Tras lo vivido

Vuelo hacia dentro

Dionisia García (prólogo de Consuelo Ruiz Montero)

Editorial Libros del Aire (Cantabria, 2022)

La experiencia literaria de Dionisia García (Fuente Álamo, Albacete, 1929), en su pluralismo y diversidad, está marcada por la poesía como piedra de toque. Así se constata en Atardece despacio, volumen que acoge el cuerpo poético completo; una producción contundente, que compila más de cuatro décadas de escritura. Es el balance de una entrega incansable, que aún prosigue, si nos atenemos al abanico de poemas de Mientras dure la luz (2021).

Pero la mirada creadora deja sitio al aforismo, estrategia expresiva capaz de penetrar el epitelio del ser y mostrar su textura más humana. En el laconismo sapiencial queda expuesto el núcleo interior que aglutina incertidumbres y angustias, ideales y ceniza, recuerdos y la hermosa desnudez de la esperanza. La dicción minimalista se hace meditación y memoria. Indaga en el patrimonio de la sensibilidad. Alumbra una identidad en el tiempo. El presente esconde la frágil verdad del existir, la advertencia intacta del tránsito. El yo es un pasajero fugaz del transcurrir y así lo constatan, en términos literarios, las sucesivas entregas de aforismos Ideario de otoño (1987), Voces detenidas (2004), El caracol dorado (2011) y El hilo de la cometa. Antología esencial (1987-2011), balance personal con selección y prólogo de la aforista, crítica y ensayista Carmen Canet.

Del itinerario aforístico de Dionisia García se nutre Vuelo hacia dentro, una selección que moldea con las teselas de la brevedad una manera de estar. Día tras día, el tiempo expande imágenes y símbolos cercanos, perfila contrastes, presenta la realidad como una ficción narrativa que construye espejismos en el horizonte y ubica en el pensamiento la ventana abierta de la incertidumbre. El lenguaje del existir tiene la cadencia de un canto polifónico. Y así lo manifiesta la fuerza ordenadora de este conjunto de casi seiscientos textos breves, donde a juicio de Consuelo Ruiz Montero, Catedrática de Filología Griega de la Universidad de Murcia, resalta un incansable diálogo con la naturaleza y el clamor palpitante de la propia travesía vital como camino de aprendizaje y veta profunda de enigmas y lucidez. El yo no tiene más estrategias que la reflexión y la interiorización de una realidad transcendida, que se vislumbra auroral y estética, dispuesta a la construcción continua de un universo mudable.

El aforismo deviene claridad y espera, busca el umbral del entendimiento: “Escribir es estar al acecho de lo probable”, “La pasión por la escritura va con la vida, si ésta lentece el impulso se agosta”. Con aparente ligereza, las evidencias muestran pacientes su telaraña relacional con el sujeto verbal. Toca descubrir desde la percepción ese entorno natural que propaga enclaves para la imaginación y para la búsqueda de sentido de una realidad tangible. Quien se asoma a lo diario, se afana en preservar su misterio: “No me gusta leer a filósofos que lo tienen todo claro”, “Si desechamos las ideas difíciles de comprender, y no insistimos en ellas, corremos el riesgo de quedarnos en blanco y tener que volver a empezar”, “Nuestro caminar, de un solo recorrido, es cercenado por banalidades, controversias, espacios perdidos. ¿Qué nos queda?”.

La memoria cultural se convierte en un claro del bosque, repleto de referencias que propician con su rescate estados de ánimo próximos a la evocación y la nostalgia. Dionisia García muestra un cúmulo de experiencias lectoras que invitan al balance: “Shakespeare se defiende como puede en esta época, porque estamos en otra cosa”, “Montaigne ha pasado todas las revisiones con excelencia. En estos años ha quedado para las citas”, “Charles Dickens es ese autor que tenemos en el “cuarto de atrás”, y lo aireamos de vez en cuando para nuestro bien” o “Antonio Machado es un surtidor inagotable. A él vuelvo de vez en cuando para refrescarme”.

Los aforismos de Dionisia García integrados en Vuelo hacia dentro avanzan con mirada múltiple. En su vocación indagatoria disciernen sobre la riqueza de matices interiores y externos que a diario percibe el camino existencial. En el fluir de la conciencia hay una sensación de madurez y culminación de destino, la serenidad de haber llegado, siempre con incertidumbres, tanteos y dudas, y consciente también de nuestra condición efímera: “Desde que somos conscientes de nuestra finitud, alojamos su realidad y ensombrecemos el camino”, “Tener la maleta hecha no está de más”. La selecta aforística de Dionisia García ensancha senda cívica, constata plenitud y conocimiento, la palabra viva que levanta el ánimo y agradece “la caricia de ser”.

José Luis Morante, autor del libro de aforismos 'Planos cortos' (Trea, 2021).

Para releer a Ana María Matute

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