Ni en el show de Rosalía, ni en The Killers: los fotógrafos de conciertos, una profesión en riesgo de extinción

El cantante de The National, Matt Berninger, rodeado por fotógrafos en el WiZink Center en octubre de 2023.

Faltaban apenas dos horas para que empezara el primero de los cuatro conciertos de Rosalía en Madrid cuando los fotógrafos recibían la confirmación que estaban temiendo: ninguno iba a estar acreditado y ninguno iba poder cubrirlo. Más allá de la falta de tacto de tener a los profesionales esperando hasta el ultimísimo momento —las 18:30 del lunes 30 de marzo—, venía esta decisión a hurgar en una herida ya abierta desde hace tiempo entre los artistas, los promotores de la música en vivo y los fotoperiodistas.

Porque, por supuesto, no ha sido el equipo de Rosalía el primero en no permitir que hagan su trabajo los reporteros gráficos—a los que incluso se les había pedido un portfolio personal días antes para valorar sus peticiones, algo para nada habitual—, pero convengamos que se ha convertido en un caso sonado por la figura de la que estamos hablando. Desde la promotora, por cierto, se solventaba el asunto contratando a una única fotógrafa oficial, que se encargaría después de pasar las mismas seis imágenes a todos los medios —por eso son iguales miremos donde miremos—, con lo que tiene eso de mirada única, uniformidad, control de la información y hasta libertad de prensa.

"Yo iba a cubrirlo por un medio y nos dijeron que igual podían hacer una excepción y revisar la solicitud. Me pidieron ese portfolio pero, efectivamente, a las seis y media de la tarde nos dijeron que muchas gracias pero al final no podían acreditar a nadie", relata a infoLibre la fotógrafa Virginia Barbero, lamentando además que esta sea una práctica cada vez más recurrente: "Incluso diría que es habitual que a veces no den pases a ciertos medios grandes o agencias que han estado toda la vida. Y ocurre que hay veces que no dan pase a nadie y simplemente mandan las mismas fotos a todos los medios, como Rosalía".

Una decisión inesperada, por cierto, pues nunca se había producido en sus giras anteriores, sustentada en esta ocasión en las "particularidades técnicas y de producción del evento" y que, aunque pueda defenderse por ser un recital privado, tiene muchas más aristas relacionadas con el derecho a la información en forma de crónica gráfica de uno de los conciertos del año. Grupos de influencers, por supuesto, sí había y en redes sociales han mostrado sus vídeos nada informativos. Qué cosas más desconcertantes pasan.

A lo mejor no así tan crudo, pero esto que ha ocurrido con Rosalía nos ha pasado más veces y nos volverá a pasar con el siguiente que venga, la dinámica es así

Ricardo Rubio

"A lo mejor no así tan crudo, pero esto que ha ocurrido con Rosalía nos ha pasado más veces y nos volverá a pasar con el siguiente que venga, la dinámica es así", destaca a infoLibre el fotógrafo Ricardo Rubio, para quien "este cachondeo hasta el último momento" ha provocado un enfado especialmente fuerte en el gremio. Y eso entendiendo que seguro que la promotora ha intentado acreditar a los fotógrafos hasta el último momento: "Pero alguien tendrá que decirle a la oficina de Rosalía o quien sea 'yo no puedo tener a un montón de profesionales de primer nivel esperando a saber si la artista se levanta con el pie derecho o el izquierdo de la siesta'. Si no se puede, no se puede, pero dilo antes y a otra cosa".

Centra entonces Rubio su crítica a la solución de poner un único fotógrafo oficial, haciendo una comparación con la política: "Si el PSOE, el PP o el gobierno de turno te dijera que a un acto solo acude su propio fotógrafo, que a veces lo hacen y se les critica mucho, no podrían aguantar esa crítica constantemente, porque si solo está su fotógrafo se está manipulando la realidad. Aquí estamos hablando de prensa, no de hacer un book a un artista o un político que tenga que salir de una determinada manera y te paguen por ello. Aquí estamos hablando de cubrir conciertos que son noticia y si no tienes diferentes miradas pierdes riqueza. No habrá distintos puntos de vista y estará solo el de su oficina o el que la gente que lleva su imagen quiere que sea".

Y todavía continúa: "Esta es una batalla que tenemos que seguir peleando hasta que se den cuenta ellos mismos de que su imagen está bien cuidada en nuestras manos en medio de esta marea de gente que sube fotos de todo tipo sin parar a las redes sociales. Mira por ejemplo la cantidad de fotos que hay de los Beatles o de Bruce Springsteen, nada que ver por ejemplo con Bruno Mars que nunca deja hacer fotos en sus conciertos y esto seguro de que no nos dejará en los de julio. Habrá muchas fotos de los asistentes, que luego se perderán, por eso esto hay que dejarlo en manos de profesionales para que hagan una buena foto y una buena crónica. Porque estoy seguro de que detrás de los fotógrafos vienen las crónicas, porque no solo quieren controlar la fotografía. Si pudieran controlar la crónica, en el futuro lo harán. A nosotros muchas veces nos piden ver las fotos que hemos hecho antes de aprobarlas para publicarlas. ¿Te imaginas que hicieran eso con los redactores y les pidieran leer las crónicas antes?"

En ocasiones hay contratos leoninos o más bien ridículos. Hay que alzar la voz en esos casos y negarse a hacer fotos

Alfredo Rodríguez

Incide en este asunto la también fotógrafa Salomé Sagüillo al recordar que es relativamente habitual que los artistas medianos y grandes lleven sus propios fotógrafos, lo cual es "genial porque da trabajo en el sector", siempre y cuando no actúe como ese "filtro" o "excusa" para no acreditar a los demás, pues eso ya no estaría respetando la libertad editorial y creativa: "Si distribuyes cinco únicas fotografías estás homogeneizando la imagen, que también es un discurso, una forma de ver, una línea editorial en muchos casos y una línea personal en general. Ahí se está limitando la propia voz del fotógrafo y de lo que es el medio. Y darle singularidad a los medios al final también es lo que hace que sus públicos se decanten más por uno o por otro, hace que a la gente le guste más una revista o una web que otra".

Ante estas trabas para ejercer el periodismo, quizás la respuesta debería ser directamente no publicar nada sobre el concierto de turno pero, sin embargo, en lugar de defender a los fotoperiodistas la mayoría de los medios de comunicación termina pasando por el aro de todos estos artistas, aceptando esas dichosas imágenes oficiales o tirando de fotografías de archivo que claramente devalúan la calidad de la información. "El trabajo de los fotógrafos está totalmente devaluado, sin duda, parece que no le importa a nadie", afirma tajante a infoLibre el también fotógrafo y director de Musicazul, Alfredo Rodríguez, resumiendo así el sentir generalizado en una profesión cada vez más arrinconada, que hace frente a multitud de problemas relacionados con la precariedad, el intrusismo y la minusvaloración de un trabajo periodístico esencial para retratar y difundir la cultura que nos da identidad como sociedad. Que cada vez haya menos medios musicales, claro, también colabora con el desastre.

Detrás de los fotógrafos vienen las crónicas, porque no solo quieren controlar la fotografía

Ricardo Rubio

Estamos hablando, concretamente, huelga recordarlo, de la fotografía en conciertos, si bien es verdad que todo lo hasta ahora dicho vale para todos los ámbitos de este oficio. Porque en tiempos de pantallas, en los que cualquiera se considera a sí mismo fotógrafo, debería ser al contrario, pero lo cierto es que los profesionales de la imagen parecen ser los menos importantes en la industria de la música, un mal necesario, un incordio molesto para multitud de artistas como, por ejemplo, The Killers, "que desde hace muchos años llevan su propio fotógrafo", apunta Rodríguez. Pero no son en absoluto los únicos, pues hay otros muchos que "no acreditan o restringen" el acceso: Bob Dylan, Bryan Adams —también él mismo fotógrafo, para más escarnio—, Marilyn Manson —que vetó también a redactores en su reciente última visita—, Ben Harper, Rufus Wainwright... Los casos son innumerables y tienden a infinito: también Ozzy Osbourne prohibió hacer en su último concierto en Madrid en 2018, Guns n' Roses (que también tienen su propio fotógrafo) directamente no acreditaron a nadie para su show en Barcelona en 2025 y Gracie Abrams hizo toda su última gira con un único fotógrafo de Getty. Y más que no han permitido recientemente el acceso a fotógrafos: Radiohead, Lady Gaga, Beyoncé, Kendrick Lamar, Billie Eilish, Dua Lipa o Blackpink.

Un medio no te hace toda una reseña a través de fotografía, aunque algunos sí le dan mucho peso y hacen galerías amplias. Pero en general siempre se ha visto como algo que acompaña, y ese es parte del problema

Salomé Sagüillo

En este punto, Sargüillo destaca una cuestión nuclear en todo esto, que es que "la fotografía casi siempre se ve como aquello que ilustra lo que otros escriben". "Un medio no te hace toda una reseña a través de fotografía, aunque algunos sí le dan mucho peso y hacen galerías amplias y demás, pero en general siempre se ha visto como algo que acompaña, y ese es parte del problema. Quizás sí que ha habido cierta devaluación en ese sentido. Creo que los redactores están más salvaguardados, por lo menos actualmente", plantea, al tiempo que señala que antes de la pandemia sí que era lo normal que se les acreditara siempre "o no hubiera cosas raras". "Ahora sí que te encuentras varios al año, aunque tampoco muchos, que no acreditan y también es habitual que cada vez haya más restricciones", apostilla.

Entre esas restricciones que limitan el trabajo de los profesionales resalta Rodríguez "lo típico de 'las tres primeras canciones sin flash' desde el foso delante del escenario, si bien también hay algunos, añade, que autorizan una o dos canciones u "otros que te sitúan en el FoH" (esto es, en el control técnico del concierto que está entre el público). "El foso al final es una selva", tercia Barbero, explicando que en alguna ocasión se ha visto en la situación de que dividan a los reporteros gráficos en dos grupos para que se repartan el tiempo y hagan sus fotos en "una canción y media". "A veces es un tema y te vas o 20 segundos y te piras. O lo de todos a la izquierda, todos a la derecha, dos grupos divididos, cuatro haciendo el pino", agrega Sagüillo.

Es un tema complicado. Nos podríamos pasar toda una tarde entera discutiendo sin llegar a ningún sitio, simplemente desahogándonos

Virginia Barbero

"También hay muchas salas que no tienen foso y te tienes que estar pegando con una niña que lleva 15 horas esperando para ver a su cantante favorito, con lo cual le dices 'yo voy a hacer las fotos que tu misma te vas a poner de fondo de pantalla, déjame hacer mi trabajo y ya te dejo ver el resto del concierto'", vuelve a remarcar Barbero. Y toma la palabra Rubio: "Muchas cosas han cambiado en general a peor. Antes podías hacer el concierto entero hasta que te cansabas. ¿Eso que significa? Pues que hay fotones icónicos que se dan en la última media hora, cuando el artista se ha metido en el show. se baja al público, se pone la camiseta al Atlético de Madrid, como hizo Madonna en el Vicente Calderón en 1990. Hay fotos realmente buenas de compañeros nuestros que trabajaron mucho en los 80 y los 90 porque te podías quedar todo el concierto. Las mejores fotos no se dan en la primera canción ni en la segunda, a no ser que haya una serie de elementos en el inicio, como que esté la televisión, que es cuando los artistas lo saben y posan, pero es todo más artificial".

Otro asunto peliagudo es el de los contratos por derechos de imagen que los fotógrafos se ven obligados a firmar en multitud de ocasiones, incluso sin previo aviso en la puerta misma del recinto de turno, sin haber sido avisados al ser acreditados. "En ocasiones hay contratos leoninos o más bien ridículos. Hay que alzar la voz en esos casos y negarse a hacer fotos", afirma Rodríguez, mientras Barbero asegura haber "visto bastante" esta práctica, "mucho más en festivales". "Son, además, contratos que siempre me dejan con la duda de hasta donde está el marco legal suyo en nuestro país, porque si el contrato se hace en bases legales de Canadá, por ejemplo, y las fotos que se han hecho en España, a nivel legal es como un poco raro", señala la fotoperiodista.

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Coincide Rubio con esto último, pues muchas veces los profesionales se ven discutiendo entre ellos si ese contrato "vale para algo o no", principalmente en el caso de artistas internacionales con un marco legal distinto al español. "Pero las oficinas los sacan para que lo firmemos, y si no lo firmas no entras", continúa el fotógrafo, explicando que las cláusulas suelen ir en la dirección de "cederles las fotos gratis si las quieren, que puedan revisarlas antes de publicarlas, que no puedas utilizarlas en redes sociales ni para nada diferente a lo que has ido a hacer en el momento del concierto". "A veces, en el trasfondo de los contratos se ve como si nosotros nos estuviéramos forrando haciendo fotos de conciertos, que es ahora mismo lo que menos dinero da de esta profesión. Nosotros ganamos dinero haciendo política, haciendo otro tipo de cosas que no es música. Casi los que hacemos música la hacemos más por vocación que a cambio de dinero. De hecho, hay mucha gente en las colas para entrar a trabajar a los conciertos que incluso no cobran", explica el fotógrafo.

Todo esto ocurre a la hora de cubrir unos eventos musicales para los que, da igual el tamaño que tengan, siempre se quiere contar con la prensa para promocionarlos, ya sea a través de noticias, entrevistas, ruedas de prensa, artículos... Una vez llega la fecha del concierto parece que todo eso se olvida y, como apunta Rubio, "hay muchas posibilidades de que cuando en octubre lleguen los conciertos de Shakira nos digan que nos vayamos a 200 metros a hacerle una foto, o que directamente no nos quiere". "Ellos te llaman para hacer la promoción, y luego ya veremos, a lo mejor no te dejo que vengas a hacer al artista. Porque el artista tiene la potestad de decidir si tú haces o no haces. Y eso es, desde luego, cercenar la libertad de prensa y la libertad de expresión de la gente a la hora de publicar una foto u otra", asegura.

"Creo que somos como lo último de lo último de la cadena", afirma Barbero, para quien este es un tema tan complicado que "nos podríamos pasar toda una tarde entera discutiendo sin llegar a ningún sitio, simplemente desahogándonos". "Yo también puedo entender que una banda o un músico no quiera ser fotografiado, lo que pasa es que es incomprensible en un mundo donde están las redes sociales y cualquiera puede hacer una fotografía. ¿Y los fotógrafos no?", lanza Sagüillo a modo de pregunta retórica para que, una vez dicho todo lo anterior, cada cual saque sus propias conclusiones.

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