Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.
La literatura es una de ellas y así queda escrito en El libro negro de Gaza. Testimonio de un genocidio (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2026), un proyecto grupal coordinado por el periodista y editor independiente Gonzalo Delgado, quien habla de "diario colectivo, generacional y multidimensional de los chavales de Gaza" porque, tal y como destaca a infoLibre, todos los participantes son palestinos y "bastante jóvenes". "Autores que viven allí. Bueno, dos han conseguido salir, pero después de haber escrito sus textos, con lo que todo está escrito desde Gaza", añade.
"Son estudiantes de literatura, de farmacia, de medicina, de diferentes partes de la franja", continúa Delgado, que fue contactado con todos ellos uno a uno a través de las redes sociales y creando una red de confianza con los que se iban apuntando y hablando del proyecto a sus conocidos. Así se fue haciendo realidad este Libro negro de Gaza, que reúne cerca de cincuenta relatos breves y poemas escritos en tiempo real por 17 jóvenes autores y autoras palestinos —9 mujeres y 8 hombres, en su mayoría de entre 19 y 30 años— que de alguna manera encontraron en la literatura un refugio contra las bombas, una forma de supervivencia.
"Ellos reivindican mucho en los textos esa idea de escribir como forma de resistencia", subraya el editor, poniendo el énfasis en que todos estos jóvenes son "de lo más normal del mundo", lo cual genera una cercanía testimonial muy potente: "Cuando lees todas estas historias, que están en diferentes ciudades y situaciones, te da la sensación de haber estado acompañándoles a ellos, de haber estado en su familia. Es como si estuvieras allí siendo un testigo silencioso, conociendo su experiencia desde el punto más real, de sus espacios y su intimidad".
Y es que, concebido como un libro de literatura, un compendio de textos independientes, El libro negro de Gaza propone una aproximación profundamente humana y emocional a la realidad vivida en el territorio. A través de historias personales, el lector se adentra en la vida cotidiana bajo asedio y bombardeos, los desplazamientos forzados y las pérdidas familiares, pero también en dimensiones universales como el amor, la memoria, la amistad, la maternidad y la esperanza que sostiene la vida incluso en las circunstancias más extremas.
De ahí títulos en estos relatos y poemas como Una tortura insufrible, El desafío de estudiar durante un genocidio, Diez minutos para huir de la muerte, Antes de derrumbarse el tejado, Una vida entregada a una causa justa o Agarré a mi hermana por la camiseta hasta que se precipitó. Historias narradas con toda la honestidad de quien solo busca que alguien al otro lado las lea para que se conviertan en reales. Para que no se olviden, para que dejen testimonio en un momento en el que la comunidad internacional cada vez habla menos de lo que pasa en Gaza.
Porque, según advierte Delgado, él sigue hablando mucho con todos los chavales del equipo, que siguen allí en su mayoría y "notan que se está hablando menos de ellos". Se convierte así este libro en una llamada no ya por la memoria, sino contra el olvido en tiempo presente. Ese es el motor de este proyecto, el que impulsó al editor a ponerse en marcha desde la nada, para "dar voz" a lo que está pasando, porque "tampoco está habiendo tanta creación literaria como en otros conflictos, como pudo ser el asedio de Sarajevo". "Había que cubrir ese vacío", apostilla.
Una de las cosas que más engancha de este libro es que es extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto
De alguna manera, este libro se convierte en esa flor que nace en un desierto, donde parece que es imposible que nazca nada. Porque, por mucho que Israel se empeñe, en Gaza todavía hay un pueblo creando y defendiendo su identidad con todas las herramientas a su alcance, entre ellas, la escritura. "Así es como defienden su identidad y la determinación de vivir en su tierra, que al final es lo que exigen: poder vivir con libertad y dignidad en su tierra", remarca Delgado.
Y continúa: "Es que Israel les dice 'mira, si queréis vivir, marcharos y yo no os mato’. No entienden que están dispuestos a pasar ese nivel de penurias por estar en su tierra. Porque, además, ya hay un ejercicio de ingeniería social con el que se han convencido de que no hay una identidad palestina en Israel, que eso es un invento para tocarles las narices. Y se lo han creído hasta el punto de que no comprenden que los palestinos quieran sentirse palestinos en su tierra, en Palestina".
Por eso, afirma, este libro es también incluso una forma de que los palestinos puedan "mantenerse cohesionados vivan donde vivan", pues muchos de ellos están repartidos por el mundo. Una situación que compara el editor con los judíos sefardíes, por ejemplo, capaces de "mantener sus costumbres, sus canciones, sus recetas de comida, su lengua incluso". "Es un poco lo mismo, porque hay una vinculación geográfica, en ese caso Sefarad, pero también cultural, como ocurre con Palestina", apostilla.
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Destaca en este punto Delgado la respuesta "positiva" que está provocando el libro entre los lectores, puesto que "quien lo lee se da cuenta de que deja mucho poso". "Es un libro muy fuerte que cubre un vacío y les da voz a los jóvenes palestinos. A nivel interno a uno le deja muy tocado precisamente por la verdad que transmite", explica. "Yo creo que una de las cosas que más te engancha de este libro es que es excesivamente humano, o mejor dicho, extremadamente humano, porque le pone nombre a las imágenes que tanto hemos visto. Es como estar con ellos, ves que le están haciendo daño a alguien que tiene aspiraciones y sueños", resalta.
Son jóvenes escritores que siguen luchando por su vida, en definitiva. "Todos están intentando salir, encontrar alguna beca para estudiar en alguna universidad de Europa", cuenta Delgado, a quien de hecho le piden ayuda, contactos o cartas de recomendación. "Hay un par que han salido ya y están en Irlanda", añade orgulloso de estos palestinos con los que sigue en contacto y a su disposición para ayudar en lo que le sea posible.
"Ahora se nota el alto el fuego. Antes hablaba más con ellos porque estaban más encerrados en los refugios o donde fuera y hacían menos vida comunitaria. Ahora están recuperando eso y hablamos menos porque están teniendo la vida que tienen que tener y salen más a la calle", continúa el editor, satisfecho de tener todos estos testimonios que, sin duda, apelan directamente a nuestra empatía como seres humanos: "De hecho, mientras trabajaba en esto compartí algún relato con alguien de mi entorno que es bastante conservador y pude ver que le rompía un poquito".
Nasser Rabah, Jaled Al Qershali, Ohood Mohammed Nassar, Yara Abed, Nur Ahmed Abed, Taqwa Al Wavi, Nadera Mushtha, Deema Fayyad, Heba Almaqadma. Nombres anónimos que dejarán inicialmente indiferente al lector, que cambiará su percepción al caer en la cuenta de que detrás de todos ellos hay personas de carne y hueso que nos cuentan en primera persona su experiencia desde una Gaza destruida que se aferra a la vida de todas las maneras posibles.