Antisanchismo: la obsesión que descarrila al PP

El antisanchismo más que una estrategia es una obsesión desmedida. Y, como todos los excesos, resulta más contraproducente para quien lo padece. Desde el ‘No a la guerra’ del Gobierno por el conflicto en Irán, el PP reacciona tarde y mal, rectifica a remolque de los acontecimientos y, por oponerse a Sánchez en todo y sin medida, acaba yendo contra sí mismo. Practicando una oposición que descarrila en la agenda internacional, en un contexto de creciente complejidad geopolítica y donde la voz de España ha logrado ser relevante por la apuesta política del Gobierno. 

El “Europa no pinta nada” es tan falso como ese “España no tiene voz”. La UE tiene múltiples debilidades, pero la realidad, como demuestra la guerra de Irán, pasa por Donald Trump llamando a esa puerta, pidiendo ayuda y buscando la legitimidad de unos aliados a los que nunca consultó y ahora llama cobardes. La reacción de Trump contra Sánchez es síntoma de cómo la posición de España ha calado. Verbalizó antes que nadie la posición que ahora siguen los principales socios europeos. 

El portazo de Pedro Sánchez a una guerra ilegal, que arrastra a una crisis humanitaria y económica, ha sido coherente desde el principio. Desde ese primer día, el PP ha cargado contra la prohibición del uso de las bases y el cierre del espacio aéreo. Feijóo tiró en el Congreso de los supuestos misiles iraníes con la cara de Sánchez: la peor propaganda como argumento, hasta verse superado por la realidad, cuando Francia, Italia y Reino Unido han hecho lo mismo. Solo hacía falta esperar. Después de España, la ira estéril de Trump ha llegado a Starmer y Macron.

No es la única realidad que supera al PP. Ha perdido otra oportunidad de oro para colocarse en posición de gobierno al salir en defensa del Domingo de Ramos. Pudo haberlo hecho antes que Sánchez, que el ejecutivo italiano, francés, británico e incluso desde Washington. Pero han preferido la performance de Ester Muñoz: “Sánchez está en su despacho grabando un TikTok con la gorra Make Catholicism Great Again”. Ante la evidencia de realidades que se imponen, el PP ha intentado a destiempo desmarcarse de su posición original. Aquel no será legal pero es legítimo (matar al ayatolá). Y de ahí a intentar situar la crítica en la “escenificación”. Como si una guerra no fuera también guerra de posiciones. Igual le parece bien no escenificar en todo lo posible la condena a matar iraníes, palestinos y propagar un conflicto sin rumbo ni legitimidad por toda la región. 

Hay algo más preocupante. Que el descarrilamiento en el posicionamiento del PP en la agenda internacional responda —además del antisanchismo— a la incapacidad de tener posición propia y defenderla. Un descartar por sistema el liderazgo patrio. Al seguidismo del más fuerte como postura oficial sin medir cómo el seguidismo a Trump perjudica a España. Al PP le parece extemporáneo sacar a colación la guerra de Irak. Viene a cuento porque comparte hilo conductor y es pertinente saber si el PP de Feijóo rompe con Aznar

Solo hay una manera para que Donald Trump ponga fin a la guerra en Irán. Soltar la mano de Netanyahu. Romper con la estrategia de Israel donde pretende reforzar su seguridad a costa de invadir países, imponer la ilegalidad internacional y aprobar leyes criminales que permitan ahorcar a palestinos. Solo si Trump se desmarca podrá frenar la guerra. Necesita una coartada, la construcción ficticia de una supuesta victoria, para no llegar a las elecciones de noviembre sin opciones. En cuanto a la amenaza de romper la Alianza Atlántica, ya lo hizo en campaña. Si EEUU está en la OTAN es porque la necesita. La andanada no tiene fácil materialización y coloca a Europa en un debate interesante sobre su autonomía en defensa y energía. Sobre su autodefensa cuando el aliado histórico amenaza con irse. El PSOE no se ha movido desde Irak, sin embargo, es fácil imaginarse al PP defender a Trump también en su amenaza de salida. Por no molestar. Por no romper lazos diplomáticos. Por defender lo opuesto a Sánchez. 

Escribe Sergio del Molino en El País recordando la memoria de Álvaro Cunqueiro cómo “Feijóo se traiciona cada vez que se arrima a Abascal y le hace los coros a los gritos racistas”. Y acaba pidiendo restringir la sanidad a los inmigrantes, evitar las regularizaciones de miles de residentes sin documentación que viven en España y vincula terrorismo con las mismas regularizaciones. Ajeno a la realidad — sus votantes conocen bien el perfil de quien trabaja en España desde hace años sin los dichosos papeles— especula con la entrada camuflada de supuestos yihadistas. Como si las células terroristas se activaran por los papeles que tengan. 

En ese ataque sin brújula a cualquier decisión de Sánchez en política exterior, el PP acaba alineado en el rincón de esta historia con Israel y defendiendo no molestar a Trump. Desmarcándose incluso de Giorgia Meloni o los conservadores europeos. VOX ya está instalado en la contradicción absoluta de una guerra contraria a los intereses de España y  Europa. De nuevo, los patriotas. Y el PP se está empeñando en ganar terreno también ahí. 

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