Mares, pájaros y recopilaciones

Portadas de 'De mi paso fugaz' de Francisco García Marquina; 'Nuevas cartas náuticas' de Adalber Salas Hernández; y 'La cruz del sur' de Nicos Cavadías.

Buen momento para acercarse a la poesía de un personaje como Francisco García Marquina, que nos dejó en enero y que, además de poeta prolífico, fue biógrafo y confidente de Cela, entre otras muchas cosas. También aparecen en castellano las obras completas del griego Nicos Cavadías, un poeta del mar, que ha ido ganando popularidad lentamente a partir de unas canciones. Como todos los mares, Cavadías está de algún modo presente en las nuevas cartas náuticas de Adalber Salas, que son a la vez fragmentarias y exahustivas, a la manera de Borges. Por su parte, Antonio Pérez Roldán adopta como modelo a los pájaros, que cantan por necesidad.

 

De mi paso fugaz

Francisco García Marquina

Mahalta (2022)

Una cosa no hay: es el olvido. / La memoria sostiene nuestra casa / y aunque sentimos que la vida pasa / no pasará jamás haber vivido

José Luis Morales dibuja con buen pulso el personaje de Francisco García Marquina (1937-2022) en el prólogo de esta antología poética que ha aparecido póstuma porque el poeta murió el 7 de enero. Nos asomamos a su dimensión vital, que es también poética, porque publicó veinticuatro poemarios nada menos, además de poemas sueltos e inéditos que se han añadido. La selección corrió a cargo del propio Marquina (como se le conocía en el mundillo literario), que decidió que seguiría un orden cronológico y que tenía el libro encarrilado antes de dejarnos.

Tanta prolijidad en la escritura demuestra una facilidad excesiva que no contribuye ni a la calidad del conjunto ni a la intensidad más conveniente. Sus amigos, que los tenía enormes, no han querido tampoco menoscabar ni un ápice este homenaje que le rinden en la ciudadrealeña editorial Mahalta. Pero una vez espigado el conjunto, se encuentra una sabiduría poco común y no pocos poemas memorables. Tenía Marquina una deuda con Borges, que se aprecia en el primer verso de la cita que abre esta reseña, pero sabía pastorear el poema en su propia filosofía del vivir, que era más bien senequista.

Es curioso que entre tantos libros, que abarcan una horquilla entre 1970 y 2022, sean tan rastreables las líneas maestras, sobre todo el asombro de estar vivo y consciente ("yo he nacido viejísimo") y a la vez la sensación de no ser en absoluto dueño de sus acciones ("mi vida vive su vida") ni siquiera cuando tiene el privilegio de escribirlas: "Tengo una rara fe en lo que escribo / pues se trata de mí a pesar mío".

Marquina, que tuvo tiempo de nacer en la embajada francesa en Madrid, de hacerse biólogo, de impulsar el escultismo, de retirarse a Guadalajara a criar truchas, de ser amigo y biógrafo de Cela, y de otras cosas que no caben aquí, se quejaba de haber vivido escasamente, menos de lo que convendría a un hombre de sus posibilidades, y en sus últimos poemas seguía definiéndose como "un bullicio de interrogaciones".

Nuevas cartas náuticas

Adalber Salas Hernández

Pre-Textos (2022)

El mar es, antes que cualquier otra cosa, una catástrofe

Adalber Salas Hernández (Caracas, 1987) es ensayista y traductor además de poeta. En este libro ha puesto al servicio de la poesía todas sus ciencias. El título (Nuevas cartas náuticas) es un indicador bastante exacto de sus intenciones: el mar es infinito en presencia y en historia y, yendo de un cronista a otro, uno puede recorrerlo y salir empapado de todos los mares, que al final son uno solo. Como ejemplificó Borges, se puede ser exhaustivo con un tema sin abordarlo orgánicamente, solo aproximándose con fragmentos bien elegidos que nos embarquen en una atmósfera.

Es necesario aventurarse y dejar atrás "ese doméstico fin del mundo que llamamos orilla". Uno se aleja con trucos, con la lista de supersticiones de los fenicios o midiendo las distancias con cantos, sabedor de que los barcos son "árboles sordos cruzando el mar, ya sin hojas ni savia, madera capaz de ver aunque haya nacido sin ojos". También los portulanos trazados sobre piel fueron antes seres vivos: "como si / se requiriera hocico para orientarse con ellos / o como si el recuerdo animal los hiciera más leales". Y, aparte del agua, entre los elementos, destaca el viento que empuja las naves y origina batallas cuando a sus iras "responde el mar, / y se traban entrambos / como bestias en celo".

Las voces de los cronistas, sus idiomas, el griego, el latín, el portugués, se mezclan con la propia voz de Adalberto Salas sin solución de continuidad y nos empujan hasta la orilla de un presente en el que "el viento entre los árboles / recordaba en voz alta un océano / que estuvo y ya no está", cuando "se han movido las lindes del mundo, / ciudades brotan como hierba feroz / en todas partes". Entonces Adalber Salas nostalgia con la voz de Ovidio: "Los recuerdos pasan allá arriba en mi cabeza, / remotos / como barcos en la noche". El poeta es un clavadista que se deja caer hasta el fondo marino "donde cada vocablo suena opacamente". Al fin y al cabo, "antes del radar o el sonar, antes de la navegación satelital, estaba la navegación sacrificial". Y aquí sigue.

 

La cruz del sur

Nicos Cavadías

Alianza Editorial (2021)

¿Quién dijo “tierra”? Miente. Pues nunca hemos llegado

Nicos Cavadías (1910-1975) es popular en Grecia en buena medida porque Thanos Mikroutsikos ha compuesto canciones con algunos de sus poemas. Esa popularidad se ha ido expandiendo poco a poco, favorecida por el tono legendario tan sugerente de su obra, la de un hombre que quiso ser capitán de barco y acabó siendo radiofonista marino. En España primero desembarcó con su única novela, La guardia (Trotta, 2021). Ahora asoma por primera vez su poesía completa con el título del más famoso de sus poemas ("La cruz del sur"). En total incluye tres libros, Marabú (1933), Calima (1947) y De través (1975) más un cuarto capítulo con poemas dispersos o inéditos, recogidos de aquí y de allá. David Hernández de la Fuente, que ha traducido, editado y prologado el volumen, explica que se ha basado en la edición canónica de la editorial ateniense Agra.

El poeta Nicos Cavadías supo recoger el espíritu de misterio y aventura que siempre evoca el mar, más aún para los lectores de secano. Se inspiró en los ecos de Homero, pero también de Baudelaire y su viaje veinteañero a los mares del sur. Cualquier lector de Kavafis encontrará asimismo ecos familiares, y sin duda Leopardi y sus cantos suenan al fondo de estos poemas épicos y brumosos que hablan del mar, de los marineros, sus soledades, los tugurios que les sirven de refugio cuando atracan: "y cuando la neblina arropase espesa / podríamos escuchar el llanto de los faros / y el paso de los barcos invisibles que silban / cuando se nos cruzaran al navegar de noche".

Cavadías retrata a esas gentes que son adictas a los viajes y a la lejanía, incluso cuando no pueden embarcar porque figuran en listas negras. Los retrata porque es uno de ellos. Habla de cosas a las que les falta "la gracia, el movimiento y la comodidad". Marabú es su libro más nítido y fluido. En los siguientes fue sincopando las imágenes, yuxtaponiéndolas, empedrándolas con culturalismos, volviéndolas enigmáticas. Los temas más recurrentes seguían siendo la amistad arrebatada por la muerte ("La cruz del sur") y las prostitutas de los puertos, en poemas malditos que se quedaron inéditos tal vez por ser malditos.

 

Que respondan los pájaros

Antonio Pérez Roldán

Corona del Sur, Málaga (2021)

Y es así como avanzas, / siempre regresando

Que respondan los pájaros es el décimo poemario exento de Antonio Pérez Roldán (Nueva Carteya, 1945). Consta de 68 poemas divididos en tres partes. Los de la primera se centran sobre todo en la escritura como proceso y como viaje hacia lo desconocido: "naturalmente, hablas / de lo que no conoces; entras / aventuradamente en busca / del hallazgo, abierto al súbito / destello, a la insólita música / o verdad nunca oída". Aunque la escritura como asunto central puede cansar en ciertos momentos, alivia que en algunas piezas empiece a aparecer la naturaleza, sobre todo el pájaro como modelo a seguir ("si algún día te diera por imitar, / imita al pájaro, que solo / canta por necesidad, hambre o amor").

Pérez Roldán insiste en la segunda parte en que el poema ha de brotar de la necesidad de escribir y de que se ha de sentir como cosa ajena por mucho que el impulso parezca nacerle desde dentro: "Te sorprendes cantando. / De repente, en la tarde, / ―ignoras desde dónde― / te brota una canción. // Alguien que no conoces / necesita cantar / y ha elegido tu voz". El poeta necesita, para certificar su destino de cantor involuntario, ir soltando el lastre de adjetivos y adornos que ha ido acumulando por el mero hecho de vivir, para de este modo seguir nombrando "la vida sin rodeos, // con la lengua esencial, / a cuerpo limpio".

En la tercera y última parte del libro, Antonio Pérez Roldán se encomienda a la naturaleza para orientarse, para saber el lugar que ocupa en la trama. Esa es su nueva fe. Atender al simple vuelo de una hoja le hace sentir más orgulloso que la enumeración de los libros leídos de la que se enorgullecía Borges, el plato sobre la mesa es un gozoso festival de colores, la claridad es un regalo al que conviene dejar que le canten los pájaros. Porque el verdadero don es agradecer, ir viviendo sin lucha, dejar "que el tiempo pase / sobre ti / como sobre un arbusto". Quizás ese abandono nos suene a ya leído, pero importa el modo de cantarlo y Antonio Pérez Roldán lo canta muy bien: "y lo último, y peor, / que podría sucederte, / sigue sin suceder / pues que lo cuentas".

Arturo Tendero es periodista y poeta. Autor de 'El principio del vuelo' (Páramo, 2022). Estas reseñas y otras más pueden encontrarse en su blog 'El mundanal ruido'.

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