Qué es la poesía - Manuel Rico
Sílex Ediciones. Premio Estado Crítico de Ensayo. Madrid, 2025
Manuel Rico (Madrid, 1952), licenciado en Ciencias de la Información, poeta, narrador, ensayista y crítico, publica el breve ensayo Qué es la poesía en la colección Qué es, una iniciativa de Sílex ediciones, definida por un claro propósito didáctico. En un presente de antologías y balances, marcado por las redes sociales y con un insólito despliegue de publicaciones poéticas, parece la hora justa de que aflore la capacidad meditativa del lenguaje y siembre consideraciones esenciales en torno a las razones del poema.
El poeta y crítico emprende la tarea con una sólida experiencia personal como autor. Su trayecto es un árbol de múltiples raíces. Personifica una fértil madurez creadora y así se confirma en la introducción, Prólogo a una aventura. Se trata de recuperar vivencias y regresar a los primeros encuentros con la lectura, punto de partida para afrontar el intimidante género de la poesía “una disciplina literaria que conmueve, emociona, y de modo tal vez inexplicable, nos ata de por vida a un universo minoritario y perturbador que en algunas ocasiones y por motivos muy simples, por ejemplo, gracias a la música de algún cantautor, se abre a públicos mayoritarios”.
El gusto personal comienza a formarse muy temprano, con las lecturas adolescentes y el muestrario decisivo que conforman las selecciones poéticas publicadas por Círculo de Lectores. El aprendizaje se va forjando poco a poco, en la naciente biblioteca personal y en las recomendaciones regladas del bachillerato. Dejarán en la memoria nombres inolvidables como Fray Luis de León, Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego. Todavía ese asombro madrugador mantiene exigencias humildes y el acto de escribir se vislumbra como un quehacer lejano e inalcanzable. Pero la primera cosecha de textos propios, nunca citada en la bibliografía del autor, reclama sitio, aunque permanece en silencio, callada y periférica entre la incontinente eclosión culturalista de los novísimos. La antología de Castellet marca el rumbo de los años setenta, donde la voz figurativa y realista ocupa un nítido papel secundario.
Será en la década de los 80 cuando Manuel Rico comience a publicar indagaciones teóricas en torno a la poesía y cuando se supere el monolitismo de la generación del lenguaje, en una etapa lírica marcada por el pluralismo y la diversidad. Sin embargo, el entorno familiar todavía permanece ajeno al hecho de escribir. Con criterio rasante y mayoritario, se considera la poesía como una actividad inútil, solo propicia al intimismo sentimental y pseudoburgués. En suma, una actividad creativa nada recomendable, ajena a la vertiente práctica vital. Pero el destino marca su azar y la vocación se ilumina con la grávida transparencia de Poemas escogidos de Juan Ramón Jiménez. De su poso lector nace la necesidad de escribir, la emoción imprecisa de lo que no tiene nombre, el vuelo del poema.
Manuel Rico recuerda algunas definiciones sobre poesía que han marcado la historia literaria. Entre ellas, las de Gustavo Adolfo Bécquer, Javier Egea, Gloria Fuertes, Antonio Machado o José Hierro. Son citas que convierten la esencia del poema en “una honda palpitación del espíritu”, en un proceso que, pese al empeño clarificador, nunca termina de perfilar su semántica conceptual. Como afirma, con lúcida palabra, el ensayista: “En la poesía, lo intangible, la perduración, la eternidad”. Es también tiempo significante, indagación en las grietas oscuras de la realidad y palabra en el discurrir, que alumbra y resplandece. Son pautas definitorias que muestran las cristalizaciones semánticas de la pregunta “Qué es la poesía”, respondida, siempre de manera tangencial, por autores de todas las épocas. El misterio perdura y eterniza la cuestión.
Otra reflexión de hondura, “¿Para qué sirve la poesía?”, impulsa una indagación de largo recorrido. En un momento social vinculado al pragmatismo y las exigencias materiales del mercado, la poesía queda fuera de la rentabilidad convencional, por más que conforme la genética más luminosa de nuestra condición humana. Responder a la cuestión ha merecido una apelación vigorosa entre los practicantes de la poesía social. La lírica es un instrumento verbal, capaz de poner luz en la verdad y en la belleza, que muestra los contraluces de la realidad y fortalece el compromiso y la conciencia social. Sin argumentos que subrayen su estar entre los valores del presente y las coordenadas que impulsan una era globalizada, queda la hermosa definición que Manuel Rico pone en boca de Anne Sexton: ”Mis admiradores creen que me he curado, pero no, solo me he hecho poeta”.
Queda una cuestión más a debatir: la convivencia entre lectura y escritura de poesía. Esa ruptura de tópicos como los que atribuyen a la poesía un carácter hermético, que aleja del mero acto de leer, y que exige lectores formados y con una sensibilidad especial, capaz de adivinar el sentido último del poema. Manuel Rico recurre a su experiencia personal y articula algunos consejos para la lectura de poesía, pero no hay un método único, ni los habitantes del libro conforman un conjunto único de hábitos similares. Cada sujeto tiene sus particulares parámetros de profundidad y desarrollo. De igual modo, escribir poesía encarna un proceso subjetivo y personal, ajeno a cualquier norma impuesta. Como afirmara José Hierro: “La poesía se escribe como ella quiere”. De ahí que sean hábitos creativos la imitación, el desborde sentimental, los estados anímicos o el aprendizaje en talleres reglados. Pero esas actitudes son meras plataformas de aprendizaje, pasos de la vocación literaria y la conciencia artística que llevan a descubrir la esencia del poema, su naturaleza interior, el formato preciso y la contenida exactitud rítmica.
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Establecida siempre la poesía como género minoritario y de circulación restringida, no parece extraño que el escritor se pregunte cómo superar las dificultades que evitan la llegada a una mayoría social. La falta de atención mediática, las ediciones restringidas y los mínimos circuitos convierten al itinerario del poema en “un país cerrado”. Son contadas las excepciones de largo recorrido. Manuel Rico recuerda a este respecto el quehacer ejemplar de los cantautores y su protagonismo en la difusión de algunos poetas del canon y su patrimonio poético. También recuerda el llamativo vacío de radio y televisión en torno a la poesía y la trivialización neopopulista generada por usuarios de redes digitales sin formación solvente. Sin embargo, el entorno digital también ha facilitado el encuentro de ámbitos literarios alejados y el nacimiento de abundantes proyectos, que han hecho posible un mejor conocimiento de la pluralidad de registros expresivos.
Aunque se mantienen las preguntas, Qué es la poesía es un ensayo ameno y necesario. Una cercana meditación desde dentro, de una presencia solvente, con larga experiencia como poeta, lector y crítico, que sabe que la poesía es misterio, revelación y memoria, raíz indescifrable de la felicidad.
*José Luis Morante es escritor y crítico literario. Su último libro es Viajeros sedentarios (La Garúa, 2025).