Otra vida
Los veraneantes envidian al pescador que vara su barca frente a la cala. La presencia del hombre realza la belleza majestuosa del paisaje. La imagen resulta en verdad sublime, aunque también insidiosa. Algún espabilado la registra con el móvil y, en un alarde de cinismo, la comparte en Instagram haciendo propia la sabiduría de una vida escandalosamente humilde y en armonía con la naturaleza. En el mar en calma, amortiguados por el rumor de las olas que mueren en la playa, al pescador le llegan los gritos de júbilo de los niños. Pone su atención en la marabunta de la arena, en las parejas que pasean en la orilla, en los jóvenes que corren como estrellas fugaces hacia el agua. Entonces, como de costumbre, se lamenta por haber vivido tan cerca del paraíso y no haber sabido aprovecharlo.
Compañeros
El animal, rezagado por culpa de una cojera que delata su condición moribunda, ladra implorante a su amo, un jubilado que se detiene y apoya el cuerpo sobre su bastón unos metros por delante. El hombre, molesto por el expresivo lamento de esos ojos negros, por la impúdica debilidad de su fiel compañero, responde al vacío lo que puede:
—Que sí, joder, que ya te espero.
Portabilidad
―Pero, entonces, ¿por qué trabajas en una compañía así?
―Porque, Pablo, me gusta cuidar de personas como tú.
Estas palabras calan en su alma descreída. En menos de un mes ha hablado con una docena de teleoperadores, y por primera vez tiene la sensación de que alguien ―aquella joven atenta― está dispuesto a interceder por él en ese laberinto de la portabilidad, palabra horrible que ha hecho fortuna y se propaga entre los clientes de telefonía como la peste.
―Pablo, lamento lo que te ha pasado, pero te prometo que lo vamos a arreglar ahora mismo.
Y aunque ya se lo ha contado, animado por su voz confiada, da rienda suelta a su frustración. Está cansado de hacer llamadas en las que tiene que contar tres o cuatro veces ―una por cada operario con el que le pasan― su problema, del Departamento Técnico al de Casos Especiales y de ahí a Ventas, etc. Cansado de que, mientras los empleados se pasan su patata caliente, amortigüen la espera con una música que para él es como poner celofán a un trozo de mierda (aunque esto se lo ahorra a Ángela); cansado de que cada comercial le haga una oferta distinta; cansado de que le prometan que le van a contactar en breve y nunca se produzca la llamada; cansado de no saber a quién (coño) pertenece su (maldito) número de teléfono; cansado de conversaciones de una hora en las que, cuando todo parece llegar a buen puerto, la llamada se corta o un empleado (inútil) toma mal un dato y el proceso debe comenzarse de cero.
―Gracias, Ángela, has sido muy amable.
―Gracias a ti. No es habitual encontrarse con clientes tan educados como tú.
Se hace un silencio.
―Ángela, me encantaría conocerte.
Pablo no da crédito a sus propias palabras. No sabe cómo ha podido decir algo así. Ángela tarda en contestar.
―Me parece que estás loco… ¡pero sí, me encantará! —Y rompe a reír con una alegría dulce como una cereza.
—¿De verdad?
—Sí, sí, ¡sí! Pero antes de nada vamos a solucionar tu portabilidad. Responde cuatro preguntas al Departamento de Grabaciones y mañana tendrás instalada la fibra en casa… ¡Pero qué loco estás!
Pablo sonríe, feliz.
―Contesta las preguntas y hablamos de nuevo. Te conecto, espera.
Pi-pi-pi.
PI-PI-PI.
No, la puta alarma, no. A la mierda si llega tarde al trabajo. Se acomoda la manta y se concentra en imaginarse la belleza de Ángela, en saborear su voz cálida. Aquel laberinto lo estaba desquiciando, y ahora que por fin la vislumbra, no puede perder la oportunidad de alcanzar la salida.
* Pablo Echart (Irún, 1973) es catedrático de Humanidades en la Universidad de Navarra, donde imparte clase sobre guion cinematográfico y cine español. Ha publicado las monografías Cine dentro del cine. 50 películas sobre el séptimo arte (UOC, 2023) y La comedia romántica del Hollywood de los años 30 y 40 (Cátedra, 2005). Es autor de Volver (Triqueta Verde, 2023), ilustrado por Concha Pasamar. Acaba de aparecer su libro de microrrelatos Mirar el mar (Acantilado, 2026). Las narraciones que publicamos son inéditas.