"Llegué muy bien a este Madrid tan bonito y tan bello como siempre y encontré perfectamente mi cuarto y mis amigos de la Residencia (...) Os ruego que me mandéis el importe de la matrícula, 180 pesetas, para comprar los libros, que son caros, y yo os mandaré las cuentas como ahora con lo que he comprado pues quiero y estoy dispuesto a que sepáis todo cuanto hago, compro y pienso".
Este que escribe es el Federico hijo, el más íntimo y cotidiano, en una carta dirigida a sus padres desde la Residencia de Estudiantes en el otoño de 1920. Una de las muchas que el poeta y dramaturgo, futuro mito de nuestras letras, intercambió con sus progenitores, don Federico García Rodríguez y doña Vicenta Lorca Romero, desde 1910 hasta su asesinato a manos de los fascistas en 1936.
Una de las más de doscientas misivas reunidas en No te olvides de escribir. La familia Lorca en sus cartas (Akal, 2026), un volumen que nos permite conocer al autor desde una perspectiva distinta, pues consigue hacernos sentir como "invitados en la casa de la familia García Lorca". "Así podemos asistir a las conversaciones que hay ahí, especialmente entre Federico, sus padres y también sus hermanos", resume a infoLibre el editor, Víctor Fernández.
Un intercambio de pareceres mantenido a lo largo de los años, mientras Federico se va convirtiendo en Lorca casi diríase que carta a carta, correo postal mediante, y que en el caso de este título se extiende todavía más allá de su muerte, hasta 1947, haciéndonos así partícipes del dolor de una familia empujada al exilio forzoso para salvar su propia vida y tratar de lidiar con el imposible duelo de la terrible pérdida a manos del fascismo.
Con material en algunos casos inédito obtenido de fuentes diversas, se crea así una especie de chat de WhatsApp familiar de esos que tenemos ahora todos, con la fortuna de que, este sí, quedó escrito negro sobre blanco en papel y no fue a parar a la papelera para liberar espacio —ya hablaremos en otro momento del problema documental que ya provoca que todo sea digital—, por lo que pudo ser convenientemente archivado para la posteridad.
"Hablamos de una generación que escribía mucho", apunta Fernández, quien también destaca la suerte de que la familia fuera "muy cuidadosa al conservar documentos". "Esto es único, tal vez con la excepción de Jorge Guillén, del que se acaban de publicar las cartas de él a su hija, pero no las de su hija hacia él. No conozco otros casos de escritores, por ejemplo de la misma generación del 27, con este volumen de correspondencia entre familiares, con tantas cartas enviadas y recibidas", remarca.
Además de esta excepcionalidad, señala el editor que otra de las "virtudes" que tiene este epistolario es que nos permite "asistir al nacimiento de un escritor" desde sus inicios más modestos, desde la niñez prácticamente, pues la primera misiva la escribe con apenas once años. Al mismo tiempo, esta lectura "humaniza mucho" a Lorca, pues antes de ser "una estatua de mármol en una plaza fue una persona con los problemas de los chicos de su edad y que no lo tuvo fácil para dar a conocer su obra".
"Las cartas reflejan eso y nos permiten ver a Lorca en zapatillas, escribiendo a sus padres desde la Residencia de Estudiantes diciendo que pasa frío, que la estufa no va bien, que por favor le envíen dinero, que necesita comprarse ropa... lo normal de un chico que se va a estudiar fuera. Y, por otro lado, están también las cartas de la madre preocupada que le pregunta si está todo bien y que le pide que le cuente a quién le da sus manuscritos", relata el editor.
No falta en este intercambio postal el padre que quiere que su hijo estudie una carrera respetable, Derecho en este caso —su hermano Francisco tuvo una trayectoria muy importante como diplomático—, a pesar de que este, aún con el lógico miedo a defraudar a los suyos, está más interesado en "construir su propia carrera literaria". Un padre que "no termina de ver con buenos ojos que su hijo sea escritor", por lo que quiere que se saque la carrera y luego "escriba y se dedique a lo que quiera", a pesar de lo cual es quien paga las primeras ediciones de sus primeros libros.
No conozco otros casos de escritores, por ejemplo de la misma generación del 27, con este volumen de correspondencia entre familiares, con tantas cartas enviadas y recibidas
Mucho más volcada en el apoyo a la vocación literaria de Federico —que llegó después de la musical— se muestra en todo momento su madre Vicenta, "la primera lectora de todos sus manuscritos". Algo no tan extraño si conocemos el contexto: "Ella había sido maestra de escuela en Fuente Vaqueros y leía Víctor Hugo en voz alta a los vecinos. Con el tiempo, ella es su primera lectora y la primera en preocuparse por saber dónde va a entregar los manuscritos, a qué editorial, a qué revista. Yo diría que tiene incluso un papel parecido al de una agente literaria moderna".
A medida que Federico va ganando fama y conociendo el mundo, se convierte también este epistolario en una especie de crónica de viajes de Nueva York, Cuba o Buenos Aires, ciudad esta última donde disfruta de un éxito teatral monumental que le supera y que con indisimulado orgullo trata de transmitir a sus padres. "A nivel editorial, Romancero gitano iba ya en 1936 por cinco ediciones, que es todo un récord para un libro de poemas. Pero es en Argentina donde empieza a tener gran éxito teatral", explica Fernández.
"Es a partir de ese momento cuando el padre se da cuenta de que igual no lo está haciendo tan mal el hijo", comenta divertido el editor, recordando que Lorca entonces "llenaba teatros como conferenciante". "Es como si Antonio Banderas hiciera una gira solo llenando teatros. Un fenómeno de masas, no puede salir a la calle porque tiene gente por todas partes que le pide charlas, firmas de libros, etcétera. Y, claro, eso se traduce en que económicamente, por fin, la cosa funciona", señala.
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Fruto de años de trabajo de arqueología documental, lleva esta obra a preguntarnos si queda algo más por aparecer de Federico García Lorca. "Lo cierto es que todos los años aparece algo y es como un acontecimiento, aunque sea una anotación en una servilleta", indica Fernández, quien se atreve a vaticinar que "vamos a tener todavía más sorpresas". "No estoy diciendo que mañana se vaya a publicar un epistolario inédito o algo así, pero por ejemplo hay cartas que se han perdido y soy optimista con que algún día aparezcan", resalta.
Y todavía continúa: "El año pasado publiqué en mi periódico —La Razón— cuatro o cinco cartas de Lorca a un chico que habían aparecido por casualidad después de la muerte de este señor, que no había dicho nada a su familia. O sea, que puede ser que aparezca algo, que haya alguna carpeta debajo de la cama todavía o que haya algún manuscrito en un fajón. Es muy fácil que ocurra eso. Lo que no va a aparecer son materiales literarios de peso, aunque ojalá haya una sorpresa, porque hay mucho perdido".
Por ejemplo, recuerda para casi terminar que el manuscrito de Bodas de sangre está "perdido", por lo que podría aparecer. "Y hay un archivo inexpugnable que señalo en el libro, el de Rafael Martínez Nadal, que está en Londres. Él era el amigo y confidente de Lorca y nadie sabe qué hay allí. Martínez Nadal publicó un libro que se llama Mi penúltimo libro sobre Federico García Lorca y decía que tenía material para un último", concluye.
"Llegué muy bien a este Madrid tan bonito y tan bello como siempre y encontré perfectamente mi cuarto y mis amigos de la Residencia (...) Os ruego que me mandéis el importe de la matrícula, 180 pesetas, para comprar los libros, que son caros, y yo os mandaré las cuentas como ahora con lo que he comprado pues quiero y estoy dispuesto a que sepáis todo cuanto hago, compro y pienso".