Las librerías rurales también existen: "Queremos repartir un poco de cultura, que no sea todo comer y beber"

Librería El velo de Isis

"Somos un punto de encuentro con la literatura, con la cultura. Siempre es importante que los libros estén cerca de las personas. Nos gusta el medio rural, defendemos que se vive muy bien aquí y que se pueden crear proyectos culturales interesantes partiendo desde lo rural", argumenta Adriana Galve, librera en El Reino del revés, librería ubicada en Andorra (Teruel, 7.000 habitantes). "La gente agradece venir a visitar el pueblo y de repente encontrarnos a nosotros, que queremos repartir un poco de cultura y que no sea todo comer y beber", remarca Nadia Lafuente, de El velo de Isis, librería ubicada en Ezcaray (La Rioja, 2.000 habitantes). "Para vivir en un lugar hacen falta servicios de todo tipo, tanto los esenciales como médicos o colegios, como los culturales. En cualquier lugar tenemos las mismas aspiraciones y esta es una contribución más para que en todos los sitios tengamos los mismos derechos", subraya Paula Vázquez, quien trabaja por acondicionar un espacio físico en su natal Proendos (Lugo, 200 habitantes) para A libraría da Proencia, que por ahora vende exclusivamente por internet.

Tres libreras rurales, como se las denomina de un tiempo a esta parte, que comparten el amor por los libros y los entornos ajenos a los grandes núcleos urbanos. Tres proyectos personalísimos que ofrecen proximidad, recomendaciones personalizadas que jamás podría hacer el algoritmo de turno y que, con su sola presencia, reivindican otro mundo posible más cercano, conectado y colectivo a través de los libros. "Vivimos aquí y podemos tener las mismas aspiraciones que viviendo en el centro de Madrid", recalca Vázquez desde Proendos, parroquia del concello lucense de Sober, en la Ribeira Sacra. Y apostilla: "Se han borrado las distancias y el último ensayo que acaba de salir lo puedes tener aquí igual que en cualquier gran ciudad".

"Una de las diferencias con una librería de ciudad es que es muy difícil organizar encuentros literarios con autores, porque no quieren venir hasta aquí", añade Galve, divertida a pesar de las dificultades propias de estar en una zona "un poco profunda de Teruel", donde las comunicaciones "no son muy allá". "Pero vamos consiguiendo que vengan algunos, si bien, aparte de esos encuentros, hay otras muchas formas de encontrarse con los libros y con los autores aunque no sea directamente", remacha.

Porque al final, como destaca Lafuente desde La Rioja Alta, la conexión en la forma que sea entre autores y lectores la propicia el propio libro, por lo que lo importante es que la gente "tenga la oportunidad de entrar en un librería esté donde esté", aunque se encuentre de excursión en un "pueblo perdido en la montaña". "Debería haber librerías en todas partes", afirma, para luego plantear: "Lo más importante al final es difundir la cultura, facilitar que el público pueda adquirir un libro en cualquier lugar y no solo en la ciudad. Por eso una librería es un bien muy necesario y habría que cuidarlas un poco más".

Las cuentas de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros (CEGAL), con la colaboración de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, detallan en su Mapa de Librerías 2022 que por toda España hay repartidas 2.977 librerías independientes (que no forman parte de grandes cadenas). Se constata también en este censo que España cuenta con una media de 6,2 librerías independientes por cada 100.000 habitantes, incrementándose esta ratio hasta 8,3 para los municipios de mayor tamaño (más de 500.000 habitantes). A la luz de estos datos, el objetivo de CEGAL es mantener esta media y conseguir que estos establecimientos lleguen a sitios menos poblados, ya que más del 96% de las librerías se encuentran en municipios de más de 5.000 habitantes, que concentran un 88% de la población de España.

En este mismo informe, la confederación de libreros remarca la importancia de la localización como variable que condiciona la viabilidad de mantener puntos de venta cuya principal fuente de ingresos provenga de la venta de libros. Es por ello que, por lo general, las librerías ubicadas en el medio rural cuentan con una amplia y diversificada oferta de productos que facilitan su competitividad. Y es que el peso de la facturación del libro se ha reducido en estas últimas décadas, debido, entre otros motivos, a la pérdida de población en los pueblos de España. Pero, aun así, las librerías, veteranas y novatas, siguen ahí. Porque dentro de la frialdad numérica, el corazón que late en cada una de ellas es esencialmente el mismo con independencia del contexto. Refugios, puntos de encuentro. El libro como epicentro. Centros culturales dinamizadores del día a día de la vida en comunidad, primando la cercanía que en ocasiones cuesta encontrar en la velocidad de las grandes ciudades.

Así lleva El reino del revés nueve años en marcha, con "clientela fija de la localidad y alrededores", tanto privada como institucional. Y organizando actividades de todo tipo para dinamizar la cultura local y hacer comunidad en la zona. "Lo que hacemos tampoco dista demasiado de las librerías en las ciudades", aclara Adriana Galve, asegurando que la gente de Andorra y los pueblos de la zona "agradecen que haya un sitio" como el suyo, "donde poder estar, comprar libros y acercarse a la literatura". Más aún después de que hace poco más de un año compraran y reformaran una casa antigua para convertirla en el nuevo espacio en el que actualmente desarrollan su actividad especializados en literatura infantil y juvenil, sin olvidarse de la literatura en general y funcionando también como juguetería educativa y de material escolar. "No deja de ser una empresa, pero es una empresa muy bonita que se dedica a acercar libros a las personas. Nos gusta mucho y nos llena", apostilla.

"Montar un negocio como una librería ya es difícil en la ciudad, así que imagina en un pueblo", apunta Nadia Lafuente, dedicada con su pareja a las ferias del libro antiguo desde 2006 y en marcha con El velo de Isis desde 2011, dedicados igualmente al libro antiguo y de ocasión. "Todo descatalogado, todo librería de viejo o de lance. No vendemos novedades, sino un material distinto al que la gente está acostumbrada y, de hecho, todavía hay gente que se sorprende y que nos dicen que esto es como una máquina del tiempo", concreta: "Vinimos con la intención de montar un puesto de libros, pero la venta ambulante resultó estar prohibida, lo cual nos llevó a buscar un local. Encontramos este y nos quedamos. Nos empezó a ir bien, vimos que podíamos sobrevivir, más que vivir, y así hemos ido poco a poco".

Librerías las dos mencionadas en último lugar que tienen más público en los meses de verano, principalmente en el caso de Ezcaray por ser una villa más turística que la Andorra de Teruel. "Tenemos que estar mirando los calendarios de todas las comunidades autónomas para prever un poco el público que puede haber", bromea en serio Lafuente, quien explica que en su establecimiento riojano también hay más movimiento en navidades o semana santa, así como los fines de semana. Galve, por contra, señala que en su caso apenas hay turismo, "no se notan tanto los picos de verano o invierno", aunque sí determinados puentes y festivos. "Pero no es algo estacional", puntualiza.

A pesar de no tener todavía un espacio físico en Proendos, algo que espera conseguir más pronto que tarde rehabilitando una casa de aldea abandonada, Vázquez, que planea hacer también rutas guiadas por la zona, es ya un agente cultural local gracias a su tienda online y a un puesto propio a pie de calle: "Esta es una zona interior que necesita empleo estable y más servicios, la librería es un plus de dinamización. Hay necesidad de espacios culturales y la idea es también hacer un centro interpretativo de los restos arqueológicos con exposiciones, así servir de ventana a la artesanía porque aquí hay cerámica tradicional local. La gente de aquí ha respondido muy bien e intenta comprar los libros en la librería local, aunque me falte tener el espacio físico. A pesar de eso, estamos muy en contacto, me piden cosas por whatsapp, hay mucha receptividad tanto con los libros de texto en el colegio como con lo que necesitan para la biblioteca".

En un mundo cada vez más globalizado, la viabilidad de este tipo de negocios pasa también, partiendo de la cercanía, por llegar tan lejos como sea posible. Es por ello que existe entre el Ministerio de Cultura y Deporte y la empresa pública Correos un convenio con medidas de apoyo para las librerías rurales con el fin de impulsar su digitalización y la distribución online. Precisamente así funciona A libraría da Proencia, cuya tienda online está creada por Correos, y que cuenta con precios de envíos rebajados y cuotas mensuales. Una manera de coexistir y competir con gigantes acaparadores como Amazon, con sus puntualizaciones de método: "Tampoco se puede pretender tener a la puerta de casa las novedades en dos días porque eso depende de explotar laboralmente al reparto, por ejemplo. En vez de confiarse al algoritmo de Amazon y todo esto, a veces es mejor que te recomienden los libreros de proximidad".

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Al convenio de Correos, por cierto, no puede adherirse El velo de Isis, pues solo funciona con venta de novedades editoriales. "Las librerías de viejo no entramos en eso, pero al menos hay otras opciones con Correos", lamenta Lafuente, quien subraya que, a pesar de estar localizados en Ezcaray, reciben pedidos desde cualquier punto de España. "Nos hemos puesto las pilas a raíz de la pandemia porque el online al final sí que funciona poco a poco", reconoce, planteando de paso que ella no había empezado a escuchar el término de librería rural hasta hace bien poco. "Hasta ahora ni nos habíamos planteado que fuéramos una librería rural, aunque estemos en un pueblo. Igual antes de la pandemia no había tanta gente que iba a los pueblos tanto a vivir como a montar negocios", reflexiona.

Sea como fuere, las librerías rurales, haberlas haylas. En no pocos casos por puro romanticismo, aunque terminen en otros muchos convirtiéndose, efectivamente, en un modo de vida posible a pesar del sempiterno olvido de los poderes públicos hacia las zonas más despobladas. "No sé si vaciada o vacía, no sé cómo denominarla, pero un poco de abandono institucional siempre ha habido en Teruel. Somos pocos y contamos poco. entiendo que debe ser por eso que las instituciones, cuando hay poca población en un territorio, no quieren brindar el apoyo suficiente para muchos temas", critica Galve, quien admite cierto grado de locura bien entendida para embarcarse en semejante empresa.

"Ser librero es un modo de vida. La librería es como una extensión de tu propia casa", resume Lafuente, quien termina relatando desde su propia experiencia el espíritu de este tipo de establecimientos para los que, aún lógicamente necesitando dinero para subsistir, el beneficio económico no lo es necesariamente todo: "Tenemos clientes fijos que vienen siempre, aunque sea una vez al año. Aunque vengan solo en verano, lo primero que hacen es venir a la librería con los niños. Luego los niños se van haciendo mayores y vienen solos. Esa es la gratitud total, que te hace sentir que el esfuerzo vale la pena y que estás haciendo un trabajo que tiene valor".

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