y el placer de la liquidación. Ah sí, y que nada de lo que nos rodea vuelva a existir en una dirección determinada. Sí, qué bello, qué bello debe ser estar dentro de un edificio en el instante en que este se derrumba.

Para terminar, transcribo otro de los textos del citado poemario que pese a ser muy anterior a que Julio leyera Beaubourg, sugiere algunas de las ideas fundamentales que Meister nos transmite en su novela:

Amplias ventanas a plazas desiertas.Balcones tapiados y tragaluces ciegosque vomitan luz en las aceras claras.Esta mañana se ha entonadouna oración por todos los pasos subterráneos.Y la conclusión ha sido clara:El hombre no logrará levantarsehasta que el mismo hombre lo levante.

Da que pensar.

*Puedes encontrar el club de lectura de la Casa del Libro de Gran Vía en su local de la Gran Vía, 29, en Madrid, o en la página web.

 

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