Trenviajeros

Trenviajeros - Javier Sáez de Ibarra

Editorial Menoscuarto. 2026.

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Les propongo un viaje en tren. Un tren algo especial en el que el revisor les entregue una maleta por si hace falta a lo largo del viaje. Un revisor que salude con las siguientes palabras: “En este tren no se decide nunca. Hay gran intensidad, en la cafetería, en los dormitorios. Por eso no se preocupe. Una vez un hombre puso, digamos, intencionadamente, la huella de su mano en el cristal, por dentro, y por fuera”.

Así comienza Trenviajeros, una novela de Javier Sáez de Ibarra, que publicó hace tiempo por entregas, como se hacía antaño. Ya había experimentado el escritor el mismo método con La vida económica de Tomi Sánchez, que apareció en papel en la editorial La Navaja Suiza. Trenviajeros está publicada por la editorial Menoscuarto.

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Los capítulos son cortos, página y media, y te sitúan de antemano en un inicio que me ha evocado a esa forma que tenía Kafka de introducirnos en una historia, en este caso el de hacer un viaje que de antemano sabes no va a ser un viaje normal. Me vino a la cabeza una novela corta del autor de la Metamorfosis, América, que sitúa a un joven llegando a ese continente en barco (otro viaje) y que nos presenta una América sui géneris, como hace Sáez de Ibarra con su tren: introduce una serie de elementos disruptivos para situar al lector. Estamos ante un viaje metafórico, porque un viaje normal no tiene tanto enigma. Ya el mismo título, en una sola palabra, Trenviajeros, nos anuncia una identificación, la vida es un viaje a donde quiera llevarnos el tren, aunque sea a ninguna parte. Las premisas están ahí: unos personajes que se encuentran, con motivos distintos, en el trenvida, por seguir con la propuesta. El protagonista es un ser acomplejado, anodino, que se sube al tren por motivos de trabajo. Nada más llegar, el jefe de estación le dice, como ya he comentado al principio: En este tren no se decide nunca.

A partir de esta premisa se inicia un viaje que dura un fin de semana y no se sabe a dónde, aunque se apunta que es un país extranjero, y el tren está equipado con bar, restaurante, biblioteca, salón de juegos, centro de comunicaciones, shopping, dos pisos, escaleras.  La vida fluye, con los encuentros y desencuentros, el amor y el desamor, el azar y los juegos, la frustración y las reflexiones, la filosofía, el tocar fondo, el replantearse y cuestionarse, el enfrentarse a otros… Y la urgencia por resolver el conflicto antes de que acabe el viaje.

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El protagonista nos narra en primera persona todo el mini universo de la vida que fluye a la misma velocidad que el tren por las vías. A través de esos capítulos nos va contando, como tema principal, una historia de amor. Amor desesperado, de encuentro y desencuentro, como la vida, como el azar, tan presente en la novela, no solo metafórico sino también con una partida de cartas: quien gane en ella marcará el rumbo de los acontecimientos.

Estamos ante una novela intensa, que se lee muy bien, aunque con distintas capas, con capítulos que, según avanza el libro, nos va planteando dilemas, sinsabores, reflexiones, como nos ocurre en la medida que vivimos y avanzamos o nos paralizamos para seguir avanzando. Y vemos cómo el protagonista, identificado con la voz del narrador, cambia. Pero para eso hay que tocar fondo y despojarse de inseguridades y egoísmos, único modo de llegar al amor.

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Hay varias cuestiones que me han llamado la atención:

El viaje a ninguna parte, a un destino incierto, y el azar como elemento que aparece en nuestras vidas y que nos empuja a una serie de acontecimientos, entre ellos nos lleva a conocer, en un tiempo y lugar, a las personas con las que nos relacionamos, a las personas de las que nos enamoramos.

El tiempo es el vertebrador de la historia de amor que ocurre en el tren. Es algo omnipresente: el tiempo del viaje, el tiempo pasado, el tiempo-vida, el tiempo de redención, el tiempo-fruto, el tiempo futuro, siempre abierto. El tiempo-reloj, perdido, escondido y finalmente hallado.

El protagonista tiene una libreta en la que apunta lo que le ocurre, sus pensamientos, su conocimiento, sin saber en realidad para qué le sirve. A veces le estorba, a veces quiere romperla, a veces la pierde, pero siempre vuelve a ella. Lo interpreté como la parte racional del protagonista, la observación de la realidad al margen de los sentimientos, una postura muy masculina, de una educación recibida en la que los sentimientos quedan arrinconados. Cuando el protagonista se da cuenta de ello y ve que no es así, se derrumba, tiene una crisis, necesaria en él para poder cambiar de actitud.

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Como es, a mi entender, una novela sobre la vida, las relaciones humanas, el entendimiento entre nosotros, el papel del azar y múltiples cuestiones más, decidí preguntarle al autor sobre todo ello:

Esta novela ha tenido un recorrido inusual: guardada en un cajón, publicada digitalmente por capítulos y ahora en papel. ¿Por qué decidiste que fuera así?

Las dos novelas aparecieron antes por entregas por motivos distintos. La última que escribí fue Vida económica de Tomi Sánchez y se publicó de esa manera por falta de editorial, por más que la moví inicialmente. Se la ofrecí a Antonio Jiménez Morato y la sacó en la revista digital 'penúltiMa'. Trenviajeros estaba escrita mucho antes, la hice para mí, con una escritura libre y la guardé. Sólo al cabo de muchos años pensé en publicarla. Se lo propuse a José Ángel Zapatero, editor de Menoscuarto, y aceptó. No hubo por mi parte jugar a una novela como antiguamente por fascículos, sí como experiencia personal, intenté escribir cada día un capítulo. Yo mismo me fui haciendo las entregas.

Háblame del título

El título apareció casi simultáneamente al empezar a escribir. Me parecía que unir dos palabras en una era más contundente y llamativo, más eufónico, además de jugar con la idea de que el viajero está íntimamente ligado al tren. La experiencia del tren es la del de un viaje en un tren que es un tren-ciudad.

¿Qué encuentras en la novela frente al cuento, sabiendo que este último es tu género favorito?

El cuento es la búsqueda de un asunto muy concreto. Siempre los escribo de una sola sentada, movido por un impulso o una pregunta. La novela requiere más lealtad a los personajes y a la historia misma, los tienes que acompañar. Como escritor, estás más en función de ellos, algo que no ocurre del mismo modo en el cuento. Los pones en marcha, a esos personajes, en una trama más extensa. Es más obsesiva también.

Hay, en esta novela, una Interconexión entre el tiempo, el azar o la vida.

El azar es fundamental en la vida humana, pero no tenemos que olvidar la idea de proceso, planes o proyectos. No se vive al puro azar, todo el mundo tiene un proyecto o deseo. El azar irrumpe sobre un camino que alguien busca. En el caso del amor, no conozco a nadie enamorado y en pareja en donde no haya intervenido el azar. Todos nos encontramos por azar con la persona amada, luego hay que trabajar esa relación, pero siempre es así. El proceso del enamoramiento de estos personajes es el resultado de combinar, como planteo en la novela, prejuicios y atracción, junto a la seducción y el dejarse llevar por el sentimiento que surge, una conciencia de la propia carencia y de la propia necesidad de encontrar un amor. Los dos personajes que se enamoran en la novela son muy distintos, cada uno con sus resistencias y prejuicios. Yo pongo el foco en cómo se inicia una relación amorosa. Lo que me interesaba plasmar en la novela es ese proceso.

El principio es de lo más enigmático, coloca al lector en una situación de extrañeza.

Intenté incluir un enigma desde el principio: un viaje que es extraño, con un tren inusual, más bien una mini-ciudad, sabiendo que después la novela va a seguir un proceso más natural; el tren es un enigma en sí, enorme, con zonas y compartimentos que no suelen darse en él normalmente. En ningún momento se indica adónde se dirige, salvo a un país extranjero, a través de un paisaje desolado y seco. Dentro de un abordaje realista de las relaciones personales, intenté introducir un punto enigmático para sacarlo de una lectura convencional. La actitud ante la maleta misteriosa marca el carácter de los dos protagonistas.

Hay dos elementos que aparecen en la historia, uno a lo largo de la narración y el otro en un momento puntual: un pájaro y una libreta.

La aparición del pájaro fue para mí una sorpresa. Surgió esa imagen y la escribí. Después tuve que justificarla. Descubrí que podía tener un sentido. Ella debe aceptar el fracaso como madre y tiene que situarse en relación con su hijo de otra manera, no todo está perdido. Hay una necesidad de transformación por parte de ella. Es el objetivo de su viaje, tiene un motivo muy concreto: encontrarse con su hijo y cambiar esa relación. El otro elemento es la libreta que lleva el protagonista masculino. Es un rasgo de su identidad. Hay un capítulo titulado “Yo, mi propia libreta”. Para él es una forma de querer atrapar lo real. Es un intento de registrar cada experiencia, hay una intención de querer retener el momento reflexionando sobre él. Pero capta instantes encapsulados que no revisa, con lo cual no llegan a tener un sentido. En el fondo se desconoce a sí mismo y la libreta no le está sirviendo. Quiere que le ayude para entablar una relación con la mujer, que está más allá de su control. Tiene que abrirse, sin embargo, le da mucho miedo, la libreta no le sirve. Es torpe, se equivoca una y otra vez. La libreta en la que toma notas es un intento fallido de conocimiento.

Háblanos del tren y el significado que tiene para ti.

El tren circunscribe una historia. Esta historia de amor, en la gran ciudad se hubiera diluido, en tanto que en un viaje en tren se concentra. Concita más potencia y más urgencia porque el viaje acaba y el conflicto es necesario resolverlo antes de que finalice. La cuestión del tiempo es esencial; ella lo descubre cuando abre la maleta de él y le hace saber que se le está escapando, que la oportunidad es ahora o nunca. Esta condición de la temporalidad es lo que él no quiere ver hasta que, al final, deberá asumirlo. Ella le ayuda a descubrir su vida.

Hay un capítulo en el que el protagonista entra en crisis, se derrumba.

Muchas veces el derrumbe lleva al conocimiento, puede haber una experiencia de derrumbe que no se aproveche, pero cuando te quedas desnudo y topas con tus limitaciones te puede ayudar a descubrirte a ti mismo y reaccionar. Uno sale siendo otra persona, ahí no te mientes, adquieres más sabiduría.

Háblame de los personajes secundarios que acompañan a los protagonistas.

Son muy distintos, basados en tipos de personas. Uno es el habilidoso, el tramposillo, el astuto que se acomoda. Hay otro que tiene miedo de todo lo que es nuevo. Otro que se bandea en los cambios y quien le aconseja que no deje escapar la relación con la mujer. Aparece también el joven, un poco comodín. Todos estos personajes sirven de contraste con los protagonistas.

La novela empieza de una manera y acaba de otra

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Ya saben, si quieren disfrutar de un viaje peculiar, donde la vida y el amor fluyen entre las vías y los compartimentos de un tren especial, lean esta novela. Empieza de una manera y acaba de otra, como la vida misma, en la que los hechos nos condicionan y van trazando distintos caminos en nosotros.

Javier Sáez de Ibarra ha ido consolidando una carrera literaria basada sobre todo en el cuento: El lector de Spinoza (2004); Propuesta Imposible (2008); Mirar al agua. Cuentos plásticos (2009), con el que ganó el I Premio Internacional Ribera del Duero; Bulevar (2013), XI Premio Setenil; Fantasía lumpen (2017) y Un réquiem europeo (2024).

*Carmen Peire es escritora. Su último libro es 'Mapas de asfalto' (Menoscuarto).

Trenviajeros - Javier Sáez de Ibarra

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