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Festival Eñe

Las madres literarias a las que nadie pudo matar

La poeta Ángela Figuera (1902-1984).

Se nombra a Ángela Figuera, Carmen Conde, Francisca Aguirre, Aurora de Albornoz, Alfonsa de la Torre, Concha Méndez... conscientes de que pocos conocerán sus nombres. Se leen sus poemas, se las enseña y se las descubre. Las poetas y editoras Ana Rossetti, Marta Porpetta, María Sotomayor y Elena Medel —reunidas en torno a la mesa redonda Cien de cien por el festival literario Eñe, celebrado en Madrid este viernes y sábado— están recordando a sus madres. Unas madres literarias apartadas de sus hijas poetas y lectoras, prácticamente borradas de la historia. "Se nos está escamoteando una genealogía muy importante. Nosotras, para matar a la madre, primero tenemos que conocerla", protesta  Rossetti. 

Porque padres hay muchos. Durante la charla, celebrada el viernes por la noche en un céntrico hotel madrileño, se nombra a Juan Ramón Jiménez, a Vicente Aleixandre, a José Hierro. Nadie tiene que aclarar quiénes son o qué escribieron. Es fácil encontrar sus obras, los editores se pelearían por publicar un inédito suyo y sus poemas pueden encontrarse en innumerables antologías. Todas pobladas, de hecho, por hombres.

Sería sencillo deducir que la ausencia de mujeres en estos volúmenes, que pretenden retratar el tejido poético de un cierto momento, la falta de estudios universitarios sobre ellas, la escasísima presencia de sus obras en los libros de texto obedece solo a una cosa: no eran buenas. Las cuatro autoras denuncian el simplismo de esa deducción. Si no se las toma en cuenta, es por machismo. El de entonces —"Obviamente, en una antología de posguerra, cuando las mujeres no podían ni trabajar fuera de casa no iban a meter a una mujer", dice Sotomayor— pero también el actual. 

"Siendo ellas intelectuales, se casaron con intelectuales y dejaron de ser ellas como personajes para ser 'mujeres de", apunta Rossetti. La poeta Francisca Aguirre, Premio Nacional de Poesía en 2011, fue mujer de Félix Grande. "Como poeta, no tiene nada que envidiarle a su marido", aseguran las autoras. Sin embargo, ella es mucho menos conocida. Las autoras de los cuarenta, cincuenta, sesenta, se vieron asfixiadas en la misma medida que las demás mujeres por un machismo institucionalizado por el régimen. Era frecuente que dejaran la escritura para atender a sus hijos, y más frecuente aún que se las identificara como parte del círculo de sus compañeros de generación antes que como creadoras. 

Pero es el machismo actual el que las sigue condenando al olvido. Elena Medel desgrana la ausencia de mujeres poetas en los principales premios del país. Cinco galardonadas con el Premio de la Crítica entre 1964 y 2010. Dos mujeres poetas premiadas con el Nacional de Literatura entre 1925 y 1973. El Nacional de Poesía, creado en 1977, no reconoció a ninguna mujer hasta 2003 (Julia Uceda), y desde entonces lo han ganado cuatro. La lista de ausencias se extiende, y con ella la creencia de que las poetas no igualan a sus pares.

La poeta Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras

La poeta Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras

De hecho, el pasado julio, el editor Chus Visor (Visor Poesía), uno de los más influyentes del país, aseguró que "la poesía femenina en España no está a la altura de la otra, de la masculina" en una entrevista para el suplemento El Cultural del diario El Mundo. Unas 400 figuras de la cultura firmaron entonces un manifiesto contra el editor por sus declaraciones, y Elena Medel decidió crear un blog en el que recoger 100 poemas de 100 autoras del siglo XX. Ese blog da nombre a la charla y amenaza con convertirse en una antología de próxima edición en La Bella Varsovia, sello de la poeta. "No he publicado ni un solo poema malo", asegura Medel. Están María Victoria Atencia (Premio de la Crítica, entre otros), María Beneyto (Premio de las Letras Valencianas y de la Crítica en Poesía Catalana), Rosa Chacel (Nacional de las Letras)... Su índice de autoras es un compedio de olvidos incomprensibles. 

O no del todo. Sigue siendo difícil editarlas, aún hoy. Los sellos prefieren publicar una antología de un poeta de los cincuenta conocido que de una poeta desconocida y de igual calidad. Los herederos de los derechos de las autoras con frecuencia desconocen el valor de los escritos de sus familiares. Carecen de prestigio, señala Rossetti, solo por ser mujeres. Medel resume elocuentemente la situación: "Es muy barato comprar primeras ediciones de libros escritos por mujeres". Ella misma colecciona una pequeña biblioteca son un esfuerzo económico minúsculo en comparación a lo que costaría hacerlo con sus coetáneos masculinos. 

"Poco a poco, "dicen. Por ahora, las cuatro editoras evangelizaron a las más de 30 personas reunidas por la mesa redonda. La inmensa mayoría, mujeres. Muchas tomaban nota de los nombres que desconocían, como si les dieran señas del paradero de sus madres.

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